viernes, 5 de mayo de 2023

CAZADOR DE POLICÍAS — VINCENT MURANO CUENTA…

 

Portada. Relato absorbente que
da una visión mejor y más justa
de un deplorado departamento de
la policía; Una miniserie, sobre
este texto, me parece buena idea

Interesante libro ‘biográfico’, escrito empero por WLILLIAM HOFFER, que relata los años que Murano pasó en la División de Asuntos Internos del NYPD, durante los setenta y los ochenta; relata sucesos que películas de entonces reflejan, a modo. Aquél NYPD era, con salvedades notables (FRANK SERPICO, el mismo Murano, al que le consideraremos honesto por entero en sus palabras), una madriguera de agentes corruptos que carecían prácticamente de límites. Es una era entre un clásico Cuerpo de Policía irlandés y otro que empieza a ser multiétnico. Cuando los jefes de Asuntos Internos (y, por extensión, los del Departamento) se fijaron en el aumento de corrupción entre los agentes (siempre la había habido; Murano pone ejemplos), descubrieron que se debía a que, en un vuelco liberal de la política municipal, empezaron a aceptar candidatos que ya valían por el simple hecho de ser negro, hispano, chino o cualquier otra cosa. Que entre ellos hubiera honesta gente responsable, es a su vez estadístico. Sin embargo: antes había una criba, una observación más estricta sobre el aspirante al Cuerpo; el impulso progre de hacer una pasma multicolor omitió ese escaneo, aceptando a sujetos con tendencias criminales, aun antecedentes, porque era políticamente correcto.

Y, claro, éstos, ¿a quiénes beneficiaban? A sus compinches, brindándoles una información privilegiada; conocían los mecanismos de vigilancia y procedimientos como la policía actuaba para eludir arrestos. Encima, siendo del Cuerpo, estos corruptos se crecían, llevando un poco más lejos cada vez su actividad. Empieza la historia con un policía corrupto que vende armas a un mafioso italiano (Murano infiltrado) y, según iban haciendo averiguaciones del tipo, más cosas terribles iban saliendo.

No el primero en denunciar la
corrupción tras el Muro Azul, pero
sí el más popular

Siempre retratan al policía de Asuntos Internos como una rata, un traidor despreciable, que procura putear a todos esos nobles agentes que protagonizan el filme. Pese a que nuestro héroe se salte los procedimientos o la misma ley para justificar el fin: enjaular al malo. Murano sin embargo hace un retrato duro, desalentador, de una tarea menospreciada por los integrantes del “Muro Azul”, la hermandad de los policías que practican una omertá sobre sus asuntos, que suelen ser de considerable turbiedad.

Murano insiste Insiste INSISTE en afirmar que a quienes arrestaban, o apartaban del Cuerpo, no era al clásico poli que gorronea comidas a cambio de dejar aparcar en doble fila, o no multar; WLLIAM CAUNITZ hace ya retratos bastante gráficos de tales ejemplos en novelas como CORRUPCIÓN EN LA POLICÍA. Murano cuenta de los agentes que vendían informes sobre sus compañeros, o de sospechosos, a peligrosos mafiosos, que podían degenerar en asesinatos, no sólo agresiones o extorsión. 

Murano perseguía auténticos pesos pesados. Policías sin escrúpulos que no se limitaban en deshonrar su uniforme o el juramento que hacen, cuenta a un vecino, también policía. Usan su posición para enriquecerse, extender raíces criminales, librarse del tribunal.

Para más inri, esta novela desnuda
el procedimiento de corrupción en
el Departamento de Nueva York

La mayor decepción de Murano, a quien el corazón se la juega debido al estrés, es la de comprobar que el propio Departamento detesta limpiarse, pese a sus campañas públicas de querer ser una policía honesta, ejemplar, de la que se enorgullezca Nueva York. Abundan las componendas e intereses políticos; dificultan la labor de Asuntos Internos. Su peor experiencia sucede cuando, tras declarar contra unos mafiosos, éstos lo acorralan en los juzgados y descubre que no tiene cobertura de nadie; su propia gente le deja indefenso. Sólo horas después, uno de sus superiores acude a rescatarle.

El hijo de Murano, cierra el libro, entra en la Academia. Confía sea más limpio el Cuerpo que él investigó para su hijo. Pero el lector desestima esa esperanza. Es un hábito arraigado que él mismo comprobó durante su instrucción: cómo sus compañeros buscaban los mejores destinos para poder desempeñar su labor corrupta con comodidad.