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| Portada., Edición Siruela, la que se permite corregir a la RAE. Tiene fama de buenos libros. Este recopilatorio hasta hace un guiño a NIKOLA TESLA |
Al fin y al cabo, ¿no es SHERLOCK HOLMES
traslación del chevalier CHARLES AUGUSTE DUPIN? Cualquiera que haya
leído los cuentos de Poe enseguida descubrirá su semejanza, qué indeleble
huella el caballero de Virginia en Conan Doyle estampó. Esta colección de
relatos tiene una peculiaridad: su atonía. Los que destacan lo hacen poco. Semejan
los picos de una gráfica; mantiene una línea recta constante. En ocasiones
sufre ligera alteración, para regresar a la horizontalidad de nuevo.
Tiene una ventaja: no hay picos descendentes,
sino hacia arriba. Es ya del gusto de cada lector pensar si tal o cual relato
merece superior estimación. En una escala de uno a cinco, lo más que alcanzan los
textos conspicuos es un tres. También se detecta en dos relatos la “aparición
estelar” de Sherlock Holmes (aun MORIARTY), mediante vía epistolar. Esos
cuentos tienen un misterio ocurrido en trenes. En el primero, el de la conspiración para impedir que unos documentes tumben un gigantesco caso de corrupción, el sicario enviado a abortar esa entrega menciona a un “asociado” británico que responde a la traza de Moriarty, por la
extensión de su red e importantes recursos.
Vuelve después Conan Doyle a trastear con
trenes para relatar un asesinato por entero misterioso (de nuevo, Holmes ofrece
su parecer) y destaca un detalle pasmoso: ¡habla de una relación homoX! Hoy
día, esto carece de relevancia (debe preocuparnos más el abuso que está
haciéndose del asunto, y por políticos motivos espurios que todo lector con suficiente inteligencia detecta al
instante), empero en los años de Conan Doyle, con OSCAR WILDE convicto por
mantener relaciones antinatura, referirlo (en términos tan poco equívocos
además) es audaz.
Igual que KULL y BRULE, el lancero. Otro
asombroso giro argumental en una época en que eso estaba no sólo mal visto: se
perseguía con virulencia. Y más, en el Tejas Cinturón de la Biblia de ROBERT E.
HOWARD.
Intenta Conan Doyle como Poe el humor en
sus cuentos. Lo roza con cierta eficacia en la segunda historia, y repite en la
penúltima. Lo que resaltan esos relatos es la excentricidad de los brutónicos
de su época (me parece siguen igual). Un sesgo imperialista (Conan Doyle era
muy victoriano) contiene el primer relato “humorístico” que, más que
criticarlo, deplora se tomen ciertas “libertades” pues perjudican más a la
UNION JACK que la ensalzan. El otro retrata a un tarambana que va al campo para
vivir aventuras y le partan la cara al estilo de su admirado escritor favorito,
que tiene en altares.
Recibe un señor puntapié y mangan la
chaqueta. Es la mofa y befa del pueblo adonde ensaya las andanzas de su amado
escritor. Descubre que, de la prosa a la vida real, hay largo trecho. Parece
aprendió la lección, pensando dedicarse en adelante a cosas menos viscerales y
teatrales.
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| Siruela rescata más textos del autor reseñado. Un gran apasionado de la Historia, por cierto |
Hay un relato de terror (basado en las pulcritudes
de mantener la palabra del honor y las extravagancias albionesas) que H. P.
LOVECRAFT reciclaría (opino) para AIRE FRÍO. Mas los fuertes son los
cuentos de los dos irascibles misántropos (Conan Doyle se canibaliza a sí mismo;
ambos narradores tienen metas parecidas incluso, en parajes similares) donde
esa “exigencia” misógina endosada a Holmes cobran su más tónica y desnuda relevancia.
El segundo misántropo es hasta violento. Al primero le pillan desconcertado,
pero no dudaría en empuñar el revólver si hiciera falta. Mas el segundo,
hastiado de la Humanidad, o al menos eso piensa que está, porque sucumbe a la
solidaridad durante un naufragio, es de juzgado de guardia.
Esta selección puede encuadrarse en una curiosidad dentro de la producción del ideador de EL MUNDO PERDIDO. Es de esos libros que, pese a su intrínseca calidad, si se tiene, bien; si no, tampoco pierdes nada. Es como su línea narrativa: plano.
























