Hasta ahora, las novelas de a duro reseñadas
seguían grosso modo el esquema del space-opera, con mayor/menor incisión al respecto. Las
necesidades de la producción obligaban a que fuesen rápidas historias de
económico lenguaje (poca prosopopeya) con el empleo de clichés que mostraban
desgaste en sus esquinas, de puro abuso.
Bruguera no dirigía estas historias a un público exigente, cuando podía
permitirse dar cierta calidad/categoría literaria. Los narradores tenían
escuela y vocabulario, aunque limitado imagino por editoriales exigencias: no vayas
de GÓNGORA que me espantas a unos lectores que no acabaron EGB, nuestro
principal delta de público. Van cortitos.
Tías buenas, héroe irreprochable lleno de
recursos que ni DOC SAVAGE, el típico villano con las manidas
artimañas (conspirador ambicioso con secuaces de escasas luces empero ávidos de
complacer a su patrón, aunque abrigasen en alguna esquina de sus sesos cierta
ambición personal) y un escenario más/menos fantabuloso en alguna remota esfera
del Cosmos, vasto y antiguo, del cual procedemos.
Bueno, de la Vía Láctea, que amplia, es. Modérate.
Aunque al ser ciencia ficción esto te extiende un cheque en bianco para imaginar…
hasta una fábula contra el Régimen que pueda confundir al censor si lo planteas bien, o la
desprecie por el simple hecho de tratarse de ciencia ficción.
Por la ciencia ficción pueden colarse
muchas denuncias antiautoritarias amparadas por considerarse al género cosa
de idiotas e inmaduros. No de expertos y sabihondos de la Alta Literatura que aborrega/anestesia indolentes lectores,
esnobs ansiosos de que les vean leyendo “ese libro” tan en boga/boca de todos,
pese a ser un cagarro.
CLARK CARRADOS (pseudónimo) ofrece una variedad de lo que he
comentado; no es aventura de los tres mil años luz. Describe un planeta en su
apogeo científico, político y social (aparentemente), aunque unas sombras
empiezan a extenderse/alargarse por mor del conspirador que se considera
desdeñado, estima su capacidad para gobernar es más-mejor por sus cojones. Consigue
amenazar la corona del emperador AGHRON, de Zwordos, con unas manifestaciones
soliviantadas por su primer ministro, que complota para arrebatarle el trono porque sabe
como nadie cómo ser el puto amo.
Uno de sus secuaces provocó un disturbio
colonial que el valiente oficial NECK BALL sofoca aplicando la inteligencia y
la indulgencia. (Ball es ese héroe íntegro que deshace el entuerto que el
ministro está provocando desde la sombra.)
Carrados publica una obra descuidada;
elementos que al comienzo consideras fijos hacia la mitad cambian y colisionan
al final con todo. Verdad que no debemos esperar una sublime obra del género
(cuando pudiera serlo; talento el autor tenía), empero es una descortesía con
el lector que Ekhorghos se llame pocas páginas después Skhorghos, o que
AGHRINA, hermana del emperador, bizarra antianira, reproche a Ball que no la rescate, cuando vio cómo los
esbirros de su secuestrador le asaeteaban y caía a una caudalosa cascada; sobrevive
por milagro. Y aun así, Aghrina quiere que la rescate ¡YA! Adónde se habrá
metido, llega a clamar.
Más: cuando Ball consigue rescatarla, en
vez de partir a todo carajo en su aerocoche, para evitar la desgracia a Eghron,
¡decide hacerla el almuerzo! Como si la niña no pudiera haberse apañado con un
bocadillo, que el viaje no iba a durar tanto.
Dudo haya una intención secreta este libro de
corte social. Todo el jaleo lo origina que los de Skhorghos (o una conflictiva
minoría) quieren retornar a su mundo, del cual huyeron milenios antes tras una
guerra apoqueclíptica total para asentarse en Zwordos, donde han desarrollado
la HITECH de la que disfrutan.
Carrados precisa que, marchando, Zwordos quedaría
en términos técnicos medievales… cosa inconcebible, pues los apátridas llevan
tanto en Zwordos que han debido instruir técnicos nativos. Se aferra a eso: idos,
caen en la Época Oscura.
Carrados evita cantar a la integración de
los emigrantes en las sociedades, ni censura la rigidez de los nativos a la
hora de integrarlos, buscar el mestizaje, para engendrar una población que
combine lo mejor de ambas razas. Es una débil insinuación que despacha con unas
frases desapasionadas que remata Aghron diciendo que, con el enlace entre Ball
y su hermana, Zwordos, ahora todos unidos, empezará a llamarse Tierra.
Vaya salida pueril.























