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| Hay más acción en la portada que en toda la novela, plagada de insinuaciones de batallas; sólo insinuaciones |
Y estoy refiriéndome, ¡nada menos!, que a
una celebrada obra de uno de mis predilectos, FRITZ LEIBER, que hace una exhaustiva incursión en el Sword
againts Sorcery, enriquecida con su erudita prosa. Es uno de los escasos
atractivos de este recopilatorio. Impregnado de sutil ironía, desmitifica al
bárbaro característico, CONAN, un codicioso vagabundo sanguinario y salteador de caminos
dispuesto a perpetrar alguna violación…, con el pláceme de la víctima. Adoba la
situación un elemento místico/sobrenatural que deja una cicatriz al melenudo antihéroe ataviado con un apelmazado taparrabos velludo.
He quedado harto decepcionado (y estresado) leyendo esta novela de los famosos personajes de Leiber, FAFHRD y EL RATONERO GRIS, quienes replican la estela de Conan: ladrones errantes enfrentados a letales encuentros sobrenaturales/naturales que empero en este ciclo vital valoran ya una cómoda jubilación. Han encontrado un apartadero para retirarse a su gusto: la Isla de la Escarcha, y allí planifican su ingreso al reino de las leyendas… aunque les acechan varias peligrosas andanzas: viejos enemigos y resentidos dioses exigen su libra de carne para compensar las ofensas.
Este es el planteamiento general
de una obra llena de exóticos nombres y escenarios aún más provocadores para la
imaginación, inmersos en la niebla y la distancia, sometida a un brujeril
matriarcado excluido e inédito de otras historias de este corte.
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| FRITZ LEIBER en cualquiera de sus papeles; siembra estos relatos de mucho teatro; lo percibes enseguida |
En sustancia, quitándole la elaborada prosopopeya de teatro isabelino que impregna estos párrafos (recordad: Leiber fue actor), así como el ritmo general de los relatos que imita alguna comedia del BARDO, La Hermandad de las Espadas puede quedarse en un libro de cien páginas máximo. Mas Leiber retuerce y adorna los textos sin necesidad.
Si esto fuese Estados Unidos, podría haber demandado a Martínez Roca por el engañoso título del libro: no sale una puñetera espada en estas historias. Tres o cuatro facas, y va usted servido. El título (distinto en anglo) alude a eso: conflicto contra sobrenaturales fuerzas y sus esbirros, masacrados por los dos audaces a base de machetazos o mandobles. Y tú, lector despistado, compras el libro seducido por estos tres elementos: es Leiber; es fantasía-espada; es la reputación de los bribones, consagrados en la Fantasía como Grandes del Sword and Sorcery (Conan, ELRIC, CORUM…).
No hay espadas, ni terribles duelos, pese a la magnitud de los enemigos,
sólo una colosal descarga de naderías que envuelven las situaciones con tal cantidad
de velos que debes ir desgarrando para verle la sustancia a esto. Asombra cómo
Leiber emplea su conocido talento narrativo para eso: estresarte en el esfuerzo
de llegar a ver alguna cosa clara.
Si su intención era apartarse del canon instaurado por Conan (o hasta JOHN CARTER: ¡espadazos y monstruos arquetípicos lovecraftianos mutilados!), obtiene total éxito. No hay tensión, acción, pasión; sólo la sensación de presenciar una elaborada obra de teatro con un rico escenario de secundarios y oropeles donde el comentario de la cuarta pared es frecuente, casi incesante. Pero ¿riesgo, andanzas, espadas? Olvídalo.
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| Material previo a esta Hermandad; espero sea mucho más dinámico que el conclusivo del libro reseñado |
Leiber advierte que su obra naufragará al centrarla en esos elementos, así que introduce estimulantes anotaciones biográficas de sus personajes (que han regado los condados del mundo de Nehwon de hijos bastardos, fruto de numerosos lances románticos), remitiéndose a historias previas, que consiguen remontar el interés por el libro, fecundo en acotaciones sexuales y tórridos apuntes BDSM (y alusiones al HomoX-Lesbo).
De hecho, el extenso EL RATONERO
DESCIENDE contiene un capítulo sadomaso prolijo en detalles que hacen
suponer el gusto del autor por estas disciplinas. Situada la saga de Gor
entre las más calenturientas al respecto, ese solo capítulo convierte en una
chiquillada todo EL GUERRERO DE GOR, cuyos apuntes al respecto son burdos tópicos.
Carecen del refinamiento inscrito por Leiber.
Alegre compré un libro que venía tan bien recomendado, ya he constatado, llevándome esta amarga desilusión; debería titularse, en realidad, La Hermandad de las Naderías.


