lunes, 30 de mayo de 2016

IRON MAN/THOR: COMPLEJO DE DIOS — LA MEDIOCRIDAD BARRENA AL CÓMIC

(Engañosa) cubierta de RON GARNEY.
Ahí está toda la acción del recopilatorio
No hace tanto comenté la escasa calidad de FIRST WAVE, donde BRIAN AZZARELLO, una de las fatuas “lumbreras” del cómic moderno, demostraba qué incapaz puede llegar a ser. Estamos ante un caso parecido, ligeramente por encima de la propuesta de Azzarello, pero que confirma la inquietante oleada de mediocridad (siendo generosos) que desluce al tebeo actual.

El presente recopilatorio, donde el dibujo apenas consigue salvarlo, cuenta cómo un supervillano oriundo de LOS 4 FANTÁSTICOS y el ALTO EVOLUCIONADOR (tío con tremendas empanadas mentales) pretenden derrocar a los panteones clásicos. Los ven desfasados. En el siglo XXI otra marca religiosa debe atender nuestras súplicas. Todo puesto al servicio del deseo megalómano de conquistar y gobernar propio de estos sujetos. Pero, bien urdido el engaño, consigue embromar al Alto Evolucionador, patrocinador de la empresa. Lo más divertido: ¡TONY STARK será el receptáculo del nuevo dios!

Hubo un tiempo en que la propuesta habría causado expectación; en especial, entre los nostálgicos. Hoy día: casi ni merece las seiscientas palabras de este comentario. En época de STAN LEE, o ROY THOMAS, estos números serían antológicos Marvel. Los guionistas, en tándem con los dibujantes, hubieran forjado una pequeña obra maestra evocada en el futuro. Y moldeada para que, además, apareciesen una sucesión de secundarios de ambos personajes, así como gestase la siguiente tanda de aventuras. Y habría un poco de romance, amenaza, suspense, humor, todo en veinte páginas que, seguro, alguna se la podría apañar para ser memorable.

AL LORO: plancha de otro cómic, no
del reseñado; pero ejemplo de cómo
tendría que haber sido. No lo leído
Los guionistas implicados cuanto más han compuesto una aventura donde no existe el fondo. Sin secundarios, salvo alguna figurilla insignificante que debe lubricar el tránsito intestinal de la acción por planchas de dos viñetas y minimalista en coloquio. Hemos pasado de tener cartuchos de texto y bocadillos plenos de simpáticas tonterías, o simplismos dramáticos, a nada. A diálogos que, tildarlos de pueriles, sería glorificarlos.

El dibujo se defiende, pero el escogido para “dar forma” al texto del guión se las apaña, dentro de su línea realista, para perfilar grandes masas que copan toda la viñeta; las rotundas figuras engullen el fondo, como adolecen de dinamismo. Aun correctas, no transmiten “sensación de vida”. Las antaño codiciadas “secuencias de acción” se reducen a dos o tres puñetazos dados sin provocar emoción alguna. Un martillazo propinado por un Thor que parece de cartón piedra, una descarga repulsora de Iron Man, terminan todo el alboroto. No ves el peligro, la tensión, la amenaza. Los oponentes inquietan sólo porque lo dice el libreto, su vieja leyenda urbana; los respaldan tantos años Marvel. Pero aquí, no justifican su fama.

Una de las pocas viñetas estelares que componen el tomo
reseñado
Se limitan a un poquito de aspavientos, a proferir viejas fanfarronadas grandilocuentes propias de ellos… y FIN. ¿Dónde están PEPPER POTTS, o HAPPY HOGAN, o LADY SIF? Los TRES GUERREROS quedan reducidos al voluminoso VOLSTAGG (se habrá zampado a los otros dos), y, para lo que sale, mejor se quedaba en casa. Y el apetito de aventuras al viejo estilo: insatisfecho. Sin líneas paralelas de acción, subtramas, futuras complicaciones, según estábamos habituados.

¿Qué está pasándole al cómic, al mainstream, en este caso? Porque hablamos de pesos pesados de la Casa de las Ideas. No de mindundis cualquiera. ¿Los guionistas han tirado la toalla? Ante una masa de lectores de generalizada pobreza cultural, ¿no consideran sino que deban presentar un texto pasable, cobrar, dedicándose a otra cosa? 

El escaso aliciente del recopilatorio subyace en el dibujo
La culpa quizás, entonces, no sea de esos escritores, sino del relevo generacional. No ve la estafa, porque carece de energía para contrastar lo habido con lo actual. Lo aceptan, y punto. Inquietudes igual de deleznables les embargan. Entre divos arrogantes como Azzarello, y mantas como estos dos, conseguirán matar al cómic.