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| Portada. El erotismo y el sadismo es más intenso en estas páginas que en las de BOND, JAMES BOND |
El cuarto libro de esta serie (en
contraportada apuntan títulos ya publicados; dentro empero citan andanzas ausentes
en esa lista) de una especie de agente secreto/mercenario de la CIA (cuyo
esbozo es terrorífico), JOHN MALKO, que visita esos submundos del contragolpe
bajo el alias de SAS para pagar las costosas reformas de su castillo austríaco
(Malko es un noble empobrecido con romántico gusto por estos peligros, en plan
LA PIMPINELA ESCARLATA, digamos) y los caros gustos de su esposa, flapper
de alta cuna, se centra en describir la actividad del niñateo revolucionario de los sesenta-setenta, cuando el comunismo tenía un perverso glamour y concitaba el interés de todo sonado de cualquier estrato
social, como la llama atrae a la polilla.
GÉRARD DE VILLIERS dibuja con exactitud al
personal enganchado a la mefítica secta. Unos se afilian por su mala sangre y así la apaciguan; otros, porque les engaña la
promesa de redistribución de la riqueza (eso excluye los chalets de seiscientos mil euros de sus líderes); otros, porque son lumpen, y les da igual quién pague la transacción; los últimos, por puro tedio, como
ESPERANZA, hija del dueño de una gran cadena televisiva venezolana (país tan de
actualidad, hoy una provincia de nuevo cuño de Estados Unidos) y que consiente
cometa todos sus incendiarios disparates al estimarlos divertidos.
Esperanza está flipada con ese gran homófobo
farsante racista, el CHÉ, al que venera y ve todo tipo de mesiánicas
cualidades, además de un animal sex appeal del cual Malko se mofa, al
tiempo que la obsesión de la pija (porque será muy PASIONARIA, mas su lujoso
apartamento colmado de modernidades no lo deja así la maten) por el andoba le
resulta cada vez más grotesca y repulsiva.
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| GÉRARD DE VILLIERS en pose propia del desmedido conquistador del mundo. Parece sabía de qué escribía con certeza, como SIR IAN FLEMING o JACK HIGGINS. Así que... |
Como BOND, JAMES BOND, cuya traza más/menos de Villiers imita,
Malko tiene una tía estupenda preparada para beneficiársela, coladita por sus
huesos, además. Sucede que, camino a Venezuela, enviado por el enlace homoX de
la CIA en la zona, y ya conocido de Malko, se cruza con una bombshell sueca
y, apenas echado el ojo mutuamente, intiman lo suyo en la playa, a medianoche. (Conste
que Esperanza obedece la pauta.)
Malko debe infiltrarse en su grupo terrorista (eso lo tiene la CIA clarísimo) como un fidelísimo
elemento castrista procedente de Cuba, para ayudarles a dar un sangriento golpe
contra las clases acomodadas venezolanas, BLABLABLÁ. Inserto, informa de sus
actividades para que los arreste la policía secreta venezolana (grandes
colaboradores de Estados Unidos) y la CIA, en la penumbra, vigilará con clínico
interés cómo los primeros torturan a los terroristas de pacotilla (nada que ver
con los que JACK HIGGINS escribía del IRA), aunque aun así con
espeluznante capacidad para masacrar.
Era más férreo entonces el control de los
estadounidenses de todos esos elementos de izquierdas en América del Sur,
iluminados de una retórica lírica por completo ajena a la realidad, como los de
la actual España, en la que se embelesaban hasta el ciego fanatismo
total (similar a los que la religión atrapa y desvanece como sujetos; aunque el
comunismo lo tiene más fácil aniquilar al ciudadano para integrarlo en la obediente masa anónima por
haberlo priorizado). Sobre el dinamismo y la prolija colección de personajes
que integran la novela, de Villiers insiste en eso: para esos grupos, excluidos
los desesperados por la pobreza, el terrorismo era una distracción de malcriados niños-bien alucinados.
Mortífero pasatiempo de ineptos o mediocres
que embromaban y se aprovechaban de los necesitados para obtener sus metas,
riqueza y estatus del que ya gozaban como hijos de ricos que eran. Cuando les
pasaba la calentura, abandonaban la mugre para volver a su ser elitista, a vivir del lujo que nunca
renunciaron.
SAS resulta un total antiBond, James Bond, agente pupa que sobrevive por puro milagro. Peculiar punto de realismo del espionaje, un entorno endiosado por el cine.

