viernes, 26 de junio de 2026

UNO DE LOS NUESTROS — MIENTRAS PAGUES A PAULIE…

 

Afiche. La satánica trinidad del
delito. El más listo (y asustado)
se salva al final. Empero detestó
el precio

Frente a esa… ambigua glorificación que MARIO PUZO hizo de la Mafia mediante el “sabio estadista” VITO CORLEONE y su imperio meticulosamente construido durante décadas de extorsión, violencia, proxenetismo y juego, sabiendo a quiénes sobornar para asentar sus negocios y fortificarlos, está esta cínica y cruda película de MARTIN SCORSESE, donde desnuda los intestinos de la brutalidad como la Mafia actúa.

Filma cosas que Puzo consignó en su afamada novela: el mundo a-parte en que mafiosos y sus aspirantes se mueven. Forman un cancerígeno nódulo aferrado a la Comunidad a la que saquea a gusto y, encima, desprecia considerándolos gilipollas. Cuantos curramos, contribuimos, nos dejamos el cuero pensando en un mejor mañana para nuestros hijos, somos para ellos marionetas a las que agredir cuando les parece conveniente. Cajeros automáticos andante-parlantes fáciles de amedrentar, aun sin esgrimir un Arma. Este nódulo tiene reglas, empero, y asume hay avatares inevitables, aunque procure burlarlos: la trena, por ejemplo.

Por entonces, la Mafia entendía era una especie de juego. Un gaje del oficio acabar una temporada a la sombra. No había un decidido encono contra la policía. Era… pasar un ritual de madurez te arrestaran. Daba prestigio, incluso. Cuando mafias extranjeras (jamaicanos por ejemplo) empezaron a actuar en los 80, la policía se volvió también objetivo. Y los jóvenes mafiosos, los HENRY HILL .2, tomaron buena nota y si debían fregarse un pies planos, ¡adelante!

Días de vino, rosas y risas. Parecía no habría fin
a una edad de oro de la Mafia. Y todo lo sugería

Henry contemplaba desde su ventana cómo esos orondos italianos (sicilianos casi todos) dominaban feudales parte de su barrio, desafiando los convencionalismos que amargaban a su padre, considerándolo un perdedor. Mas lo que a Henry atraía era, dinero y respeto impuesto por el miedo aparte, el oscuro glamour que dimanaban aquellos sujetos de amplio contorno rapidísimos en ejecutar cualquier violencia.

Ávido de ese glamour, Henry se sumerge hasta el fondo del delito para disfrutarlo. Esta es su historia, dirían en LEY Y ORDEN. Un prestigio asociado a dos peligrosos psicópatas para quienes matar no era una complicación, siquiera un trámite profesional, eso que EL PADRINO siempre calificaba como “nada personal; negocios”. Para TOMMY, el vehemente mafioso que encarna JOE PESCY, asesinar suponía el fastidio de desenfundar su calibre. Para JIMMY (ROBERT DE NIRO) la cosa discurría en paralelo. No obstante, parecía más comedido; se daba aún un segundo para recapacitar. Usar la extrema violencia como último ÚLTIMO recurso. Aunque una vez lanzado: imparable.

De muy buena casta KAREN HILL no debería ser
cuando con tanta tranquilidad admitía los turbios
chanchullos de su adúltero esposo

Algo llamativo de estos entornos son esos tipejos que mosconean a calibres 90 como Paulie (PAUL SORVINO), de quienes conocen el peligroso CV y se pegan a ellos, aun así. Bromean. Chulean. Agasajan. Les piden dinero y luego procuran no devolvérselo, con o sin elevados intereses. De toda la violencia imputable a los mafiosos, es la que más justificada veo. Porque ¿no ves cómo es el tío? ¿No te has enterado de cómo Jimmy se ventila a cualquiera que le mire mal? ¿Pretendes chulearle no devolviéndole el préstamo, llamándole hijo de puta usurero encima? Pues eso hace el estúpido de los peluquines. Y así acaba. ¿Qué le pasa a esa gente para despreciar el riesgo?

Henry era de otra pasta. Tenía sesos. Supo utilizarlos hasta que la coca se los licuó, empezando su declive. Su esposa sufre también de ese ataque de glamour por el Reverso Tenebroso que despide Henry, y como reconoce, oír hablar de atracos, muertes y palizas se la vuelve de lo más natural, rodeada de una caterva de cómplices esposas idiotizadas.

