lunes, 18 de febrero de 2013

U.S. — NOSOTROS


Portada del nº 1, sin rotular
El título de esta saga escrita por STEVE DARNALL e ilustrada con su potente estilo realista por ALEX ROSS se presta a tres traducciones, al menos: United States-UNCLE SAM-nosotros. En principio se aduce que es la “biografía” de Sam, el icono dibujado por JAMES MONTGOMERY FLAGG, que encarna cuantas nobles, loables y positivas virtudes exhibe Norteamérica. Mas los autores lo presentan como un hombre maduro, de edad imprecisa, y andrajoso, un homeless más, una gloria muy devenida, que delira por una urbe estadounidense cualquiera, repasando hitos que martillean, de súbito, su memoria y laceran su conciencia. En su odisea, Sam va hallando otros ejemplos de decadencia o miseria que aumentan su mortificación.

En el especial que Dolmen dedicó a Ross, éste detalla, en extensa entrevista, la génesis y características que perfilan U.S. El entrevistador le definió como “autor de izquierdas, o con inquietudes progresistas, al menos” (creo recordar), que Ross aceptó. (Pero conviene señalar que alguien de izquierdas, o inquietudes progresistas, en EE.UU., es del PP.) Después, el inquisidor hizo apreciar a Ross que había amasado una fortuna (bueno, se la ha currado), y que no parecía muy propio de alguien de izquierdas.

Del nº 2; ídem; sin texto
Ross cayó en una pequeña, hipócrita contradicción moral. Es inevitable hacerlo alguna vez en la vida.

U.S. pretende ser el enésimo lavado de conciencia (no de manos) de Norteamérica ante el mundo. Porque, e imagino que en todos los países sucede igual, tenemos tres EE.UU. al menos: el real, el televisivo y el que piensan ser ellos. Es a este último al que Darnell y Ross apelan para tejer su fábula con ambiguo final positivista, fieles a la también arraigada necesidad humana de un happy end que motive, un: Él lo consiguió; ¿por qué yo no debería?

Los europeos, cargados de Historia y eventos espectaculares, no carentes de crueldad, somos demasiado cínicos y un U.S. es inconcebible se realice aquí. U.S. expresa una imagen virtuosa (aun ingenua) que tiene de sí el norteamericano; los antiguos westerns la trasladan fielmente. El cowboy legendario posee un conjunto de éticas y un medido sentido del uso de la fuerza de sus revólveres, la justicia, la decencia y el Bien Común, que es la “metarreferencia” intelectual del estadounidense, el cómo se ve.

UNCLE SAM, una idea grande, entre rejas
Darnall y Ross se estiman así: en esencia nobles, desprendidos, listos a defender libertad y democracia, emprendedores que ven bien el lucro, siempre que sea obtenido por honesto trabajo.

Esta es la idea de mi país que os vendemos, sería la traducción aceptable. Recordad, por favor, que somos también falibles, pero dispuestos a enmendar el error y reconocerlo.

Lamentablemente, los errores que compilan en U.S. son demasiado clamorosos, aun vergonzantes, como para no ensombrecer las grandes cualidades que defienden. Sin duda sienten azaramiento por tales episodios. Con valentía, mediante Sam, admiten que aquél gran sueño de libertad, justicia e igualdad-para-todos, anhelado en el siglo en que se acuñó la intención, murió casi antes de nacer. Pero que aún puede resucitar.

Las imágenes de cautiverio se repiten
Norteamérica no es esa extensa planicie de trigales dorados y estampas edulcoradas pintadas por NORMAN ROCKWELL. La política corrupta y los negocios han envilecido esa estampa, y los estadounidenses son muy conscientes del asunto. En su interior, hay un intenso deseo (trasluce U.S.) de ser esa metáfora, noble y considerada, nada avasalladora, que de sí tienen, pero se impone una realidad, dura como el granito, de racismo, excesos violentos y delincuencia desbordada. Supongo que el impacto del cómo-me-veo/así-soy-en-realidad debe tenerles algo locos, y ensamblándose a base de lemas espectaculares.

Es un país que ha permitido que el dinero importe más que la vergüenza; de esperar en Europa, donde nos han maleado milenios de tiranos y gorrones. Norteamérica, joven relativamente, cree ser tan fuerte como para no repetir nuestros errores. Lo malo es que, cuando cometen los suyos, son a gran escala y con añejo sesgo europeo.

Y las de violencia en la tierra de la libertad
Así que, regularmente, conciben mea culpa como U.S., y reconocen su firme voluntad de enmienda y mejora. Como cuando un católico se confiesa: recibe la penitencia, que cumple como un trámite burocrático (anulando, pues, el perdón que espera obtener, pues prima, ante todo, el sincero propósito de enmienda y arrepentimiento), y sale del templo purgado. Listo para volver a pecar, aunque también confortado con la idea de la futura confesión-perdón. Así, no vale.

Haciendo un U.S., un filme como ACCIÓN CIVIL, o escribiendo EL CORREDOR DE LA MUERTE, América se confiesa. Aguarda la penitencia (que va implícita en la admisión de pecados) y se acuesta con el tranquilo y jovial ánimo como Sam termina su periplo.

Una vez más, la represión de los pobres
Claro, que Darnall y Ross no permiten que todo acabe ahí. Sam, vapuleado de distintas formas durante estas páginas (el castigo más severo procede del examen de las contradicciones en la que puede caer un Estado basado en una formidable ética y moral como defiende EE.UU.), se enfrenta a su Reverso Tenebroso (el Capitalismo Salvaje y el corporativismo de codicia desmedida, televisión preparada para narcotizar a millones de telespectadores ávidos de melifluas fantasías que les embotan de su sórdida realidad cotidiana, y embustes mediáticos para tranquilizar su conciencia) y lo derrota para demostrar que libertad y democracia son mucho más, y grandioso, que comodidades amasadas con dólares.

Se aleja satisfecho, pero los autores advierten que el Mal persiste. Ha recibido una paliza mala y de verdad, aunque pronto se ha restablecido. Los lobbys siguen presentes (el sigul de los ILUMINATI), y se rearmarán para contraatacar.

El colorido oculta el embuste político
Dejan, pues, en nuestras manos, del lector, que decida. ¿Lucha junto a Sam por ser como debemos/nos vemos, o permite que la corrupción nos defina? Es costumbre de la ficción (aun de la realidad) dejar a héroes, o heroínas, que se partan la cara por nosotros. Darnell y Ross, merced al cartel de Montgomery Flagg en que Uncle Sam instaba al reclutamiento, nos reclaman para responsabilizarnos también de la lucha.

La defensa de la libertad, la democracia, la decencia en general, es una labor de equipo. Cada cual debe participar en su justa medida.

Es el mensaje final de U.S.: ¿tendremos el coraje, la ambición, la decencia, de asumir nuestra parte, o seguimos dejando todo en manos de “otros”, luego conciliándonos con nuestra conciencia con la lectura del próximo y polémico U.S.?

Vuestro Scriptor.