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| Una mezcla de suspense, crimen organizado, espionaje y terrorismo internacional. Una evidencia de lo interconectado que todo está en las cloacas de los bajos fondos |
Esta novela es de las más política que he
leído de JACK HIGGINS. Manifiesta desprecio por la izquierda y sus hipocresías. Empero sufre una especie de “ataque de
conciencia” y, en cierto momento, equipara al sicario JOHN MIKALI con el
coronel ASA MORGAN. Mikali comenta: Por lo que hago, me condecoraban. Morgan es
veterano combatiente contra organizaciones terroristas que han amenazado intereses británicos,
recibiendo honores por lo que cobra Mikali: matar. Morgan no tuvo escrúpulos en
torturar con tal de obtener sus metas. Por contra, el prodigioso pianista
procura ser rápido y expeditivo en sus encargos. Sin embargo persiguen idéntico
fin: evitar nuevas muertes, encargadas por despiadados generales golpistas o
por endiosados radicales de izquierda.
Mikali, de ascendencia griega, en las
primeras páginas aparece como un ser frío, alienado de la sociedad, casi
asexuado, motivado por su abuela a la interpretación al piano. Una quiebra en
su vida lo decide a alistarse a la Legión Extranjera, donde destaca desempeñando
con éxito sus labores. Su abuelo es una especie de pasivo activista contra los
coroneles que dieron el golpe de estado en Grecia, lo cual lo marca para morir.
No es un hombre agresivo, impulsivo o radical; denuncia los excesos en su
periódico. Punto.
| HENRY PATERSON escribía, sobre todo, como JACK HIGGINS. Su conocimiento de estos temas se basa en experiencias de expertos |
Oficiales radicales lo ejecutan y obligan a
Mikali a vengarse. Los conocimientos adquiridos en la Legión le ayudan en su
propósito. Hasta ahí, bien. Normal/natural. Mas el pianista cae en las manos de
un astuto y artero agente infiltrado de la GRU en Francia que consigue
camelárselo. Lo curioso es que Mikali sabe el engaño y, en vez de rebelarse,
permite lo utilice DEVILLE para desestabilizar Occidente mediante una campaña
de selectivos asesinatos. La resonancia en el ámbito musical de Mikali le
invita a todas partes y, en ocasiones, “en esa parte” se encuentra su objetivo.
Se convierte en un cínico sibarita
donjuanesco que se trajina a la psicóloga KATHERINE RILLEY, retrato del liberal de limusina izquierdoso que está siempre proinvasor, y contra el
invadido. Lo vemos con Ceuta: Pobrecitos moracos y negratas sidosos. Mira a esos canallas
ceutíes racistas, no regalarles sus casas. ¿Pueden ser más crueles? Esa es
Rilley, negándose a reconocer el tormento del invadido, la auténtica víctima.
Morgan es más primitivo al respecto; su
sentido de lo correcto está más ajustado, y no puede darse ciertos lujos,
éticos o morales, aunque procure no extralimitarse. Porque sabe que, como
flaquee, puede ser coautor de una matanza atroz. Morgan debe tratar con
despiadados asesinos que llevan bombas pegadas al torso para detonarlas en
algún centro comercial, o cine, donde la masacre sea grande, y que por el mismo
rechazo que tienen por la Humanidad, no merecen recibir trato humano. Morgan no
quiere saber que la retahíla de víctimas de esa bomba es por su culpa; por no
haber actuado con la debida contundencia en el momento debido con el culpable.
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| Sus temas eternos siempre empero novedosos. Hasta estás esperando que surjan algunos |
Higgins fue construyendo un elaborado esquema
literario donde el IRA (con ramalazos comunistas, cuando no trataron con
nazis), el lumpen londinense y el inefable BRIGADIER FERGUSON ensamblan el
escenario de bastantes obras. En cierto modo, el mundo está torcido debido a
sujetos como Ferguson, o sus contrapartidas comunistas, pasadas o actuales. Nos
consideran peones de un infecto juego de poder sin sentir compasión de
nosotros, sacrificables en nombre de una Gran Causa Mayor cuyos límites sin
embargo son difusos. Ferguson deplora que el presente enemigo no luzca uniforme
de la SS; se camufla de diputado de izquierdas o blandengue conservador que aprovechan las virtudes del
sistema para destruirlo. Ferguson no tiene claro contra quién debe lanzar a su
asesino de turno, sea SEAN DILLON o Asa Morgan.
Al fin consigue un premio, que llega de rebote, no como Mikali, quien no podía soportar la muerte de la hija de Morgan, y buscó la redención como mejor sabía.

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