PAUL CICERO advierte a su destacado pupilo del
riesgo de las drogas. Curiosa la resistencia de los
mafiosos de viejo cuño a los estupefacientes

Scorsese estoy seguro no pretendía competir con El Padrino, quizás ni aleccionarnos, hacer una de esas cintas policíacas de los años 50 de “el crimen no paga”. Plasma un entorno radical habitado por conflictivos sujetos extremos y con los cuales no conviene ni coquetear ni idolatrar, cosa que parece hace Puzo. Es aterradora gente real, vecinos nuestros. No te respetan. Te acojonan. Y estamos indefensos ante ellos.

jueves, 25 de junio de 2026

READY REAPER EN LA 41 FERIA DEL LIBRO DE CÁDIZ 2026 — FIRMA DEL LIBRO

 

El cartel que anuncia el
importante evento cultural

Me complace soberanamente anunciar que READY REAPER – CABALLEROS DE FORTUNA 1, estará entre los manuscritos a firmar el sábado 27 del corriente en la Feria del Libro de Cádiz. El imaginativo autor del poderoso manuscrito ucro-steampunk estará desde las 11 de la mañana hasta más/menos hora almuerzo (si por aburrimiento no lo larga antes el propietario del stand) a disposición de los lectores interesados en saber más de esta compleja, rica e imaginativa historia, cuyos márgenes continúan ampliándose, según evidencia LA VENGANZA DEL REY LAGARTO.

La iniciativa parte de la editorial, YERAY EDICIONES, contando con el apoyo de la librería de Rota CASAGATO. Estaremos en el stand CASAMATA 10. La Feria del Libro gaditana se ubica en el BALUARTE DE LA CANDELARIA. (Harto conocido para los nativos de la ciudad. Empero a ver cómo vuestro scriptor se las apaña para encontrarlo sin mucha demora —que el tren de regreso no espera—.)

Serán bienvenidos todos quienes quieran acercarse a preguntar por la fecunda diversidad de esta Europa de Imperios de 1805DC y cómo el relato se interconecta con el resto de historias acogidas bajo el epígrafe “una historia de la frontera” e Hyperspacio, lo cual genera tan sugestivo efecto de retroalimentación.

¡Os espero, leales lectores!

viernes, 19 de junio de 2026

EL PADRINO — GLORIFICANDO AL SICILIANO

 

Entre tantas, esta misma. Es
curioso: cuando ves antes una
película basada en una novela,
la imagen en memoria es la del
actor que encarna al protagonista;
el PADRINO de la historia no se
parece mucho a BRANDO

Una desasosegante impresión que desprende esta (clásica) novela de MARIO PUZO (guionista del primer SUPERMAN —desconcertante encargo; Puzo ya estaba vinculado al hampa; ¿era el adecuado para contar la historia de un opuesto al lumpen?—) sobre la Mafia es que parece aprobar sus actividades. Ubica en un venerado pedestal a VITO CORLEONE, respetado personaje reposado, de notable sapiencia, genio visionario, auténtico perspicaz estadista. Puzo alude a las acciones de extorsión, violencia, prostitución, drogas y asesinatos considerándolos “gajes del oficio”. Establece un peculiar paralelismo con los Estados, estimando a la Mafia un Estado dentro del Estado, con el cual actúa en simbiosis, ¿eh, LUCKY LUCIANO?

Corleone mima a sus jueces y políticos sabiendo le devolverán el ineludible favor que les hace; tiene una fórmula incluso conciliadora: le haré este favor, confiando que algún día me lo devolverá, empero ese día quizás nunca llegue. No; el astuto Padrino sabe que ese día llegará inevitablemente, como la muerte y los impuestos, y por eso lo hace.

Una chuminada puede irritarle por el hecho de que el peticionario puede resolverlo solo. El Padrino está para los asuntos de calibre 90, aun de sangre, consiguiendo encadenar a su voluntad al que pide. Lo hará con mucha política, gentil verbo limpio, causando al que pide culpabilidad de negarse cumplir su palabra. Puzo apoya el Imperio Corleone en dos pilares: la lealtad y la omertá (no sé qué fuentes consultó para establecer esos cánones —me da pereza mirarlo en Gloogle; me gusta más especularlo—).

