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| Portada. Obra de autor español sobre original japonés. Dentro de la simbología mitológica (aparte de ser un arma básica), el detalle de la lanza es interesante. Si no, que se lo pregunten a WOTAN |
En tiempos recientes, distintos sellos
editoriales publican novelizaciones de los mitos clásicos. Grecorromanos o, en
esta ocasión, japoneses. Es una manera de acercar al gran público obras que
parecen vedadas sólo a eruditos o académicos por pertenecer a autores coetáneos
del Emperador CLAUDIO o anteriores. No sé hasta dónde es aceptable esta
estrategia, por su puro interés crematístico, más que de contribuir a la
Cultura.
¿Es casi sacrílego adaptar una obra de
OVIDIO a hoy día, escrita por un/a escritor/a con un pulcro lenguaje anodino (aun
estéril, como el de este libro)? Dándole giros actuales que eliminen los arcaísmos
del original. Eso impide conozcamos de qué manera se expresaban antaño. Aunque confieso
mis reservas: ¿de veras dos borrachos del Siglo de Oro se trataban de vuecé y
sus mercedes, o es así como DE QUEVEDO o GÓNGORA lo han trasladado, con un
sentimiento de vergüenza al pensar: ¿Qué dirán de nosotros en los siglos
venideros, si nos expresamos como zafias putas o verduleros?? ¿No embellecían
deliberadamente un hablar popular indistinto del actual?
Imaginemos piden a TARANTINO novelice la ILÍADA.
Todos los arcaísmos como se supone HOMERO “los escribió” (no sé cómo: era ciego
—hasta se supone jamás existió—) reemplazados por una parola pandillera-camorrista
angelina y una pila de “joder” y demás macarradas. HÉCTOR y AQUILES ante los
muros de Ilión gritándose: ¡Tu puta madre, maricón travelo!, ¡Te rajo, cabrón
follaponys!, y lindezas semejantes antes de extraer sus .45 (no sus espadas de
bronce) para tirotearse a lo JOHN WOO.
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| Confieso que corro un riesgo y no sé si esta es la autora, CECILIA PALAU; la Fuerza me inspira y algo me hace suponer (por la edad, su aspecto) que sí, es la escritora. Cumple, sin sobresaltos |
Este libro encargado por RBA a CECILIA
PALAU (con texto histórico de JUAN CARLOS MORENO) es bonito por los cuatro
costados. Es su principal virtud. Elegante incluso en ciertos pasajes. Su prosa
no es briosa, empero no aburre. Por desgracia, tampoco estimula. Cumple la
autora sin excesos su compromiso editorial y deja un depurado texto que semeja
un piso recién fregado con una buena dosis de lejía: estéril.
Puede sea su estilo; no es demérito, pues agradará
a cierto número de lectores enemigos de los experimentos literarios o las
prosas montaraces, hasta los argumentos tendencioso o controvertidos.
(Los que somos más de descubrir escritores con carácter, huella propia, nos
cuesta disfrutar esta clase de prosa.)
Llamativo en esta novelización de los mitos
nipones es la atonía de éstos. Pensemos en los mitos grecorromanos-nórdicos. En ambos, del Caos imperante surge el Orden. Todo era un inconstante
fragor fecundo del que, de pronto, nace una primitiva noción del Orden. Un ser
antropomorfo por lo común, del cual germinará la Humanidad con su más/menos
semblanza. Residuo indómito del Caos Primigenio es la violencia que combaten y que tanto
grecorromanos como nórdicos detallan como proezas en sus mitos. ZEUS-JÚPITER
termina pacificando su Universo tras haber librado batallas con Gigantes,
Titanes y sus monstruosas proles. ODÍN y sus hermanos organizan el
Cosmos que sus antepasados crearon descuartizando un colosal Gigante
Primigenio. Y listos a entablar lucha hasta el Ragnarok. O la caída del Olimpo.
Guerra define esos mitos.
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| En general, la edición de estos mitos incluye una serie de láminas que reflejan distintos pasajes de la historia. Un agradable complemento |
En Japón, de la negrura surge un resplandor
que funda su Olimpo. Dioses de luz surgen a continuación; conforman distintos
grados de cultura dentro de su Panteón. Pero no hay disputa. No rechazan
malformaciones residuales de GEA o Gigantes del Hielo. La pax inunda sus pagos;
incluso cuando educan a los dos dioses de los que nacerán los humanos (Izanagi e Izanami) para arrancar materia al Caos (el
archipiélago japonés) y crear allí fauna y flora… no disputan con nadie. Su
Caos no elige adverso paladín rival.
Surgen los problemas cuando un misterioso
avatar establece exista el averno y una Diosa de la Muerte, papel que
desempeñará Izanami, dándose una peculiar versión del mito de ORFEO y EURÍDICE.
Izanagi desciende a los Infiernos, de donde también lo expulsan.
Este detalle, junto a la noción de que una férrea disciplina les obliga a realizar sacrificios, anteponiéndola a sus deseos personales, también me sorprendió y pregunto: ¿cuál es la fuente matriz de los mitos; dónde se originaron, para que las migraciones las trasladaran/adaptaran al territorio? Junto a la ausencia de conflicto desde el génesis, base de las mitologías occidentales, es lo más sugerente de esta lectura.


