viernes, 20 de febrero de 2026

LOS APÁTRIDAS — UN BUEN REY AMENAZADO

 

Portada. Lo de siempre: HITECH
desbordante empero mal aprovechada
y una racanería de descripciones sobre
las urbes injustificable. Que eran dos
párrafos, si llegaba, hablar de las
vastas arquitecturas capitalinas.
 

Hasta ahora, las novelas de a duro reseñadas seguían grosso modo el esquema del space-opera, con mayor/menor incisión al respecto. Las necesidades de la producción obligaban a que fuesen rápidas historias de económico lenguaje (poca prosopopeya) con el empleo de clichés que mostraban desgaste en sus esquinas, de puro abuso.

Bruguera no dirigía estas historias a un público exigente, cuando podía permitirse dar cierta calidad/categoría literaria. Los narradores tenían escuela y vocabulario, aunque limitado imagino por editoriales exigencias: no vayas de GÓNGORA que me espantas a unos lectores que no acabaron EGB, nuestro principal delta de público. Van cortitos.

Tías buenas, héroe irreprochable lleno de recursos que ni DOC SAVAGE, el típico villano con las manidas artimañas (conspirador ambicioso con secuaces de escasas luces empero ávidos de complacer a su patrón, aunque abrigasen en alguna esquina de sus sesos cierta ambición personal) y un escenario más/menos fantabuloso en alguna remota esfera del Cosmos, vasto y antiguo, del cual procedemos.

Bueno, de la Vía Láctea, que amplia, es. Modérate. Aunque al ser ciencia ficción esto te extiende un cheque en bianco para imaginar… hasta una fábula contra el Régimen que pueda confundir al censor si lo planteas bien, o la desprecie por el simple hecho de tratarse de ciencia ficción.

Por la ciencia ficción pueden colarse muchas denuncias antiautoritarias amparadas por considerarse al género cosa de idiotas e inmaduros. No de expertos y sabihondos de la Alta Literatura que aborrega/anestesia indolentes lectores, esnobs ansiosos de que les vean leyendo “ese libro” tan en boga/boca de todos, pese a ser un cagarro.

Les presento al autor, cuando no era
GLENN PARRISH. Por lo tanto, el
asunto de la escueta (o nula, por no
decir ausente) descripción de los
megabloques y megaautopistas, así
como restantes engendros técnicos,
queda explicada. El hombre o no
estaba por la labor, o asumía que el
lector idearía unas arquitecturas 
sensacionales leídas en otras novelas

CLARK CARRADOS (pseudónimo) ofrece una variedad de lo que he comentado; no es aventura de los tres mil años luz. Describe un planeta en su apogeo científico, político y social (aparentemente), aunque unas sombras empiezan a extenderse/alargarse por mor del conspirador que se considera desdeñado, estima su capacidad para gobernar es más-mejor por sus cojones. Consigue amenazar la corona del emperador AGHRON, de Zwordos, con unas manifestaciones soliviantadas por su primer ministro, que complota para arrebatarle el trono porque sabe como nadie cómo ser el puto amo.

Uno de sus secuaces provocó un disturbio colonial que el valiente oficial NECK BALL sofoca aplicando la inteligencia y la indulgencia. (Ball es ese héroe íntegro que deshace el entuerto que el ministro está provocando desde la sombra.)

Carrados publica una obra descuidada; elementos que al comienzo consideras fijos hacia la mitad cambian y colisionan al final con todo. Verdad que no debemos esperar una sublime obra del género (cuando pudiera serlo; talento el autor tenía), empero es una descortesía con el lector que Ekhorghos se llame pocas páginas después Skhorghos, o que AGHRINA, hermana del emperador, bizarra antianira, reproche a Ball que no la rescate, cuando vio cómo los esbirros de su secuestrador le asaeteaban y caía a una caudalosa cascada; sobrevive por milagro. Y aun así, Aghrina quiere que la rescate ¡YA! Adónde se habrá metido, llega a clamar.

Más: cuando Ball consigue rescatarla, en vez de partir a todo carajo en su aerocoche, para evitar la desgracia a Eghron, ¡decide hacerla el almuerzo! Como si la niña no pudiera haberse apañado con un bocadillo, que el viaje no iba a durar tanto.

La diversificación de la producción
de estos escritores; el arte sale del
hambre, de saciarla. No de las tontás
elitistas de los poetastros con ínfulas
"artísticas" o los MACARIOS que
el poder elige y manipula para 
"deslumbrar" con su "intelectualidad"

Dudo haya una intención secreta este libro de corte social. Todo el jaleo lo origina que los de Skhorghos (o una conflictiva minoría) quieren retornar a su mundo, del cual huyeron milenios antes tras una guerra apoqueclíptica total para asentarse en Zwordos, donde han desarrollado la HITECH de la que disfrutan.

Carrados precisa que, marchando, Zwordos quedaría en términos técnicos medievales… cosa inconcebible, pues los apátridas llevan tanto en Zwordos que han debido instruir técnicos nativos. Se aferra a eso: idos, caen en la Época Oscura.

Carrados evita cantar a la integración de los emigrantes en las sociedades, ni censura la rigidez de los nativos a la hora de integrarlos, buscar el mestizaje, para engendrar una población que combine lo mejor de ambas razas. Es una débil insinuación que despacha con unas frases desapasionadas que remata Aghron diciendo que, con el enlace entre Ball y su hermana, Zwordos, ahora todos unidos, empezará a llamarse Tierra.

Vaya salida pueril.