viernes, 1 de diciembre de 2023

YO, ROBOT (I) — MACHINA EX DEUS

 

Por molona, escojo esta portada
del libro que, reconozco, posee
elementos proféticos de actualidad

Consideran esta novela uno de los fundamentales pilares (si no el pilar) de la ciencia ficción; la obligada lectura. Compendio de cuentos, los hermana una ilación común, cómo responden los robots programados con las Tres Leyes frente a situaciones de estrés que las vulneran, y concluyen en un derrotista sentimiento de resignado determinismo, dogma en el que parecía creer sin fisuras el autor, SAN ISAAC ASIMOV.

Siempre han imputado a San Isaac la arrogancia grandilocuente de estar predicando, propalando mediante sus narraciones del género su ‘inequívoco’ evangelio, e iba (o va) de culo cualquiera que no estuviese en la onda, u osase criticarle. Prevengo rechazo todas las censuras que reciba por mis observaciones de este libro en base a que era “novela para jóvenes”, eran los años 50, aún había cierta residual impericia en San Isaac.

Las repudio porque TROPAS DEL ESPACIO es también novela para jóvenes, y es mucho más luminosa, dinámica, vibrante y variada, que este plomizo compendio minimalista donde San Isaac sospecho asienta lo que va a constituir su principal “fortaleza” y recurso narrativo: el dos hablan (mucho) en un despacho. La pereza disimulada de sapiencia. En ocasiones, hay más de dos hablando (mucho) en un despacho; empero la tónica general es esa: mucha garla, poca acción.

El autor, el ya muy comentado
SAN ISAAC ASIMOV (
dixit
FRITZ LEIBER). Este compendio
es átono, y sus personajes, no
motivan; son refractarios.
Mas San Isaac plantea ya los
problemas de la mecanización
inteligente en la Sociedad. Claro,
estos problemas con las IA de
hoy día... ¿existirían si San
Isaac no los hubiese delineado?
La mejor manera de predecir el
futuro es inventándolo; y alguien
con su resonancia literaria, sin
duda ha gestado influencias...
(Por cierto, ODIO esas poses de
sabihondo supremo; o me lees y
¡veneras!, o tendrás problemas.
sugiere)

San Isaac empieza detallando los inauditos y torpes inicios de la robótica con el cuento del gigante de hierro-niñera, y el leal afecto que les vincula, para terminar creando un cuarteto de Inteligencias Artificiales dispuestas a regir el destino de la Humanidad. Todo, bajo el benefactor palio de las famosas Tres Leyes de la Robótica. Cierto que tener un dictator electrónico no parece peor que tenerlo orgánico. SUSAN CALVIN, ¿no viene a decirlo? (Conspicua la preferencia de la Calvin por los robots sobre los humanos; sospecho que porque los robots son manejables, más que los Hombres; puede hasta “matarlos” sin estar cometiendo delito. La ponen los robots porque a placer les somete, aprovechando el que jamás se rebelarán. Un humano pondrá límites.) Durante nuestra Historia hemos sufrido tiranos; ¿tan malo será que sirvamos a IA? Pues, sí: porque la máquina será literal, inconsciente a nuestros sentimientos; todo lo montará de tal modo que sea imposible soñar con la libertad porque… no computa. Generará algoritmos que, de modo directo o sibilino, harán acabemos acatando su voluntad, hasta pensando que es una excelente idea nuestra. Y alguna (férrea) pedagogía se ocupará de los indóciles.

Exaspera Yo, Robot por su monotonía, su incolora atonalidad narrativa. No importa que, de vez en cuando, la “acción” transcurra en un asteroide o nave espacial; todo se reconduce al concepto primordial: dos hablan (demasiado) en un despacho. Cuando no es la Calvin, son DONOVAN y POWELL, junto a otros participantes de la historia, ahí puestos para que resalten las bondades de las Tres Leyes y que, se sugiere, no estaría mal las aplicaran a los humanos. (¡Burlamos los Diez Mandamientos, redactados por Dios mismo! ¡Imagina tres, escritos por un humano, creando así suspicacias!)

Es privilegio del autor plantear los escenarios a su antojo para que sus personajes salgan del trance gloriosos, defraudados, asesinados. Mas en San Isaac es tan descarado el que “yo retuerzo la trama para llevarla al palabreo con boca y con culo” que consigue desalentarte. Cansa al lector normal, no al fanático de San Isaac, omnívoro de sus ideas.

Esta chulería (en negativo) de
WILL SMITH no tiene nada que
ver con la obra comentada. Fijo
que San Isaac abominaría de este
extraño producto

Porque el problema es: el sectario entusiasmo de las “elites” endogámicas del género de la ciencia ficción por San Isaac. Tienen nociones, educación, mas se han dejado seducir, u ofuscar, por los verbos de San Isaac porque sienten contacta con una filosofía propia del mundo y la evolución (la psicohistoria de los cojones) y elevan altares al laureado patillas, incapaces de ver sus flagrantes defectos, así como de cuestionarle. Su entrega: absoluta/incondicional.

Esas elites endogámicas no aprecian detalle vital por la misma obtusa ceguera que les proporciona su fanatismo: yo, lector convencional, busco en un libro de esta temática presupuestos de evasión y acción (inexistentes); sólo hallo mucho presuntuoso parloteo. No tengo por qué conocer la hagiografía de San Isaac, que si el libro es de cuando IKE, si es juvenil. ¡Hostias! Quiero deleitarme con un escapismo bien construido, ¡no recibir arrogantes lecciones de barata moralina sobre el barbarismo humano hereditario y tal!

(Continuará)