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| Afiche. Producción intimista de corte fantástico que se deja ver; bien la denuncia contra la quema o censura de libros sólo porque a una ignorante agraria le parece bien |
El cine estadounidense se “desvive” por la
familia. Siempre juzgándoles por lo que muestran de su Cultura en teleseries o
filmes, la impresión que desprenden es que es una sociedad desestructurada ansiosa
de centro, cuyos jóvenes empero esperan emanciparse pronto del opresivo yugo
familiar, marchar a la otra punta del país (a una universidad de mayor/menor
prestigio, o triunfar en Tinseltown, aun La Vegas) y vivir su vida en completa
libertad, sin mayores cargas que el alquiler, llenar la nevera, etc.
Un día, tras alguna vicisitud más/menos dramática,
ante una taza de café mira por la ventana su jardín, percatándose de que esas
quimeras de la juventud y el revolucionario afán de demostrar que, SÍ, MUNDO,
JODIDO, TENGO MENOS DE VEINTE TACOS, PERO CONOZCO TOOODAS LAS RESPUESTAS, no
como esos viejos de mi casa, el cole, el instituto, y LO DEMOSTRARÉ, era un
calamitoso impulso hormonal que ahora, frisando la cincuentena, permite ver que
no solo no tenía Las Respuesta, ¡ni siquiera sé qué preguntas debo formular!
Descubre que la Familia tenía capital importancia
en todo y se permitió desdeñarlo, arrebatado por los consejos de otros
adolescentes tan calenturientos y desnortados como uno mismo. Y una profunda
sensación de desolación y pérdida barre los púberes alardes cuyo fruto fue
colocarte en el rol de padre, o madre, enfrentándote a un hijo muy dispuesto a
replicar tus errores. Y, macho. De ninguna forma puedes convencerle de cuán
equivocado está.
| El ídolo del padre de RAY KINSELA hablándole tras conseguir un extraordinario permiso desde el Más Allá para practicar la pasión de su vida |
Por completo esta película, de “realismo mágico”, un hogareño fantástico, resume eso de: con seis años, papá era mi héroe; con quince, el viejo es un pelmazo; con treinta, pues papá tenía razón en cosas; con sesenta: lo que daría por estar cinco minutos con él (o ella, tratándose de mamá). El siempre vituperado KEVIN COSTNER encarna a RAY KINSELA, granjero de Idaho que al comienzo del metraje relata su obtusa rebeldía contra JOE, su padre (víctima de todas las tundas importantes que da la vida, hablando pues por experiencia propia) y cómo va de sobrado, largándose a Berkeley (vivero de rojeras e hippies contestatarios aficionados a los narcóticos), donde se licencia de algo que no le sirve demasiado para cultivar maíz.
ANNIE, su esposa, de su quinta e intenciones, va asumiendo que esos
cargosos padres con quienes sólo estuvieron una tarde al regreso de Berkeley
estaban repletos de experiencias que ahora la sirven para conducirse en su vida
como madre y esposa.
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| La familia y uno más. Los estadounidenses parecen locos por tener los conceptos de unidad familiar de países como España o Italia. Luego, nos desdeñan por tenerlos tan arraigados y protectores |
Van tirando hasta que Ray recibe un mensaje
sobrenatural cuya potencia hace que arrase su mejor cosecha, construya un campo
de béisbol y, a éste, acudan beisbolistas del Más Allá, como SHOESLESS JOE. La cinta desarrolla la única trama
existente: el viaje. Esta odisea implica a TERENCE MANN, un afamado escritor
negro pacifista (JAMES EARL JONES) desencantado con una cínica sociedad
conservadora y militarista que rechaza mejorar por razones inexplicables, tanto
para él como para la misma sociedad.
El viaje (físico, emocional, personal) les hace
conocer afables fantasmas y momentos de la Historia pasada. Terminan juntándose
las piezas que darán las respuestas que tanto Ray como Annie y Terence andaban
buscando. Terence recupera la fe; más: accede a nuevos planos de entendimiento.
Annie refuerza su convencimiento de que lo fundamental de la vida reposa en la
familia y el hogar (esto, sobre todo), y Ray define al fin esa inquietud (plagada
de remordimientos) que durante años estuvo atormentándolo. Lo consigue de la
manera más insospechada, maravillosa y fantástica posible.
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| La muerte no es obstáculo para que un bien médico siga salvando vidas... aun a coste de sacrificar la pasión de su vida: el béisbol |
Ahora puede remediar todo ese daño (oportunidad única veteada a todos), y no piensa defraudar a sus seres queridos, en este u otro plano. Ray vuelve a casa al fin. Y toda una legión ansiosa de reconciliación se atisba en el horizonte del ocaso.