MARIO PUZO; desde este ángulo, se
parece a MARLON Brando; ignoro las
fuentes en que basó su relato (novela que
no destaca por uin incisivo estilo), empero
la glorificación de la Mafia es patente

Nadie del entorno del Padrino osaría romper esos basamentos; procura Corleone Padre rodearse de gente que sabe jamás quebrantarán esos principios. Para quien lo haga, tiene para arreglarlo al escalofriante LUCA BRASI, cuya muerte fue demasiado compasiva para alguien tan despiadado.

Puzo envuelve con una atmósfera seductora “su” Mafia, una Mafia caballerosa, de  honorables, donde la palabra dada es patrón oro absoluto. Les escusa tanto las canalladas como las kanalladas. Legitima la extorsión, la prostitución, el latrocinio, el asesinato. El que debe morir lo merece. ¿Cómo empieza la novela? Con un atropello judicial y un ofendido padre que pide al Padrino la justicia denegada en los tribunales. Al concederla, pone al lector de parte de Corleone. Es sensible al dolor. Se erige Corleone señor feudal con poder sobre vidas, muertes y haciendas. El orden, la única autoridad a respetar, es la que dimane del Padrino, consolidado gracias a su vasta red de deudores.

Puzo pienso obró así obligándonos a contrastar el Estado con el Imperio Corleone (‘limpio’, comparado con las restantes Familias). El Gobierno extorsiona mediante los impuestos; facilita protección gracias a la policía, o la quita dictando aberrantes sentencias; ordena muramos implicándose en guerras; proporciona el ocio a nuestra elección… si le rinde beneficio. A placer, lo cancela. Contrastándolos, ¿los Corleone son tan malos? Son el “intra-Estado”, cercano a ti porque los ves desde tu balcón (LOS SOPRANO), no en la TV. Toda una construcción fantasiosa que, fallecido Vito, el pequeño MICHAEL entronizado empieza a cambiar.

Claro, hubo película. No me
convence la frialdad como
MICHAEL CORLEONE afronta
la vendetta por la muerte de su
esposa, APOLLONIA, que más
semeja un pegote que un amor

Soporta los principales estándares, que modifica conforme pasa el tiempo y evoluciona la Sociedad. Los valores pre Segunda Guerra Mundial valieron hasta Corea, por poner. El nuevo Imperio Corleone, pese a desear Michael unos Corleone respetables, fuera de todo ese tóxico ambiente, debe mutar para retener su poder, ampliándolo incluso empleando el sadismo. Otras mafias surgen. Y necesita otras armas para combatirlos.

Como novela de mafiosos, obras como AMÉRICA y SEIS DE LOS GRANDES la superan. La inversión de los Corleone en Cuba o Las Vegas ignora nombres como BUGSY SIEGEL, MICKEY COHEN, MOMO GIANKANA o MEYER LANSKY, verdaderos calibres 90 de la época. ¿Incluirlos disolvía la ilusión de gentiles señores feudales como Puzo retrataba a los Corleone?

Secundarios como JOHNNY FONTANE o LUCY MANCINI… ¿de veras merecían esa relevancia? Y turbio sigue el asesinato de SONNY, pese a las explicaciones de Michael.

viernes, 12 de junio de 2026

EL REY DEL JUEGO — YOUR LATEST TRICK

 

Afiche. Hay un toque de FAUSTO
en esta película; dos mujeres se
disputa el ánima del KID; MELBA
que encarna el vicio y el mal, y la
"pura" CHRISTIAN, el refudio al
que acude cuando fracasa

NORMAN JEWISON enfrenta en esta película dos estilos de vida por los cuales debemos pasar inevitablemente: el ambicioso empuje de la juventud y el reposado tactismo de la madurez. Para establecer la parábola escoge a ERIC STONER, el KID DE CINCINATTI (el icónico STEVE MCQUEEN), deslumbrante jugador de póquer dotado de un talento innato para salir triunfante, y a LANCEY HOWARD (EDWARD G. ROBINSON, antiguo rey del cine de ganster de los 30), experimentado, ODIADO/envidiado e imbatible rey del juego, enfrentándolos en una homérica partida.

