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| Afiche. Y, de pronto, ¡sorpresa! El tío pringao de LUZ DE LUNA se desenvuelve en una claustrofóbica situación con Medalla de Honor de Machotes Valientes De Verdad |
Los 80 incrustaron un importante número de
iconos en la CultuPop. Todavía abastecen sus nombres los cines. Maduraban desde
algunos personajes que, durante los 70, fueron
desprendiéndose de las gasas de estereotipada pureza que reflejaba la imagen
del impoluto cowboy del sombrero bianco o el íntegro policía
estilo ELIOT NESS, vencedor del crimen impermeable a la corrupción. Esas figuras estaban diseñadas para vender
concreta Propaganda que la guerra de Vietnam terminó de liquidar. Su propia inmovilista
naturaleza irreal hacía tiempo la había envenenado. La Sociedad asimismo
evolucionaba. Descubría que corrientes de pensamiento artríticas habían
sobredimensionados algunos prejuicios, y sus fariseísmos estaban pudriéndolas
ya.
STEPHEN KING es el Gran Notario de esas corrientes
sociales, raciales, religiosas, y de no escribir terror, sería una de las más encomiadas
firmas de la historia de la literatura anglo. Empero como esas distinciones las
entrega una voluble elite de ahembrados críticos flatulentos, apoyados por una gente
de calidad igual de banal, inconstante y siempre a la caza de la frívola
moda del momento, pues le hurtan esa inmensa relevancia.
Conforme padecemos estas WOKEdécadas, confirmamos
que durante los 80 éramos libres. Opinábamos lo que queríamos y disfrutábamos
de espectáculos como el de esta película de JOHN McTIERNAN, que estamparía en
el Universo CultuPop al policía JOHN MCLANE, antiestereotipo de los infalibles/infatigables
policías estilo RICHARD WIDMARK, por decir uno.
Un rampante BRUCE WILLIS encarnó a McLane.
Por entonces, Willis estaba emporcado en la empalagosa y trivial LUZ DE LUNA,
compartiendo pantalla con la insoportable CIBYL SHEPPARD. ODIABA esa serie.
Marcaba a Willis de tan mala manera que ni siguiera su aparición en CORRUPCIÓN EN MIAMI podía salvármele. Era el enervante tío de
las corbatas de seda de una artificial agencia de detectives que igual podría servir
de laboratorio de genética, por su metacrilada pulcritud… artificial.
Sorprende Willis dotando a McLane (no sé si
el personaje ya venía así de las páginas de la novela de RODERICK THORP en que basan
la cinta) de unas dosis de cinismo, humor, fragilidad e implacabilidad que son
las que te convencen de su talento. Le beneficia que ésta asimismo sea la
dorada época de las buddy movies reaganistas protagonizadas por ejemplos
de indeleble masculinidad, empáticos con el dolor ajeno, pero firmes como una
roca en sus principios. (Para la empresa italiana Beretta también constituyó edad
de oro. Empezando por ARMA LETAL y continuando con Jungla, sus
protagonistas exhibían las ventanas/virtudes del rendimiento de sus 92F.)
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| JOHN MCLANE: al límite físico, en una empresa que no esperaba enfrentar jamás en su vida. Todavía podía dar mucho más de sí, gracias a su calibre Beretta |
Destronaban a los .44 Magnum DIRTY HARRY y revólveres en general. El estadounidense
se envició, adquiriendo calibres de 9mm. Parabellum. Es la munición del futuro.
MARTIN WIGGS y McLeane lo garantizaban en el celuloide.
Mas Die Hard no es un alocado filme
de acción plagado de tiros sin más. Transmite un importante mensaje que quiero
resaltar: la hipocresía del terrorismo de izquierdas y su protector entorno. HANS GRUBER, en cierto momento, embroma al FBI (un
automatismo, no agentes de verdad) leyéndoles una lista de “camaradas en prisión por sus actos en pro del progreso” (o mierda
similar) que en realidad enmascaran ¿qué? El espectacular robo de seiscientos
millones en bonos al portador. Todo es una mascarada, un engaño para ocultar un
simple aunque abultado hurto. ¿Ideología? Un carajo.
Es eso la izquierda: una grosera pantomima cómplice de los peores delitos que esconde una actividad criminal quizás sin parangón. España contempla estupefacta cómo el contubernio gubernamental montó una elaborada mafia codiciosa para saquear a manos llenas fondos públicos, fruto de nuestros impuestos. Y ¿qué coartada pretextan? El ecologretismo, el transX, ahora, los “pobrecitos” invasores moracos y negratas, la “desesperada” ayuda humanitaria y BLABLABLÁ. (Se vuelvan a su país; allí está lo que necesitan.) Justo lo que hacía Gruber: falabalaba de lo lindo imbecilidades que ablandaran la mala conciencia de compungidos liberales de limusina mientras reventaban la caja, apoderándose de los millones. Al abrigo por un desnortado público cautivo que justificará sus actos todavía.




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