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La alegórica portada refleja la soledad territorial donde se desarrolla la novela y la que contienen sus protagonistas |
Pocas veces encuentras una novela escrita
con tal elegancia y habilidad. Percibes sus cualidades desde el primer párrafo.
La pulcra elección de palabras engancha de forma irremediable. LARRY MCMURTRY,
dramaturgo experimentado en la temática del Oeste, relata una “biografía”
desmitificadora de BILLY EL NIÑO llena de reflexión, algo de humor y
perdurables personajes perfectamente perfilados.
Querido
Billy empieza como
crónica salpicada de humor. Mas, conforme nos introducimos en su trama, se
torna más oscura, bordeando lo siniestro. El narrador, un acomodado señor del
Este, preso de una intensa fiebre por cuanto supone el indómito Oeste, que ‘vive’
a través de las ficciones de las dime novels (la narrativa económica “de
a duro” que aquí ‘acaparó’ MARCIAL LAFUENTE ESTEFANÍA), hasta el extremo de él
mismo convertirse en un reputado prosista del género, termina yendo al Oeste,
donde conoce a Billy antes de ser la tremebunda leyenda urbana que le imputan hoy
día.
Retrata a un joven feo, menudo,
desorientado. Acomete al mundo a punta de revólver porque considera es la forma
correcta de tratar con él. El escritor intenta darle, en todo momento, pátina
de piedad a este hosco muchacho propenso a la violencia so pretexto de su dura existencia,
que careció de marcos educativos adecuados, buenas influencias que enmendasen
sus pasos. En aquellas graves planicies de Nuevo Méjico cuanto tuvo fue el “haz
antes de que te hagan” y la lección de que llegarás más lejos con un revólver
empuñado que con una palabra amable. Con ligera incomodidad, acaba admitiendo
que la maldad arraigó mejor en Billy pues ya de por sí estaba torcido al
Reverso Tenebroso.
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LARRY MCMURTRY, para que conste. (Este señor está ya más mayor) |
No obstante, Billy contaba con un patrón
positivo: el cowboy JOE LOVELADY, hombre paciente, amable, honesto, viudo, cuyo
asesinato arrancará sinceras lágrimas de consternación a nuestro Scriptor, el apasionado burgués del Este
breado por las penurias de la silla de montar, los piojos y las incomodidades
del indócil Oeste, lugar que le produce aun así tortuosa relación amor-ODIO. El
noble ejemplo de Lovelady, por desgracia, no deja apenas huella en Billy,
quien, a veces, le detesta o desprecia.
Nuestro Scriptor hace vigorosa imagen de otros personajes claves en la
destrucción de Billy, la cual le convierte en glorioso mito de una época y territorios
que tienen más de fantabuloso que de real. El Oeste auténtico era más fascinante
que aquél que transmiten novelas o cine. Numerosas historias menudas componen
un poderoso mosaico de situaciones que la ficción ha deformado hasta
transformar a sujetos de sombrío historial en virtuosos colosos homéricos por
mor del ansia norteamericana de competir con, y luego querer anular, la
mitología universal del Viejo Continente.
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Otra "del Oeste" y galardonada con excelencia. El palmarés de McMurtry incluye no obstante ficciones más actuales y temáticas distintas |
Pero la mayor virtud de esta novela reside
en su estilo. Elegante, en efecto. Esmerado. Cuidado. Selecto vocabulario. Produce
afable efecto quasibalsámico zambullirse en sus páginas, por las cuales te
deslizas como acariciado. Aprecias con qué habilidad va transformando McMurtry su
divertido comienzo en algo más desamable, emponzoñado por la aportación de
algunos concurrentes al relato.
Rompe al fin con el mito que nos ha
quedado del arisco Billy el Niño (ninguna mención al amorío que sostuvo con el
ranchero JOHN TUNSTALL, reemplazado aquí por la sádica LADY CECILY) revelando
el nombre del verdadero ejecutor de Billy. La bala que le mató no partió del
revólver siempre citado, sino de otro aún más diestro que se han empeñado, los
historiadores serios, en ocultar. Por cuestión de romance y sexo.
Hay
amores que matan. Y desamores que rematan mejor, como Billy comprobó. Su muerte
consigue dejar esa amarga semblanza en el paladar de nuestro narrador, similar
a la que produce terminar esta agradable novela “del Oeste”.