Es curioso ver cómo una acción que se reduce a dos hombres ante el tapete verde combinando juegos pueda dar para más de hora y media. Para hacerlo, Jewison apresta argumentos secundarios, como endebles telarañas, para agilizar la trama y no matarnos de aburrimiento. Esto es cine comercial de calidad, no esos tediosos existencialismos que ponen de rictus erectus a LISA SIMPSON o FRASIER, donde lo más emocionante es si abren o no una botella de champán, por si el corcho rebota no sé dónde golpeando alguna reflexiva mollera.

Las tramas secundarias principales la abonan SHOOTER (KARL MALDEN) y el despiadado y rencoroso magnate de Nueva Orleans SLATER, a quien Lancey da una buena paliza a las cartas, hiriendo su inflamable vanidad y ego. Para Slater ver enfangado al maduro maestro de los naipes se trueca obsesión. Encuentra una adecuada palanca para ejecutar su venganza: Shooter, a quien presiona con unos vales de deudas para que haga lo que más repugna al veterano jugador: trampas. Un sólido aire de probidad une a Kid, Lancey y Shooter; Kid no piensa erigirse rey del juego mediante una añagaza, que en seguida descubre.

El duelo ha estallado; los vértices protagonistas
en el fotograma. Nueva Orleans contra el maduro
LANCEY HOWARD, hasta que éste da la sorpresa.
El presunto vencedor desaparece de su afecto

Enfurece, motivado por su amor propio, y una subconsciente certeza: si gracias a estas trampas gano hoy, cuando me enfrente a quien sea, ya coronado monarca del póquer, y me zumba una paliza, ¿de qué vale mi título? Lancey lleva décadas reinando mediante su astucia, experiencia y habilidad, eso nadie lo discute. Shooter mismo lo ha afirmado: le dejó pelado cuando jugaron. Sería deshonesto ganar así. Mi coronación debe ser pura, justa, ganada en justo lance: indiscutible.

La dignidad se ha convertido en caro artículo en nuestros procelosos días. Verdad que siempre ha sigo materia de una rebuscada sobreestimación. Todas las épocas han tenido rufianes así como defensores de la dignidad. Empero, como lo que estamos viviendo a fecha de esta reseña, muy poco en la Historia puede comparársele.

En esta época de edadismo, Howard
muestra por qué no conviene desdeñar
a la experiencia que otrogan los años

Y mantener una ejemplarizante dignidad ante la adversidad es asimismo argumento muy usual del cine. La novelería caballeresca aparece para moderar una bestial Edad Media merced a unos ejemplares y dignos caballeros que trataban con gentil compasión (reservada a sus pares, esto es) confiando que los reyes y nobles de entonces les imitasen y no sofocasen a la gleba. Fracasaron, la verdad. Este cine emula esos pasos: presenta sujetos íntegros que impulsen al espectador a comportarse con esos elevados estándares morales. En esencia, por sí mismo, para ver si es capaz de ser otro ciudadano. Más que el juramento a la bandera, los conceptos patrióticos, pagar impuestos. No parece que la cosa fermente tampoco en nuestros más “culturizados” tiempos, dominados por la rapacidad y la avaricia, a caballo de la desconfianza y la polarización de marras.

Kid agrede a Shooter. Exige una limpia victoria irreprochable sobre Lancey. Su juego es brillante, consigue poner a Howard en un brete. Mas entonces Kid recibe una valiosa lección. Lancey demuestra que sabe más el Diablo por viejo que por diablo, y Kid se deja ofuscar por la edad y ese aparente “entumecimiento” que sufre Lancey. En la secuencia que enseña la jota, es cuando Lancey de implacable semblante muestra su último y más eficaz farol, derrotando a Kid. Cae la máscara. Mi experiencia y tu vanidad te vencieron.

viernes, 5 de junio de 2026

EL GRAN GATSBY — PREÁMBULO A LA GRAN DEPRESIÓN

 

Esta misma portada. Trasluce 
algo que compendia la novela:
de trasfondo, retrata una feria de
las vanidades que encubre el
titubeante romance de GATSBY

F. SCOTT FITZFERALD hace un acertado retrato de lo que se llamó la Belle Epoque, ese “entretanto” entre guerras que sobre todo dominó Francia; una estremecedora contienda inaudita había sacudido el ancho mundo (Europa principalmente), quizás la más devastadora de las habidas hasta entonces, y cuando llegó la pax, las naciones vencedoras se consideraron despertar de una pesadilla demasiado vívida como para revivirla. En ese autoensalmo artificial que Fitzgerald retrata diseminaron las simientes del nazismo.

