viernes, 29 de octubre de 2021

SAIGÓN – TE CORTO LOS HUEVOS, MACHO

 

Afiche. Era la época de las pelis
de compañeros. Había, por tanto,
que bandeárselas para darle un
toque de originalidad a la trama.
Aquí: las calles de Saigón, donde
Norteamérica encontró resentido
su aparente poderío

Quien parte la pana en esta cuando menos correcta buddymovie es ALBABY PERKINS, interpretado por GREGORY HINES, porque por apropiado que esté WILLEM DAFOE como BUCK MCGRIFF, su personaje no tiene la vehemente proyección o energía que el detective negro lanza en casi todo momento presente en pantalla.

Punto para las minorías que así demuestran que no se trata del color de la piel, sino de la auténtica capacidad del individuo para motivarse y transmitir según qué mensaje, o con qué intensidad. Los actores de color suelen ser también buena materia prima. Hay suficientes ejemplos, aunque sucede que suelen quedar eclipsados por la presencia de su compañero bianco. Aquí, pese a sus continuos intentos por protagonizar, es McGriff el que está “oscurecido” por Perkins.

Aunque Dafoe quizás prefirió fomentar la imagen de una elegante estampa doméstica de NORMAN ROCKWELL del joven norteamericano respetuoso con las creencias de su educación y una visión de su nación que se desmoronaba apenas colisionó con culturas diferentes, o primitivas. Ese barniz de noble ingenuidad vuela apenas pasa lo suficiente entre salvajes, mostrándole en el fondo no tan distinto.

Por cómo procede, Perkins me recuerda a GRAVEDIGGER JONES y COFFIN ED JOHNSON, detectives realmente duros que podrían estar a la altura, si no superar, a HARRY CALLAHAN. Esto me lleva a considerar las negativas reseñas que DIRTY Harry cosechó en su estreno. Eso de la calificación de fascista y tonterías anejas que la selecta crítica afeminada endilga a toda obra que no encaje en sus estándares de amanerada belleza o “perfección”, los cuales les induce un pequeño éxtasis al contemplarla.

Los esforzados protagonistas, policías militares
que se emperran en resolver un caso entre mil en
un entorno donde todo importa una mierda. La
honra personal exige aclaren los asesinatos


Es evidente, para esa “delicada” crítica, que no han leído, por ejemplo, ALGODÓN EN HARLEM. Pueden acaso conocer, de remotas oídas, la novela (o la película), plagada de momentos de brutalidad policial y expeditivas maniobras armadas por parte de esos detectives, inmersos en una conflictiva zona urbana donde la fuerza bruta es la principal ley a aplicar, pasando a continuación a la normativa para que las cosas no acaben desbarrando del todo/completamente. Empero si hay que dar un culatazo en los dientes para obtener pax deprisa, se pega.

O sea: el Estilo Callahan de zanjar problemas. Aunque entra en valor otra cosa: lo que es intolerable en un policía bianco, es aceptable en dos agentes negros por aquello de las minorías y la culpabilidad paternalista racial que ahora a la raza bianca le ha entrado, que despide a actores biancos de papeles de personajes de color porque parece un salvaje insulto y rasgo de opresión esclavista de cuando LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.

El "elemento en discordia" que no compromete
la amistad de los muchachos. Entre tantos, un
amor imposible de consumarse

Pues ocurre que Perkins no necesita de ese cretinismo paternalista protector racial para desempeñar su difícil tarea. Pues, para cumplir con los adecuados formulismos, está McGriff, quien tampoco es manco llegada la situación. Mas le reservan la complicación amorosa imposible (o sea: liarse con la monja, cuya fuerte fe en sus votos supera a sus pasiones carnales) por obediencia a “esos tiempos”, en que si eran dos los machotes sin compromiso con alguna fémina, se sospechaba de compadreo sexual entrambos. Detalle chungo. (Hoy no, claro. Hoy tanto TANTO ha cambiado… Se alienta, incluso…)

Perkins lo primero que dispara al adversario es el adjetivo maricón. Cuando ametralla al terrorista vietnamita que intentó asesinarles, no cesa de llamarle maricón aun cuando lo tiene reventado en la calle. Eso, hoy, es anatema absoluto. ¡Colosal pecado homófobo! Queda, por tanto, como una distinguida muestra de la incorrección política adrenalítica cuando alguien intenta liquidarte mientras aclaras un caso de asesinato múltiple que implica a oficiales de alta graduación, prostitutas vietnamitas con hijos de soldados estadounidenses y un popular coronel sadomaso que se arroja desde un helicóptero a la jungla sin paracaídas al no poder soportar desvelen su comprometedor secreto…