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| Afiche. Cómo ODIO esa imagen de SHERLOCK HOLMES de la gorra de orejeras. Y ahí sigue, perpetuada por los mediocres |
NICHOLAS MEYER adapta a la pantalla de
plata su propia novela, en la cual avisa que aligerará el recargado estilo del
DR. JOHN H. WATSON para relatar esta oculta vivencia de SHERLOCK HOLMES, texto apócrifo donde era esencial mantener
incólume el mito de probidad, caballerosidad y patriotismo del sagaz
investigador privado. Se había creado tal glamouroso esplendor y rectitud del
justiciero cocainómano de Baker Street que era inadmisible mancillarlo. ¡Los
fundamentos del imperio que gobernaba sobre las olas se resquebrajarían y
caería como no lo había hecho el Imperio donde nunca se ponía el sol! La apariencia es TODO en determinados ambientes y políticas.
Empero cercana la Cierta, el jubilado
Watson siente su deber comunicar esta historia al gran populux, donde lo que
relata no es vergonzoso, sino cómo el coloso enemigo de MORIARTY batalla contra
su peor enemigo hasta entonces enfrentado: su adicción. La cocaína que le
sacaba de los períodos de abulia y absentismo laboral estaba devorándolo.
Consumía un lote de dotes que era criminal desperdiciar de ese modo.
Empieza todo cuando requieren de urgencia al 331B de Baker Street a un excelente ROBERT DUVAL (Watson). La sufrida SEÑORA HUDSON refiere al médico-biógrafo: al señor Holmes se le ha ido la pelota por completo. Watson lo verifica: la coca ha carcomido la cordura de Holmes (NICOL WILLIAMSON borda el drogadicto paroxismo del detective, cómo muestra ese iconoclasta plano donde vemos el brazo de Holmes lleno de pinchazos de la aguja) mostrándole enemigos en todos lados.
| El trío protagonista. A destacar de la actuación de ROBERT DUVALL (DR. WATSON) la pronunciada cojera que en los relatos constaba, desaparecida en otras versiones de TV o cine |
Destaca Moriarty, titán del delito/pensador abstracto con espías por doquier, quien, cuan araña en su telaraña, domina la actividad criminal londinense hasta en sus más mínimos-nimios detalles. ¡Un emperador del crimen en la sombra!
Consultado MYCROFT Holmes, el reposado hermano mayor del
detective urde un plan donde el verdadero Moriarty (un apocado profesor de
matemáticas que insinúa estrecheces financieras) tiene un importante papel, que
enseguida se consuma.
Meyer, con Elemental, Dr. Freud, llena
el vacío que SIR ARTHUR CONAN DOYLE creó en la “biografía” de su ODIADO
personaje (mas el que más popular le hizo) con EL PROBLEMA FINAL. Con
una razonable carga de ingenio, e impulso iconoclasta, Meyer idea un nuevo misterio
que empieza con la desintoxicación de Holmes en Viena, en casa del afamado
alienista judío SIGMUN Freud, que aporta algo ya habitual en las teleseries
policíacas: el sesgo psicológico de los sucesos o la catadura del criminal.
Aplicando sus facultades, Freud completa el
razonamiento que inicia Holmes en su investigación del secuestro de la demi
mondaine LOLA DEVERAUX, sucedáneo de IRENE ADLER. La afamada cantante Deveraux
excita el interés de un pachá turco fetichista de las pelirrojas que decide abducirla,
ayudado por un noble vienés cargado de prejuicios antisemitas (y acuciantes deudas).
| En esta ocasión, Watson y Holmes deben sudar lo suyo la camiseta; FREUD no queda atrás. |
Con frenesí el trío inicia una persecución
en tren para rescatar a la intérprete, cosa que, por supuesto, consiguen. Raro
que Holmes fracase. Bastante ha descendido a la vulgar Humanidad ya en esta
trama, con lo de la drogadicción y la dolorosa desintoxicación. Bastante
irreverente era ya mostrar en el punto más álgido de su descenso a los
Infiernos a tan caro personaje de la Propaganda británica, estandarte y
embajador de las costumbres de Albión (o sea, del mundo).
Y ahí reposa el encanto de una cinta que comparte concepto con SIN PISTAS, donde este tema (mostrar defectos en Holmes, pese a los encomios que su biógrafo le dedicaba, y ¡aclamara! el londinense de toda condición) fundamentaba la historia. Siempre que se haga con hábil elegancia y conocimiento, se enriquece el personaje. Cuando se recurre a la chabacanería por la chabacanería, a la adulteración zafia e irreverente, irresponsable, sólo se consigue basura, deleznable purria. No es el caso, pues pese a lo… melifluo de Meyer en el desarrollo, el conjunto se resuelve con dignidad.
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| Me gusta la estampa; a Holmes y Watson muchos los han encarnado, con mayor/menor fortuna. Esta vez es aceptable |


