Los vencedores, borrachos de triunfo, apretaron implacables las clavijas a la perdedora Alemania fautora de guerras de tal modo que consiguieron alienar una nación y dar poder a un rencoroso hombre que descubrió estaba en condiciones de tomarse una terrible revancha. Tras la Segunda Gran Guerra, tomaron buena nota de qué no debían hacer. De todos modos, ayudaba tener un aterrador enemigo a las puertas: la comunista Unión Soviética, viejos “aliados”, verdugos potenciales ávidos de dominio global. La paranoica alienación alimentaría durante décadas a ambos lados del Telón de Acero, ¡más ACERO!

Fitzgerald retrata, desde un aséptico punto de vista, frío, el glorioso verano de 1924 de un misterioso magnate aterrizado en Long Island, dueño de una fastuosa mansión en la cual celebra fáusticas fiestas con generosa regularidad. Por sus jardines paseaban todo tipo de apalancados de mayor/menor relevancia social, llevados por el impulso de “dejarse ver” junto o la proximidad de la palpitante sensación del momento.

F. SCOTT FITZGERALD en una
pose de perdonavidas propia de
RODOLFO VALENTINO. En el
fondo, mejor que la última "pose"·
del MACARIO literario de moda:
¡en camiseta de albañil y boina!

El esnob mundo del postureo es así; sólo debes abrir revistas como ¡Hola! o ver programas de cotilleos para notarlo. Hay otros sujetos, menos glamourosos, que también aprovechan estos espasmos de popularidad, moviéndose entre sombrías bambalinas: políticos, empresarios, aspirantes “a algo” que pisan cierto terreno firme. Las veladas de Gatsby suponían oportunidad de contactarse, comerciar, ODIARSE, aliarse para formar imperios o derribarlos. Varios ejemplos aparecen en la historia.

NICK CARRARAY, que relata este verano de corrupción, desprende la sensación de estar vacío de emociones. No es que procure tomar distancia/objetividad, sino que le importa todo una mierda. Su indiferencia es casi robótica; propia de esos entes extraterranos de la ciencia ficción sanasimoviana que toma nota de todo desapasionados, aunque del tiro salpicaran los sesos su camisa. Objetaría un: Oh, ¡vaya! La sangre no sale de la seda, dando un trago a su martini con la indolente pose del DAVID de MIGUEL ÁNGEL.

Es falsa la emoción como Carraway congenia con Gatsby, quien le revela en un momento concreto su real nombre y modestos orígenes de aventurero a quien el avatar brindó una oportunidad única de ser magnate. De desahuciado héroe de guerra se transformó en un opulento desconocido semimafioso obsesionado con un amor de juventud y quien edificó (aunque ya estuviese allí) una mansión a fin de controlar a ese amor que desea poseer con dolorosa ansiedad… siempre quedando en unas incómodas tablas de castidad.

La más reciente adaptación.
creo. En todo caso, la imagen
del difunto ROBERT REDFORD
es la que ves cuando lees sobre
el misterioso Gatsby

Sólo hay un esbozo de humanidad por lo ocurrido y por Gatsby hacia el final. Entre tanto, Carraway (y su peculiar romance con la golfista —ejemplo de la fatua superficialidad e inmediatez de la Belle Epoque, deportista veleidosa convencida de que este episodio de champaña, charlestón y tiroteos de gansters en Chicago sería eterno, para compensar la Gran Guerra—) se implica en el ansia de recuperar un tiempo perdido y una certeza que en Verdún voló por los aires. Querer volver a un mundo que nunca existió en realidad, un embrujo de inmovilistas clases sociales y vistosos bailes con príncipes en palacios propios de cuentos de hadas. Autohipnotizados por la necesidad de olvidar, en ningún instante Carraway (notario de esa Sociedad) pudo intuir que la Bella Época estaba gestando una nueva, violenta y prolongada oscuridad al planeta. Por entonces, cuanto agujero negro podía percibir era el del celoso racista TOM BUCHANAN y su esposa, DAISY, que despreciaba al marido y pensaba amaba a Gatsby. Pensaba.