domingo, 16 de julio de 2017

COBURN — BUSCANDO REDENCIÓN

Ya su interesante presentación nos
previene del contenido

Conozco al autor, PABLO GARCÍA NARANJO. Allá, en sus “titubeantes” comienzos, me solicitó valorara sus primeros escritos. Ya denotaban su promesa. El habitual tópico del diamante en bruto. El esfuerzo, los años, que una editorial, con su arsenal de recursos, haya estado supervisando, ha permitido limar todas las aristas entonces advertidas. Lo inhábil del principiante. La intensidad, la garra, la fuerza que le hacían entonces sugerente: perduran.
En Coburn, relato de un envejecido sicario que intuye su fin y al que piensa entregarse sin lucha, porque, en el fondo de sus sesos, el resquemor de que ha desperdiciado su vida se torna cada vez más insistente, y parece que encontrar una muerte envuelta en un blaze of glory justificaría una vida vana dedicada empero a matar, las constantes de aquella temprana producción han alcanzado sólida madurez. Es el sigul que caracteriza su consistente prosa, llena de numerosos aciertos estilísticos e imágenes que barrenan sobre un mundo sórdido, despiadado, implacable, que está justo a nuestra espalda, o allá donde hemos elegido ignorarlo.
Narra de principios de Década 70, elección óptima porque nuestro moderna realidad HITECH permitiría un seguimiento rápido vía celular/internet como la que porquerías pretenciosas como CSI:LO-QUE-SEA nos han acostumbrado. Aún hay relentes de oscuridad de Década 50 prendidos por doquier. Los personajes parecen sostenerse en alcanfor de “aquellos entonces” según atisban un futuro donde la supervivencia se hará cada vez más difícil. Acaso alcanzando la redención encuentren forma de encajar en él.
Es muy similar a lo que este clásico del
subgénero de vigilantes ofrece
Las eternas constantes de la violencia, la corrupción, los sujetos de moral mínima-nimia (si alcanzan a tanto), impregnan estas páginas que encontraron formato muy adecuado para exponerse. Un punto para la (desgraciadamente) desaparecida editorial, que supo encuadrar los párrafos de Pablo en una novela cómoda, sólida, que entra por los ojos reclamando tu atención.
Conviene apreciar que Pablo se arriesga con la temática. No es noir, aunque lo aparenta. Es más hardboiled que una investigación poblada por pintorescos personajes en la jungla de cemento de Los Ángeles. Ha redactado una novela, con características pulp que en nada deshonra, de vigilantes.
Los vigilantes son tema incómodo hoy día. O lo percibo. Lo último que recuerdo fue la de PUNISHER WAR ZONE. El oropel supersónico de los superhéroes está reemplazándoles (en verdad, sí, ajá, son visión más cromática del vigilante). Porque la Humanidad necesita ese reposo del día-a-día caótico lleno de miedo que ha supuesto la crisis económica global y su persistente inestabilidad. Los enmascarados dan ese asueto.
Que en el cine ha tenido esta más que
digna representación
Un vigilante es un sujeto más/menos desequilibrado que nos retrae a los momentos más avinagrados de la actualidad. Al vecino yonqui. Al que vende drogas. Al despreciable sádico de las noticias. El terrorismo internacional islámico (dejémonos de zarandajas: lo es. Los católicos no estrellan aviones en los rascacielos) es una amenaza que exige un esfuerzo común (léase: THE AVENGERS, más/menos compuestos por una coalición de elite internacional) y que Propaganda sin cesar pregona. Posee vistosidad la gesta. ¡Alabanza! al empeño grupal. Se ve mal al tirador solitario neurótico (en esta categoría entras tú, BATMAN) porque… los terros actuales son… tiradores solitarios neurotizados por la asimilación enferma de un credo que permite la malinterpretación.
Pero aquí está nuestro hombre, escribiendo sobre un sujeto de tal traza, siendo además publicado. Y nos deleita con una fuerte composición de crímenes, vileza y bajeza humana que no dejará indiferente. Garantizado.