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| Esta misma servirá. Pese al contenido, no realiza ninguna crítica política, sobre su ineficacia o corrupción; y, tal el género, tentador era. |
Enuncio una arriesgadísima hipótesis. Me
guío sólo por mi intuición, pues carezco de pruebas que la respalden. Con
frecuencia me es una útil herramienta que, aun en el error, suele empero ponerme
en la pista correcta. Aprovecho la coyuntura del aún caliente estreno (aunque
mitigado su fuego inicial ya) del inefable TORRENTE PRESIDENTE. El cineasta SANTIAGO SEGURA (no me es
simpático) es un freakie de corte clásico; ha dibujado tebeos, fanzines,
flipa con las producciones estadounidenses que nos emocionan, etc. Con ese bagaje, guiado en algún momento por el mismo
avatar que me orientó, aseguraría ha leído este episodio del irreverente comisario
de la policía de París ANTOINE Sanantonio, obra del prolífico FRÉDÉRIC DARD… O
vio las películas.
Y abona mi especulación el paralelismo existente
entre el inefable Torrente y sus salidas de tono (esas que tienen tan de rictus
erectus al zurdismo en toda su extensión, fingiendo los escandaliza el racismo y la homofobia
presentes en el metraje —¡ofendidos ellos, que en privado dirán barbaridades de
ese tipo inconmensurables!—, cuando en verdad lo que los tiene con el esfínter
escocido el que triunfe un individuo en nada socorrido por un Gobierno que compra lealtades subvencionándolas/apalancándolas, para
ordenarles ladrar cuando manden el PUTO AMO y sus secuaces sin escrúpulos ni conciencia) con el no menos arrollador
agente Bérurier, un FALSTAFF de la policía francesa excesivo en todo, comensal
pantagruélico digno rival de BACO.
Mas será clave para que el incisivo
Sanantonio, primor del desenfado literario y diestro en la greguería, imaginativo
y forjador de metáforas que muchos eruditos quisieran poder articular en sus
suntuosos escritos, resuelva el complicado caso en que le implican mientras veranea
con su señora madre, FÉLICIE, en San Tulutut (¿existe de veras?).
Tres candidatos al parlamento aparecen muertos en auténticas circunstancias misteriosas, de las de enloquecer al clarividente SHERLOCK HOLMES o el pomposo HERCULES POIROT ante la evidencia de que no hay evidencia que indique tanto un móvil como un asesino, locura aparte. Todos los testigos rigurosamente interrogados manifiestan lo mismo: No vi nada. Los escenarios reafirman esa declaración. Cuartos cerrados, puertas infranqueables, guardaespaldas cumplidores de sus obligaciones.
Bérurier, aliado
a un policía retirado con inquietantes trazas fascistas (por el modo como
arrancaba confesiones; todo un ejemplar de policía corrupto de JAMES ELLROY), decide en medio de una melopea
presentarse a candidato. La muerte acecha al audaz que lo pretenda. Tres
cadáveres previos lo confirman. Y sufre un atentado, ajá, sí.
El programa de Bérurier es por entero populista… excluyendo sin embargo las radicales fórmulas autoritarias o racistas. ¿No quiere repartir media Galia entre alemanes, españoles e ingleses? Promete fantasiosas jornadas laborales, televisiones en el trabajo para ver los partidos de “pingo-pongo y penis”, y tinto abundante porque es bueno para la salud. Imaginar al personaje de tan generosas proporciones sobre un estrado, vestido con tal… desparpajo, vociferando que dará el oro y el moro al personal, empleando un lenguaje llano para el pueblo llano, debía ser el espectáculo que con gran comicidad y desbordante humor (de arrancar carcajadas) Dard describe mediate Sanantonio, autor en primera persona de la crónica.
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| Primera adaptación al cine del arrebatador personaje arrollador. Por eso sospecho que TORRENTE viene de aquí. Queda confirmarlo... |
Por cuanto sé de Torrente, es todo un Bérurier. Por eso sugiero que
el freakie Segura se ha inspirado en el personaje no sólo para su última
película del inefable sujeto, sino las anteriores, adicionándole freakadas
más/menos contemporáneas con las que el populux conectaría por tenerlas frescas
en su retentiva. Bérurier ha acompañado en ciento diez novelas (más/menos) al sagaz
Sanantonio, peculiar policía que necesita de la cercanía de su señora madre
para sentirse confortable/en forma para resolver sus casos.
Son todo un revelador impacto estas novelas. Cualquier lector, o escritor, que se precie de querer ampliar sus márgenes, no puede ignorarlas. Zambúllete en sus párrafos, lector.





















