viernes, 13 de mayo de 2022

GUÍA PARA EL HOMBRE CASADO — BOBADA CON INTERESANTES MATICES

 

Afiche. La crisis de la madurez
y todo eso durante la guerra de
Vietnam contemplada desde la
bianca perspectiva de unos
cuarentones desorientados

La película es verdadera ñoñería, inofensivo producto cómico-estadounidense de Década 60, imagen de un país que se tambaleaba, empero, en el mundo real entre las secuelas del magnicidio de JFK, Vietnam y los disturbios raciales.

Presenta a WALTER MATHAU como arquetipo del norteamericano de entonces: hombre residente de urbanización, en apañada casa respetable con piscina, biancos vecinos de estatus socio-económico medio-alto, ajenos a toda la turbulencia de los disturbios, Vietnam y JFK. Votan a LYNDON JOHNSON. Les resbalan los líos, porque son de teflón. Tienen tangencial trato con otras razas, contra las que, a priori, nada tienen… mientras vivan bien lejos de su excluyente complejo. Un paraíso de industriosos calvinistas que sin embargo anhelan disfrutar la infidelidad conyugal para sentirse vivos.

Por tanto, Mathau, asesor fiscal de media edad con la oficina en algún importante edificio de Los Ángeles, un pequeño surtido de secretarias de sujetadores como cabezas de misiles nucleares resaltados por ajustados jerséis, y faldas cortas como las que encajan las cimbreantes caderas de la atractiva mecanógrafa, se deja aconsejar por un espabilado amigo-y-vecino experto en infidelidades matrimoniales. Abogado de atlético atrayente, la labia ya le viene de fábrica.

Considerando que este matrimonio iba bien, no
sé a qué WALTER MATHAU se busca una
complicación extramarital que luego ni consuma
ni le apetecía

Desmenuza, mediante anécdotas que sufren distintos maridos lanzados a las aventuras extramatrimoniales, qué procedimientos el cauto adúltero debe seguir para evitar un costoso divorcio. Que si alejados moteles, que si camisas de repuesto en el maletín (ese donde TONY STARK guardaba su flexible armadura), locales oscuros donde reconocerle sea del todo/completamente imposible… y, sobre todo, respetuoso tacto con la prójima.

Porque el matrimonio de este asesor contable no naufraga; ni atraviesa ninguna mala racha. Casado con una buenorra MILF, ésta le proporciona todo cuanto la esposa (y más, de los sesenta) debe haber dispuesto para cuando el agotado oficinista regrese: periódico, combinado, sillón para caderas cómodas, TV, y prepararse para dormir, reponer fuerzas, y así enfrentarse a otro bianco mundo-decorado donde los negros venden flores o lustran botas. No ocupan el importante despacho contiguo a nuestros protagonistas.

La dolce vita norteamericana, ajena a lo que
pasaba chungo a tres calles de distancia

Protagonizan los episodietes de cómo librarse del marrón del divorcio distintos actores cómicos, que hoy día ni Wikipedia conoce. Intuyes su relevancia por cuánta atención les presta la cámara. Y, valorando sus actuaciones, asusta pensar en los chistes o sketchs de su repertorio. Porque gracia, tienen la de las avispas: en el culo.

Y esa es la parte grotescamente boba de una cinta que, si no la ves, nada pierdes, aunque destaque esa falsa realidad publicitario-propagandística de que en USA se vivía de puta madre magistral mientras respetasen una clasificación medieval de castas donde, aun biancos, judíos, irlandeses-católicos, o hispanoamericanos, podían ser tan vapuleados como los afros. Sin duda, gran parte de Occidente picó el anzuelo; se lo tragaría aún la URSS, esa tan ¡ensalzada! por los ministros comunistas comejamón.

¡Ha llegado el gran momento anhelado por el
protagonista! Y ¿qué sucede a continuación? ¡Un
descubrimiento que lo arroja en brazos de su
familia
in saeculae saeculorum! Un final Disney,
si se quiere etiquetar así. La moral triunfante

El otro gran GRAN detalle está en los dormitorios: las parejas duermen en camas separadas. Sin embargo, cuando los adúlteros “adulterean”, disfrutan en amplias camas de matrimonio (hay una excepción, no obstante). Es sigul de la peculiar moral sexual de esa Norteamérica de triunfadores biancos protestantes. El sexo es cosa alienígena practicada por correo, estando mal visto que un matrimonio con todas las de la ley yaciera en el mismo colchón. Hollywood parece fiaba para la reproducción o mucho en la intervención del Espíritu Santo o en la cigüeña. Trasladaba que los morales norteamericanos no necesitaban del coito para multiplicarse. El FBI distribuiría niños...

Por supuesto, todo concluye en una moralizante moraleja que refuerza la fortaleza de la familia, institución muy complicada-vapuleada en los Estados Unidos de la Pornografía.