viernes, 1 de junio de 2012

EL REY ESCORPIÓN – VIVE LIBRE; MUERE EN PAZ

Afiche foráneo de EL REY ESCORPIÓN.
Divirtámosno haciéndola, parecía su
consigna
Entre los valores del filme de CHUCK RUSSELL merece destacarse que carece de pretensiones. Persigue unos fines concretos y, obtenidos, con ellos rinde un excelente servicio. Cuenta con la suficiente calidad y elegancia como para salvarte tardes de tedio o veladas en la que la programación de las distintas cadenas conspiró para no ofrecer sino bodrios.
Además, su elenco posee una pátina de virtudes, belleza o simpatía que se granjea pronto nuestro aprecio. No hay tantas producciones que puedan acaparar semejantes valores en su haber. Por supuesto, por su mundanidad (El Rey Escorpión son ochenta minutos de forzudos medio en cueros, atractivas beldades con igual fetichismo en el vestir, vibrantes duelos a espadas y algún fenómeno sobrenatural para dar relieve al relato), la película puede haberse visto degradada lo suficiente como para no contar de sitial en los Excelsos Salones del Cine Puro de marras.
Pero conviene precisar que quienes la minusvaloraran rara vez encuentra algo bueno. Siempre buscan la Película Perfecta, esa combinación de aburrimiento y estilismos nórdicos que defienden con palabras gigantescas cuya resonancia nos deja sonados. Bueno, es su opción. Se les agradecería que nos dejaran a los demás gozar de la nuestra.
Un malo poco convencional en la iconografía barbárica:
MEMNON (STEVEN BRAND), departiendo con su estado
mayor cómo conquistar el mundo
Otro de los aciertos de El Rey Escorpión (que sin embargo se apunta un tanto negativo con la BSO) es la figura del malo, MEMNON (STEVEN BRAND), que desafía esquemas de lo que suele ser el villano de la espada-y-brujería, donde o es un déspota descerebrado y sádico, pero cobarde, un hechicero con un evo de años de edad que atesora un conocimiento/poder luego inútil contra el acero desnudo blandido por el incivilizado y musculoso protagonista, o un espadachín con posibles mas cuya mezquindad lo hace digno de la muerte que le brinda el héroe.
Y una maravillosa belleza para enriquecer el
metraje: KELLY HU como LA HECHICERA.
En u capacidad para ver el futuro centra
Memnon sus conquistas
Memnon ha ascendido desde el anonimato dentro de su horda hasta llegar a ser rey. Resaltando esto, estamos viendo, en realidad, no una precuela, o spin-off, de la saga de LA MOMIA (STEPHEN SOMMERS), sino un émulo de CONAN y sus pretensiones monárquicas. Memnon, como Conan, es un guerrero ambicioso pero sin nada particularmente distintivo (es decir, no al estilo de ELRIC), y que, a fuerza de brazo, oportunidad y coraje, se convierte en líder de su ejército. Recuerda al CIMMERIO, ¿eh?
Así que vamos a entender El Rey Escorpión de ese modo, ¿OK? Imaginemos que se trata de un proyecto de Conan que sus autores tenían in mente pero que debido a las concatenaciones habituales de Hollywood al respecto (otros tenían los derechos; éstos eran muy caros; fue viernes…) transformaron el guión, y donde ponía ‘Conan’ ahora decía MATHAYUS (DWAYNE JOHNSON). Así, sus autores establecieron una venganza indirecta sobre el personaje que pretendían escribir y homenajear.
Y un traidor, que no nos falte: PETER FACINELLI como
TAKRMET. Simplemente, la oferta de Memnon era
irresistible, muchachos. Así que calmaos todos
Hallaron, si no un atajo, sí solución al problema: Conan adquiere la categoría de malo, Memnon, y el sicario ejecutor, contratado por nobles conspiradores, o algo así (en plan KULL), es el paladín que, aniquilando a su objetivo, hereda su grandeza.
Vaya, qué aspecto más interesante toma ahora el libreto, pudieron decirse. Desenfocándolo ligeramente, el bizarro cimmerio pasa de ser un oportunista trepa con leves escrúpulos a déspota brillante y guerrero, que resiste la molicie corruptora de los esplendores palatinos, pero todavía tirano con un apetito insaciable por adueñarse del ancho mundo y los brillantes mares.
