En cierto momento, JOHN LE CARRÉ escribe
algo que es puro trekkie: el comunismo aplasta al individuo pretextando las necesidades de la masa. Lo
parafraseo, empero contiene su brutal esencia. Repite al menos dos veces más
esta máxima, la cual MR. SPOCK larga con esa hierática expresión de orejas de
NAMOR para censurar al díscolo CAPITÁN KIRK uno de sus arrebatos de narcisista
individualista y pretendido héroe.
Pues ¿no dice que las necesidades de muchos
pesan más que las de uno, o varios? Mis lectores saben con qué frecuenta he resaltado
el comunismo intrínseco que fasers, klingongs y demás mierdas del panteón trekkie
embosca: es una sociedad sin derecho a la propiedad donde todo pertenece al
Estado el cual, amparándose en la federación planetaria, hace y deshace a su
antojo bajo un oropel democrático o de libertades.
La verdad es que de las entrañas de la
Tierra federada a los planetas poco sabemos, salvo lo que guionistas y
realizadores (como SANDIOS ASIMOV) han querido mostrar: una salubre sociedad
utópica multicultural/racial/sexual orientada a la exploración galáctica. A
veces descubren algún Imperio o planeta disidente con absurdas leyes que ayudan
a que Kirk haga una atlética exhibición de arrojo que Spock luego reprocha…
para recibir de Kirk una réplica sobre el valor de las emociones. Eso, cuando
no topan con un Artefacto propio de la desbocada imaginación de JACK KIRBY.
Mas lo esencial es eso: un orden global
estatal donde la disidencia o propiedad, cualquier alarde de individualismo, seguro
lo sofocan de algún modo distópico, mediante drogas y pedagogía… o el abandono en algún escollo espacial estilo gulag para que aprenda lo que es rebelarse al Omnímodo Estado.
Es 1963. Plena Guerra Fría. Berlín dividido
por el famoso Muro. ALEC LEAMAS, veterano espía británico, contempla cómo desaparece su elaborada
red de agentes en el lado comunista. Una amarga sensación de derrota amenaza corroer la
jubilación que le corresponde, toda su vejez. Costó montar el equipo. No se ve
con fuerzas de reconstruirla; no parece sus superiores quieran colaborar.
Sin embargo, la situación inquieta mucho a
sus superiores, y junto con Leamas montan una operación cuya meta es matar a
MUNDT, un brutal exnazi antisemita encargado de cazar y destruir espías en Alemania Oriental. Leamas se obsesiona con Mundt.
Matarlo, su único leit motiv. Se entrega apasionado a su última misión
antes de retirarse a algún apartado y sereno rincón de Albión; espera un
completo triunfo.**La misión supone su devastación, tanto personal como
profesional. Se implica no obstante “románticamente” con una joven judía,
afiliada al Partido Comunista Inglés, el cual cada vez más le produce una sensación
negativa. Voluntariosa y cándida, no quiere ver la verdad, aunque se la
restrieguen por la cara. Advierte que los intelectuales e ideólogos del Partido (su sección vecinal) son una panda de jetas a lo PUDREMOS que militan sólo para darse la gran vida y no dar golpe.
Represión y opresión aparte, el sigul del comunismo.
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| Hay una versión filmada del texto; espero refleje ciertos momentos de gran crueldad recogidos en el libro |
Pretextan cuidar de nuestros derechos
frente al Capitalismo, libertades que ellos mismos cercenarán apenas tengan las
riendas totales. Con fehaciente crudeza Le Carré describe una Alemania Oriental
plagada de carencias compensadas con muchas retóricas “pedagógicas” sobre cómo
la Victoria Final será comunista. Alemania Oriental: un satélite del Imperio Soviético que
muchos en España ahora alientan para que resurja.
Comunismo ni significa libertad ni democracia, sólo opresiva represión. Leamas, que llegó a Berlín creyéndose protegido por un plan infalible, descubre asqueado dos cosas: que Mundt montó un aún más incisivo contra-plan definitivo y que Leamas ha servido de prescindible engranaje para que sus superiores consoliden el plan de Mundt. Aterrado, lo ve nítido: enemigo y amigo sienten idéntico desprecio por la vida humana.


