viernes, 3 de julio de 2026

LA VISITA MARAVILLOSA — EL REALISMO MÁGICO DE H. G. WELLS

 

Esta misma servirá. Un brutal
contraste de realidades que, en una
reducción al absurdo, también vemos
en TARZÁN EN  NUEVA YORK.
Vaya si el concepto ha dado para
historias

La historia arranca con uno de esos cruces interdimensionales que MICHAEL MOORCOCK acabó popularizando. Esta novela de Wells es de 1895, y su temática dudo que fuese original. ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS  es un precedente, y seguro que por ahí encontraríamos más.

Lo importante es que Wells, fabianista con tendencias humanistas, que previno contra los populistas socialistas como OSTROG o CATERHAM, aprovecha la situación para hacer, más que una crítica, un retrato de los inmovilistas convencionalismos de su época, importante detalle pues muestra un pasaje de la Historia que, a conveniencia de los modernos impulsos reformistas (el fascismo WOKE), puede recibir tal mano “depuradora” que lo que reinterpreten sea antípodas de la realidad. Aun Wells, por fiel notario que pretendiese ser, alguna cosa alteraría para dramatizar su historia, y hacerla tan atractiva al lector como pudiese. Así insertaba mejor el mensaje a transmitir. 

Una monótona lectura sin alicientes liquida cualquier pretensión. De esta manera, Una visita maravillosa empieza con un tono ligero, rozando lo cómico, para abandonarlo conforme las lesivas vicisitudes que acometen al caído ÁNGEL ensombrecen su carácter y ese divertimento inicial.

Un maduro H. G. WELLS que, a estas
alturas de su vida, estaba decepcionado
con sus principios políticos. Veía a
usurpadores emplearlos para comprarse
chalets de 600.000 mil euros en clasistas
barrios galapagarianos. Y aún les votan

Wells nos dibuja su Inglaterra Victoriana y describe qué sujetos pululaban por sus aldeas y ciudades. No tiene miramientos con la mezquina aristócrata del pueblo que, primero, pretende apoderarse del Ángel para convertirlo en una de esas curiosidades gauche tan de moda en el momento de la redacción del texto (esto delata desde cuándo la izquierda tiene esclavizada y prostituida a la Cultura, bien general que no debería servir a ninguna bandera, sino elevar nuestros espíritus) y pasearlo por selectos salones londinenses como una anomalía estilo JOHN MERRICK.

Disimula sus alas ocultándolas bajo su abrigo. Así gana apariencia de gibado. Esto también estimula a la sorda e intransigente déspota local (que tiene al personal bien sometido a sus caprichos, sin encontrar entre ellos arrestos suficientes para contradecirla; acaso al final lo habría hecho el sufrido VICARIO HILLYER, quien padece una transformación mental/moral según debate con el Ángel las distintas diferencias de su maravilloso plano con respecto al nuestro, de férrea lucha dolorosa constante), empero las “presuntas rebeldías” del Ángel frustran sus planes.

Pretendía hacer entrada triunfal en Londres gracias al virtuoso violinista (en el tejado), mas sus “singularidades”, expuestas en una sesión musical organizada por su excelencia, desbaratan esa victoria. A renglón seguido todo son desprecios y denuestos. El Ángel no era esa curiosidad digna de apadrinar. Es un peligroso ácrata gauche que va por el pueblo “evangelizando” con eslóganes socialistas a los trabajadores, tan obtusos que desprecian cuando el Ángel pretende comunicarles. Hasta quieren agredirle sin motivo.

De un modo más dramático,
WALTER TEVIS recuperaría las
líneas maestras de esta novela
del visionario Wells

No. Wells no excluye de su elegante crítica a ninguna clase social contemporánea (suya). El Ángel nunca ha conocido el dolor; su primer contacto con él es en nuestro planeta. Un escopetazo del vicario, en concreto (somos los que primero disparan y luego preguntan). Y su encuentro con el vagabundo borracho (calco del “librepensador” que desprecia el capitalismo, pero goza de todos sus privilegios) es un borrador del ARTILLERO de LA GUERRA DE LOS MUNDOS, un soñador o inadaptado que posee todas las recetas para hacer un mundo mejor, aunque carece de todo impulso o ánimo para desarrollarlo. Delata al Ángel cuán engañoso es el imperio (británico). ¿Por qué el granjero se parte el lomo arando su parcela cuando dominamos numerosos países? Para eso están los negros o los hindúes (así lo explicita Wells); sin embargo, allí está el matao ese arando.

Décadas más tarde, WALTER TEVIS recuperará las líneas maestras de esta narración que, de inevitable manera gradual, concluye en tragedia. Mas la indulgencia del autor no puede consentir que un ser tan ingenuo, puro y radiante tenga tan aterrador fin.