viernes, 11 de septiembre de 2026

JUNGLA DE CRISTAL — DIE HARD

 

Afiche. Y, de pronto, ¡sorpresa! El
tío pringao de
LUZ DE LUNA se
desenvuelve en una claustrofóbica
situación con Medalla de Honor
de Machotes Valientes De Verdad

Los 80 incrustaron un importante número de iconos en la CultuPop. Todavía abastecen sus nombres los cines. Maduraban desde algunos personajes que, durante los 70, fueron desprendiéndose de las gasas de estereotipada pureza que reflejaba la imagen del impoluto cowboy del sombrero bianco o el íntegro policía estilo ELIOT NESS, vencedor del crimen impermeable a la corrupción. Esas figuras estaban diseñadas para vender concreta Propaganda que la guerra de Vietnam terminó de liquidar. Su propia inmovilista naturaleza irreal hacía tiempo la había envenenado. La Sociedad asimismo evolucionaba. Descubría que corrientes de pensamiento artríticas habían sobredimensionados algunos prejuicios, y sus fariseísmos estaban pudriéndolas ya.

STEPHEN KING es el Gran Notario de esas corrientes sociales, raciales, religiosas, y de no escribir terror, sería una de las más encomiadas firmas de la historia de la literatura anglo. Empero como esas distinciones las entrega una voluble elite de ahembrados críticos flatulentos, apoyados por una gente de calidad igual de banal, inconstante y siempre a la caza de la frívola moda del momento, pues le hurtan esa inmensa relevancia.

Conforme padecemos estas WOKEdécadas, confirmamos que durante los 80 éramos libres. Opinábamos lo que queríamos y disfrutábamos de espectáculos como el de esta película de JOHN McTIERNAN, que estamparía en el Universo CultuPop al policía JOHN MCLANE, antiestereotipo de los infalibles/infatigables policías estilo RICHARD WIDMARK, por decir uno.

HANS GRUBER, un terrorista espabilao que,
so pretexto de las mierdas izquierdistas, da un
espectacular atraco de millones subidos. Listo,
sabe que apelando a mierdas izquierdosas va a
tener cobertura mediática instantánea favorable

Un rampante BRUCE WILLIS encarnó a McLane. Por entonces, Willis estaba emporcado en la empalagosa y trivial LUZ DE LUNA, compartiendo pantalla con la insoportable CIBYL SHEPPARD. ODIABA esa serie. Marcaba a Willis de tan mala manera que ni siguiera su aparición en CORRUPCIÓN EN MIAMI podía salvármele. Era el enervante tío de las corbatas de seda de una artificial agencia de detectives que igual podría servir de laboratorio de genética, por su metacrilada pulcritud… artificial.

Sorprende Willis dotando a McLane (no sé si el personaje ya venía así de las páginas de la novela de RODERICK THORP en que basan la cinta) de unas dosis de cinismo, humor, fragilidad e implacabilidad que son las que te convencen de su talento. Le beneficia que ésta asimismo sea la dorada época de las buddy movies reaganistas protagonizadas por ejemplos de indeleble masculinidad, empáticos con el dolor ajeno, pero firmes como una roca en sus principios. (Para la empresa italiana Beretta también constituyó edad de oro. Empezando por ARMA LETAL y continuando con Jungla, sus protagonistas exhibían las ventanas/virtudes del rendimiento de sus 92F.)

JOHN MCLANE: al límite físico,
en una empresa que no esperaba
enfrentar jamás en su vida. Todavía
podía dar mucho más de sí, gracias
a su calibre Beretta

Destronaban a los .44 Magnum DIRTY HARRY y revólveres en general. El estadounidense se envició, adquiriendo calibres de 9mm. Parabellum. Es la munición del futuro. MARTIN WIGGS y McLeane lo garantizaban en el celuloide.

Mas Die Hard no es un alocado filme de acción plagado de tiros sin más. Transmite un importante mensaje que quiero resaltar: la hipocresía del terrorismo de izquierdas y su protector entorno. HANS GRUBER, en cierto momento, embroma al FBI (un automatismo, no agentes de verdad) leyéndoles una lista de “camaradas en prisión por sus actos en pro del progreso” (o mierda similar) que en realidad enmascaran ¿qué? El espectacular robo de seiscientos millones en bonos al portador. Todo es una mascarada, un engaño para ocultar un simple aunque abultado hurto. ¿Ideología? Un carajo.

Es eso la izquierda: una grosera pantomima cómplice de los peores delitos que esconde una actividad criminal quizás sin parangón. España contempla estupefacta cómo el contubernio gubernamental montó una elaborada mafia codiciosa para saquear a manos llenas fondos públicos, fruto de nuestros impuestos. Y ¿qué coartada pretextan? El ecologretismo, el transX, ahora, los “pobrecitos” invasores moracos y negratas, la “desesperada” ayuda humanitaria y BLABLABLÁ. (Se vuelvan a su país; allí está lo que necesitan.) Justo lo que hacía Gruber: falabalaba de lo lindo imbecilidades que ablandaran la mala conciencia de compungidos liberales de limusina mientras reventaban la caja, apoderándose de los millones. Al abrigo por un desnortado público cautivo que justificará sus actos todavía.