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| Afiche. La satánica trinidad del delito. El más listo (y asustado) se salva al final. Empero detestó el precio |
Frente a esa… ambigua glorificación que
MARIO PUZO hizo de la Mafia mediante el “sabio estadista” VITO CORLEONE y su imperio meticulosamente construido durante
décadas de extorsión, violencia, proxenetismo y juego, sabiendo a quiénes sobornar para asentar sus negocios y fortificarlos, está esta cínica y
cruda película de MARTIN SCORSESE, donde desnuda los intestinos de la brutalidad como la Mafia actúa.
Filma cosas que Puzo consignó en su afamada
novela: el mundo a-parte en que mafiosos y sus aspirantes se mueven. Forman un cancerígeno nódulo aferrado a la Comunidad a la que
saquea a gusto y, encima, desprecia considerándolos gilipollas. Cuantos curramos,
contribuimos, nos dejamos el cuero pensando en un mejor mañana para nuestros
hijos, somos para ellos marionetas a las que agredir cuando les parece
conveniente. Cajeros automáticos andante-parlantes fáciles de amedrentar, aun
sin esgrimir un Arma. Este nódulo tiene reglas, empero, y asume hay avatares inevitables,
aunque procure burlarlos: la trena, por ejemplo.
Por entonces, la Mafia entendía era una especie de juego. Un gaje del
oficio acabar una temporada a la sombra. No había un decidido encono contra la
policía. Era… pasar un ritual de madurez te arrestaran. Daba prestigio,
incluso. Cuando mafias extranjeras (jamaicanos por ejemplo) empezaron a actuar
en los 80,
la policía se volvió también objetivo. Y los jóvenes mafiosos, los HENRY HILL
.2, tomaron buena nota y si debían fregarse un pies planos, ¡adelante!
| Días de vino, rosas y risas. Parecía no habría fin a una edad de oro de la Mafia. Y todo lo sugería |
Henry contemplaba desde su ventana cómo esos orondos italianos (sicilianos casi todos) dominaban feudales parte de su barrio, desafiando los convencionalismos que amargaban a su padre, considerándolo un perdedor. Mas lo que a Henry atraía era, dinero y respeto impuesto por el miedo aparte, el oscuro glamour que dimanaban aquellos sujetos de amplio contorno rapidísimos en ejecutar cualquier violencia.
Ávido de ese glamour, Henry se
sumerge hasta el fondo del delito para disfrutarlo. Esta es su historia, dirían
en LEY Y ORDEN. Un prestigio asociado a dos peligrosos psicópatas para quienes matar no era una complicación, siquiera un
trámite profesional, eso que EL PADRINO siempre calificaba como “nada personal;
negocios”. Para TOMMY, el vehemente mafioso que encarna JOE PESCY, asesinar
suponía el fastidio de desenfundar su calibre. Para JIMMY (ROBERT DE NIRO) la
cosa discurría en paralelo. No obstante, parecía más comedido; se daba aún un
segundo para recapacitar. Usar la extrema violencia como último ÚLTIMO recurso.
Aunque una vez lanzado: imparable.
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| De muy buena casta KAREN HILL no debería ser cuando con tanta tranquilidad admitía los turbios chanchullos de su adúltero esposo |
Algo llamativo de estos entornos son esos tipejos que mosconean a calibres 90 como Paulie (PAUL SORVINO), de quienes conocen el peligroso CV y se pegan a ellos, aun así. Bromean. Chulean. Agasajan. Les piden dinero y luego procuran no devolvérselo, con o sin elevados intereses. De toda la violencia imputable a los mafiosos, es la que más justificada veo. Porque ¿no ves cómo es el tío? ¿No te has enterado de cómo Jimmy se ventila a cualquiera que le mire mal? ¿Pretendes chulearle no devolviéndole el préstamo, llamándole hijo de puta usurero encima? Pues eso hace el estúpido de los peluquines. Y así acaba. ¿Qué le pasa a esa gente para despreciar el riesgo?
Henry
era de otra pasta. Tenía sesos. Supo utilizarlos hasta que la coca se los
licuó, empezando su declive. Su esposa sufre también de ese ataque de glamour
por el Reverso Tenebroso que despide Henry, y como reconoce, oír hablar de
atracos, muertes y palizas se la vuelve de lo más natural, rodeada de una
caterva de cómplices esposas idiotizadas.
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| PAUL CICERO advierte a su destacado pupilo del riesgo de las drogas. Curiosa la resistencia de los mafiosos de viejo cuño a los estupefacientes |
Scorsese estoy seguro no pretendía competir con El Padrino, quizás ni aleccionarnos, hacer una de esas cintas policíacas de los años 50 de “el crimen no paga”. Plasma un entorno radical habitado por conflictivos sujetos extremos y con los cuales no conviene ni coquetear ni idolatrar, cosa que parece hace Puzo. Es aterradora gente real, vecinos nuestros. No te respetan. Te acojonan. Y estamos indefensos ante ellos.


