| Justo tras el preámbulo empieza la diversión |
Me honran al invitarme a colaborar en los
Especiales de Sitio de
Ciencia Ficción, con un artículo reflexivo más/menos divertido/sarcástico/sombrío,
y para esta entrega decidí darle al comentario un tono ligero, considerando que
los otros colaboradores procurarían profundizar, sembrar erudición, darle hasta
un “aire sombrío” a sus textos, así que, en aras de la diversidad, ofrecí a los
habituales lectores de Sitio una reseña menos académica aunque sin descuidar,
eso nunca, la incisión en la apreciación. Hay que dar algo más que vacías ocurrencias
al respetable. La ocurrencia es el chocolate que envuelve la amarga medicina.
He enfocado mi trabajo desde un punto exclusivamente
crematístico, porque en esencia se trata de eso. No escribes ciencia ficción (por
ejemplo) por una satisfacción personal. Eso queda para los poetastros
ahembrados onanistas impotentes con muchos pajaritos en la sesera y postrado
ante el monumento de BÉCQUER como otra sufriente damisela. Si le ves réditos al
asunto, ¡adelante! Aquí nadie curra por amor al arte.
Y productores como ROGER CORMAN no vacilaban
en husmear por ahí historias de lo que fuese para explotarlas al máximo. Corman
sabía que las de ciencia ficción (denostada siempre por las literarias elites ahembradas
becquerianas) suponían una aceptable apuesta. Llenaría las matinés de chavales
a lo ED WOOD y sacaría los suficientes cuartos como para producir otra de hormigas
atómicas gigantes con un desconocido CLINT EASTWOOD principiante en un ángulo
de un fotograma huyendo del monstruo, y así hasta el infinito y más allá de la
Cúpula del Trueno.
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| Donde pinchaba un dramón de LIZ TAYLOR, una de disparates como ésta recuperaba las pérdidas |
Corman no aspiró a las majestuosas superproducciones estilo CLEOPATRA porque conocía sus limitaciones y demás cicaterías. Prefería ser cola de león a cabeza de ratón. Y alimentó la pasión de una generación de genios (STEPHEN KING, GEORGE LUCAS, $TEVEN $PIELBERG…) para que realizasen sus futuras homéricas fantasías.
Eso también he plasmado: esas baratas películas
constituyeron un légamo para proyectos más audaces y épicos, y que
despreciarlas es un elitista error de pijos veletas. Desconocen los orígenes de
esas cintas que ¡aclaman! por esnobismo, empero ¡aclaman!, y si tuvieran una
partícula de inteligencia bajo sus muchas capas de vacuo oropel, verían que
géneros que siempre desprecian les brindan la oportunidad de mostrarse como lo
que son (títeres de las modas) y practicar su esnobismo hasta la enésima
potencia del ridículo.
Falta humildad en este mundo.
