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Portada de fotograma de lo que presumo adaptación al cine; espero lo hicieran con más brío y coherencia. Para colmo, la traducción del texto tiene espeluznantes pasajes |
La trama de esta novela de JOSEPH CONRAD obligaba
a darle un áspero carácter policial, no su fatigosa sucesión de reflexiones
filosóficas sobre el submundo del terrorismo ácrata y sus dirigentes. Conrad se
descarga en el prólogo de las críticas que vierten de que la novela pareció
sucia a algunos lectores (deberían ser influyentes para le escociera tanto, redactara
esa suerte de disculpa) alegando que quizás debería aligerar tal sordidez que
escandalizó en una nueva reescritura. Lo sucio no es el problema, señor.
El agente secreto permanece en el limbo. La novela tira a
los espías, a lo BOND, JAMES BOND, a lo policíaco, a lo SHERLOCK HOLMES, empero
Conrad se empeña en amontonar verbos y adjetivos sobre ADOLFO VERLOCK, su
señora WINNIE, el INSPECTOR JEFE HEAT y el SUBCOMISARIO, añadiendo los de los
principales líderes y teóricos del movimiento anarquista que pretende lo que todos esos canallas: derrocar el Gobierno… para ponerse ellos a usurpar sus funciones, privilegios y palacios. No os engañéis. “Defender”
al populux es su cómodo/gastado pretexto; lo orean con frecuencia adornándose
de un mesianismo rojo que embroma a los desesperados.
¿Recordáis el 15-M, aquél ‘terremoto’ que
sólo proyectó al Parlamento a una banda de interesados flojos y rodillapelás
pirañas que aprovecharon la coyuntura para su personal lucro, asaltar
plataformas económicas/de influencia que jamás conseguirían de otro modo? Quedó
en defraudada gente escéptica de ojos inyectados en sangre que miran hacia
adelante creyendo las mismas mentiras por miedo a reconocerse lo pardillos que
fueron entonces. Les duele eso más que desprenderse de esas extenuadoras
sanguijuelas.
El agente secreto adolece de una irritante falta de ritmo al no determinar Conrad en qué género ubicarla. Sin cesar los elementos se lo gritan: Tío, somos detectivescos. Una investigación. La carcoma del incipiente comunismo. El terrorismo que amenaza las instituciones. La panoplia de elementos subversivos. Olvida perorar sobre OSSIPON o MICHAELIS, viscosos vividores (Michaelis, el principal chupóptero de la Alta Sociedad a la que luego quiere extirpar sanguinariamente). Céntrate en el dinamitero EL PROFESOR, misántropo tan aislado en sí mismo que vive en una arrogante esquizofrenia permanente que preconiza los elementos eugenésicos nazis.
Tampoco escribe un panfleto
filosófico-político pensando que su deber cívico es advertirnos de los peligros
de unos movimientos violentos (bien, vale; el problema es que lo hace con tal
completa falta de incisión que lo convierte en circulares divagaciones de más
de treinta agotadoras páginas) disfrazados de renovadores de la especie, unos
hablando de repartir la riqueza, otros de matar a minusválidos y débiles, y que
hallan un peligroso nicho de seguidores entre gente ignara o malvada. Hace un revuelto de temas que es el que perjudica el conjunto de la historia.
Yodo arranca con una idea ingeniosa: una tercera
potencia introduce un agente secreto perturbador para realizar atentados en
suelo extranjero y así forzar al gobierno de esa nación a seguir los postulados
que el jefe del agente, el arrogante SEÑOR VLADIMIR, un ruso despiadado, quiere difundir a escala global; ese agente es Verloc.
Hay varios pasajes donde esta gentuza arribista està descrita tal cual es. Pasmoso |
Conrad describe a anarquistas y revolucionarios
con taras físicas, mentales o morales; a lo DICK TRACY o BATMAN Veamos: el Señor Verloc: flojo. Redomado vago.
El Profesor: un enano esmirriado fatal de la olla. Ossipon: mulato donjuanesco
que vive de las perras que sangra a ocasionales amantes incautas. Michaelis
adquiere un generoso contorno abdominal y desarrolla una aberrante neurosis “apostolar”/epistolar.
Es llamativa significación que hace Conrad de que distorsiona el Mal cuerpo y
alma; elige a sus agentes y los mutila de alguna forma, física o anímica. El
Subcomisario casi entra en esta discriminación, pero al estar en el bando de la
Ley, pues...
Triste destino el de Winnie, sencilla/simplona mujer de ambiciones arrebatadas a la que las cargas familiares y luego un estafador sin conciencia hacen la verdadera trágica víctima de toda esta conjura de los necios.