viernes, 8 de mayo de 2026

LOS NIBELUNGOS — EL REY QUE NO VENGARON SUS GUERREROS

 

Portada edición española. Tengo la
impresión que su rareza puede ser
de las que den dinero... o nada valga.
Es estridente la reunión de entes
paganos con cristianos; lo peor:
sus notables incongruencias.
Por cierto: lo editaron con permiso
expreso de la diócesis gaditana

SILVIO CHIERIGHIN lo reconoce en el prólogo, poniendo a su hijo de corta edad de testigo: no escribió una novela juvenil, sino para niños de entre ocho-diez años. La parte de fantasía e imaginación es adecuada para estimular los púberes intereses por las criaturas feéricas. Las carnicerías descritas en los capítulos finales rozan el desenfrenado gore, careciendo encima de moraleja o positivo mensaje didáctico, por mucho que el autor incluya un parrafito explicando que esto pasa cuando nos domina la irrefrenable codicia, esclavizándonos la ambición por adquirir más Más MÁS.

Por lo demás, sugiere este libro es suerte de adaptación del ciclo de óperas de RICHARD WAGNER del tema. No tengo muy claro si las leyendas flotantes que pudiera el autor haber ido conociendo/recogiendo acá/allá aportan légamo a su texto, o si es una sucesión de ocurrencias que encontró una forma de hilvanar apoyándose en secuencias de la vida de SIEGFRIED, manantial del mito de SAN JORGE y el DRAGÓN… o PERSEO, pues Siegfried posee también un casco que hace invisible.

En realidad, esta historia llena de (alarmantes) incoherencias tiene mucho más que ver con la mitología artúrica. Numerosos pasos recogidos en este libro recuerdan los de algunos más/menos nobles CABALLEROS DE LA TABLA REDONDA. Un ejemplo: conocemos cómo ARTURO heredó Excalibur, la cual primero poseyó su padre, UTHER, donada por MERLIN (aceptemos la versión de JOHN BOORMAN) para forjar un reino. El padre de Siegfried obtiene su espada de un modo similar a como la consigue Arturo. Cierta noche, ODÍN, disfrazado de Viajero, entrega a una festiva concurrencia una formidable espada la cual entierra en el tronco de un roble.

RICHARD WARNER, memorable
sobre todo por
LA CABALGADA
DE LAS VALKIRIAS y los prólogos
de las óperas de este ciclo que abren
EXCALIBUR. (Es que no he hallado
foto alguna del autor del libro.)

Será su dueño aquél noble o guerrero invitado a arrancar la espada del tronco y lo logre. El padre de Siegfried lo hace. Siendo traicionera la naturaleza de Odín, la víspera de una batalla reaparece para romper con su lanza la espada, condenado al padre de Siegfried a morir. Años más tarde, Siegfried encuentra las partes de la espada y amenaza a un avieso enano traidor del cual es amigo a ayudarle a forjarla de nuevo. Un poco en plan Mjolnir.

La centella le hace invencible, y junto con todos esos extraordinarios caracteres que le harían ilustre caballero de Camelot, se vuelve mítico. Además, bañado en la sangre de FAFNIR, el dragón dueño de un portentoso tesoro (el famoso oro de los Nibelungos) que le maldice por arrebatarle su fortuna, es invulnerable, como AQUILES, excepto en el punto donde HAGEN, el envidioso bizco cómplice del voluble rey GUNTHER, usa la misma tizona de Siegfried para asesinarle. Encima, el cabrón se regodea del hecho, restregando ante la virtuosa viuda (y hermana de Gunther) de Siegfried su cadáver.

KRIEMHILD (otra beldad de mito artúrico) tarda casi una década en querer vengarse, atreviéndose sólo tras haberse desposado nada menos que con ATILA, ese de la Historia más malo que la quina. ¡Pasmosa pirueta literaria para abducirnos hasta el desenlace!

Gay abundante narrativa al
respecto; a escoger una, esta
misma

Perjudica a un libro que abarca un amplio arco “histórico” sus incoherencias. Clamorosa: Siegfried y Kriemhild tienen un hijo, llamándolo Gunther. En correspondencia, Gunther bautiza a su vástago Siegfried. De estos infantes no se supo más. Siegfried reina sobre los Nibelungos, pueblo de una tierra neblinosa; enterados del vil asesinato de su rey, no toman ninguna represalia o iniciativa similar. Resignados, regresan a sus brumas restando allí, desapareciendo también del relato.

Aunque el italiano mantiene el interés y el pulso del relato, si no fuese por su semejanza con el mito artúrico y las bárbaras carnicerías descritas (ejércitos de veinte mil soldados aplastados por mil, o menos), esas incoherencias lo harían naufragar. Descoloca que Siegfried, de misa diaria, luego se alíe con criaturas de la mitología pagana. Se entrelazan ambos conceptos con una naturalidad propia de novela de MICHAEL MOORCOCK. El autor debió desarrollar la segunda, abrazar su origen legendario, dándole una completa naturaleza fantástica. Funcionaría, pues chirría ver a Dios y Odín compartir tarima…