En El Rey Escorpión los machotes dirimen sus asuntos por
las bravas, como evidencia este fotograma que reúne a
MATHAYUS (DWAYNE JOHNSON) y BALTAZHAR
(MICHAEL CLARKE DUNCAN)
Memnon, al contrario de Conan, una vez al mando lo quiere todo, y embalado bonito, además. En cambio, cuando Conan llega al trono (de un modo tan válido como otro cualquiera, y habitual en su tiempo), se aposenta en él y la salvaje fogosidad que lo empotrara en tan distinguido asiento desaparece. No extiende sus conquistas; no siente hambre alguna por las tierras en que una vez fuera pirata, mercenario, o bandido. Se limita a engendrar un vástago que es la viva sustanciación de la decadencia que poseyera al padre coronado.
Tal vez Memnon, de haber dispuesto de tiempo, habría acabado así, no obstante. Pero el metraje que nos lo exhibe no parece confirmar semejante sospecha.
No hay héroe sin sidekick con ganas de cachondeo, ARPID
(GRANT HESLOV) y sabio despistado (PHILOS -BERNARD
HILL) cuya ciencia allanA las dificultades. Entre medio, la
REINA ISIS (SHERRI HOWARD)
El elemento fantástico de El Rey Escorpión lo aporta LA HECHICERA (¡espectacular KELLY HU!), que también contribuye al decidido tono irónico que caracteriza la cinta. No todo es tomado en serio en la película, retablo de fortachones (necesario, dada la naturaleza del relato y la época en que transcurre), y en la que la introducción de un secundario-alivio cómico a veces la avinagra.
Es cierto que ARPID (GRANT HESLOV) es ligeramente más soportable que el menda que encalomaron a ARNOLD SCHWARZENEGGER en CONAN EL DESTRUCTOR (¡brrrr! Escalofríiios), pero en cierto momento, su incompetencia fastidia. Pero luego empiezas a considerar que El Rey Escorpión tiene esa peculiar aura paródica (que la lleva a copiar escenas de RAMBO III o INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO) que tal vez hasta encaje de manera afortunada. Aun así, Arpid merece clasificarse de “A Prueba”, junto a JAR JAR BINKS.
Mathayus y Memnon enfrentados al fin. Sólo puede quedar
uno y que lo disfrute todo, absolutamente
El Rey Escorpión es un espectáculo (nada más; no se concibió para desvelar misterios del Cosmos) de calidad y digno que sabe explotar magníficamente sus recursos y logra desenvolverse en el limitado entorno de la espada-y-brujería con maestría. Tal vez su éxito radique en que parece ser una reunión de amigotes y espléndidas señoritas (aprovechemos que aún las feministas nos permiten deleitarnos con tales postales, que pronto las censurarán) que intentan evitar que un vaina les avinagre la barbacoa.
Y gana, por supuesto, el más bárbaro, que coincide esta vez
con que es el mejor, o más bueno. Hasta la luna llena
confirma la trascendencia de esta victoria, avalada
por el augurio de la Hechicera
Tiene la virtud de no pretender ser un fenómeno de la ‘iconografía barbárica’ porque respeta el CONAN EL BÁRBARO de JOHN MILIUS lo suficiente como para saber que imitándola podría incurrir en el desacierto de volverse tan boba y solemne, ceremoniosa, como vacía, frisando el absurdo. Quienes han seguido esa senda crearon un artefacto que sólo consigue deslucirse y hacer más importante la obra de referencia (según me cuentan, caso del remake de Conan).
El filme concentró sus esfuerzos en desarrollar su propio ser y existencia dentro de la constelación de los machotes en taparrabos apelmazados por la mugre prehistórica sin querer deberles nada (o algo apenas) a todos ellos. Tenía ciertas manchas en su pelaje y por ellas quería distinguirse. Pues objetivo alcanzado. Por eso, El Rey Escorpión merece nuestra ovación y aprecio. Ojalá el suyo fuera un ejemplo que cundiera más, el de ‘Yo, a mi rollo’.
Vuestro Scriptor.

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