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Producción gala donde se afirma que el dinero es el amo. La inquietud que causara a personajes que aquí se vieran retratados la diluye un vistazo a sus ingresos |
No es caso único, rara avis, en la banca o cualquier negocio. Sucede que nos centran
en él para describir cómo un grupo de atildados señores con costosos trajes de
corte elegante deciden sobre nuestras vidas, ilusiones y esperanzas sin el
menor remordimiento del daño que puedan causar frustrándolas. El inquietante
protagonista, cuyo triunfo se debe ora un tanto al azar, otro al cálculo, a
veces experimenta mínimos-nimios complejos, pequeños deseos de hacer lo
correcto.
Empero se impone su codiciosa esencia. En
cierto momento, su esposa plantea: ¿Todo tu modus
vivendi es el dinero? (amasarlo). Contesta: ¿Hay algo más? Con ese credo,
se lanza directo a su consecución. No para en barras. Husmea oportunidades, las
rebaña hasta el tuétano, oteando después dónde conseguir más con igual rapaz instinto.
A su alrededor, no menos ambiciosos pero
más comedidos “asociados” recriminan su descarada actitud. Disfrazan su codicia
respetando conservadores rituales pausados muy diferentes a la veloz voracidad desnuda
que el hombre escogido para presidir el Banco
Phenix (a quien estimaban manipulable títere de baja estofa, al cual
contentar con varias prebendas anejas a su importante cargo) manifiesta sin recato.
Revolviéndose contra ellos, aún.
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Tentando al que consideran un manejable hombre de mimbre. Acertada elección de GABRIEL BYRNE, porque, una vez, fue el GRAN TENTADOR, el Diablo |
Incluye El capital destellos de información sobre lo que está ocurriendo. Empresarios
y banqueros norteamericanos prepararon esta crisis económica para reforzar sus
intereses, menoscabar a los rivales europeos, colocar a los Gobiernos en aprietos
y laminar nuestros derechos sociales. ¿Lo peor? Es inevitable. Han tejido tal compleja
e inexpugnable urdimbre, que todo intento de lucha es anecdótico.
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La modelo internacional, de dorado, un capricho de doble filo, un caro esparcimiento sexual que podría costar a este ambicioso banquero más de lo que piensa |
El comunismo, HOMER SIMPSON dixit, funcionaba sobre el papel. La
práctica demostró su estruendoso fracaso por lo mismo que cojea el capitalismo:
el factor humano. La codicia. La ambición. El
capital también retrata el egoísmo particular. Describe a hombres que saben
que no hay más dios que el dinero. No lo poseemos. Nos domina. Aunque finge
plegarse a nuestros deseos. Son sinceros al respecto, por desagradables y
ruines que aparezcan. Su pragmatismo es el que está desolando el mundo, según
acumulan riqueza personal, que es lo único que (les) cuenta.
¿Qué hay fuera del dinero? ¿Ideologías abstractas que persiguen bondades universales predicadas, sin embargo, por gente que disimula su avidez del estatus que proporciona el dinero, o éste, hablando en nombre del populux? Una de sus aliadas intuye los tics de decencia de este hombre, lo anima a denunciar las prácticas insanas para poder sanear la estructura. Hay aún esperanza para nosotros.
Ni lo duda. Expresa razonamiento acertado y se aferra al dinero. No hay más, insiste. Si no, miremos en torno. Día-a-día cunden ejemplos que dibujan a este hombre, esa política. El pesimista final lo lacra indeleblemente: esto no tiene solución. Perdurará.