viernes, 2 de septiembre de 2022

MULHOLLAND FALLS (LA BRIGADA DEL SOMBRERO) — DUROS TIPOS DUROS

 

Afiche. La película se basa, no sé
cuánto, en una
hat squad que
actuó en Los Ángeles por estos
años. PELÍCULA NO APTA
PARA WOKE-PELELES y
moñas transfílicos anejos

La primera vez que vi esta película de LEE TAMAHORI me pareció un aburrimiento de gente rectangular de Década 50. Cuando me aficioné a la prosa de JAMES ELLROY, recordé esta película. Los escenarios descritos cobraban más fuerza, color, contexto, de modo que se estableció una simbiosis, y empezó a ganar puntos la cinta en mi estima. (Cierto que la avasalladora actuación del teniente MAXWELL HOOVER —NICK NOLTE— tenía momentos de gran impacto, que ayudaron a afianzarla en mi recuerdo.)

Lo primero que destacas de este cuidado filme es la contumacia rectangular de los integrantes de la Brigada del Sombrero, unos INTOCABLES más brutales que los capitaneados por ELIOT NESS. Proyectan una imagen de solidez inhabitual hoy día. No sé si debido a las chaquetas y los pantalones, o la misma constitución física de estos tíos. Imponentes, se mueven con arrogancia, seguridad, confianza. Te parten la cara si te rebotas un poco así, conscientes de que, para preservar el orden, deben infringir la ley. Disfrutan de una dispensa oficial, encima.

Hoy día hay hombres de apariencia formidable… cultivada en gimnasios. No es cuestión de ir provocándoles, porque te rompen la cara también sin dudar. Lo que señalo es que Hoover y sus “sombreristas” trasladan una imagen de rotundidad que no la dan las pesas. No sé cómo la obtuvieron. Repito que no sé si es truco de vestuario, o qué. Empero su arrolladora presencia impone absolutamente.

La tentación vive al lado; esta mujer causa una
cascada de violencia propia de una novela de
JAMES ELLROY, en efecto, al ser autora de
una serie de chantajes pornográficos

Es una imagen de la masculinidad fumadora (es agradable verles fumar) que procuran laminar, a toda prisa, los ‘progresismos’ femirulistas y los satélites eunuco-pelelelíticos en su órbita. Aprovechan su cercanía para trincar migajas de subvenciones-apalancadas y no dar palo al agua. Trabajar perjudica su salud y prefieren prostituirse, fingiéndose homoX-femirulistas, a comportarse con varonil dignidad laboral. Así que, en su labor incesante de vitriólica zapa, han inventado el término “masculinidad de cristal”. Y, pensando en Hoover y su porra de cola de castor, manejada con virtuosismo, podrían espetárselo; que actúa así por tener “masculinidad de cristal”. Los dientes del fulano iban a volar de un golpetazo por toda la sala. Y lo tendría bien merecido.

Quizás Mulholland Falls adolezca de tener un argumento algo desnutrido, que compensa su sobresaliente aspecto visual, la recreación de los años 50 y cómo querían mantener la pax en Los Ángeles, a costa de que el célebre JEFE PARKER montara esa unidad “paraoficial” que alejara a las mafias foráneas de la ciudad, ‘persuadiéndolas’ a abandonar la Meca del Cine por el medio más expeditivo posible.

La Brigada del Sombrero. Qué impactantes
quedan con esos atuendos cuadrangulares. Les
dan un contundente aire de solidez. Una banda
como ésta hace falta para solucionar unos pocos
asuntos actuales.
(Y cagar de miedo a muchos mequetrefes del
inclusivismo que están propiciando este nefasto
neomccasthysmo wokeinclusive femirulista.
Cuesta creer que esos elementos, al menos los
norteamericanos, desciendan de hombres como
estos, que se dejaron la piel del culo en lugares
como Normandía para que sus nietos mancillen
tal sacrificio. Lucharon para defender una libertad
que están convirtiendo en pijoprogreneofascismo)

Su ejemplo te hace comparar cómo eran esos años, poco positivos en aspectos sociales-raciales, con ahora. Conscientes de qué debían hacer en casi todo momento, procuraban conservar unos ideales universalmente aceptados. No como ahora: la gestión de ciertos ideales progresistas y el miramiento de toda palabra (esa basura del lenguaje inclusivo y demás mierdas WOKEDisney), que pudiera ofender a los colectivos elitistas (femirulas, LVDRA+), está llevando nuestra Sociedad a la parálisis. Ese histérico/neurótico miedo impide tomar medidas oportunas para resolver ciertos problemas; crea un nuevo tipo de funcionario, muy escrupuloso con unas cosas (las elites citadas), mas descuidando, hasta maltratando, al resto, por carecer de su oficial sobreprotegido glamour.

Hoover lo dice: sin favoritismos ni politiqueo. ¿Hay que cortar por lo sano? ¡Se corta! Se confía no obstante que Hoover y su gente sepan dónde está la línea, y por cruzar la calle por el lugar errado no te sacudan. Ese es un conspicuo riesgo al crear brigadas de esa naturaleza: que sufran un ataque de hubris (el que padecen los militares que investigan). Pero lo importante es esto: deben organizar brigadas así, de nuevo, con gente consciente de su labor y sus límites, porque esto de ir de inclusivo-blandito por el mundo, en este mundo de despiadados talibanes y adláteres, puede matarnos.