viernes, 20 de marzo de 2026

IZANAMI E IZANAGI – LA CREACIÓN DEL MUNDO — MITOLOGÍA NIPONA

 

Portada. Obra de autor español 
sobre original japonés. Dentro de
la simbología mitológica (aparte
de ser un arma básica), el detalle
de la lanza es interesante. Si no,
que se lo pregunten a WOTAN

En tiempos recientes, distintos sellos editoriales publican novelizaciones de los mitos clásicos. Grecorromanos o, en esta ocasión, japoneses. Es una manera de acercar al gran público obras que parecen vedadas sólo a eruditos o académicos por pertenecer a autores coetáneos del Emperador CLAUDIO o anteriores. No sé hasta dónde es aceptable esta estrategia, por su puro interés crematístico, más que de contribuir a la Cultura.

¿Es casi sacrílego adaptar una obra de OVIDIO a hoy día, escrita por un/a escritor/a con un pulcro lenguaje anodino (aun estéril, como el de este libro)? Dándole giros actuales que eliminen los arcaísmos del original. Eso impide conozcamos de qué manera se expresaban antaño. Aunque confieso mis reservas: ¿de veras dos borrachos del Siglo de Oro se trataban de vuecé y sus mercedes, o es así como DE QUEVEDO o GÓNGORA lo han trasladado, con un sentimiento de vergüenza al pensar: ¿Qué dirán de nosotros en los siglos venideros, si nos expresamos como zafias putas o verduleros?? ¿No embellecían deliberadamente un hablar popular indistinto del actual?

Imaginemos piden a TARANTINO novelice la ILÍADA. Todos los arcaísmos como se supone HOMERO “los escribió” (no sé cómo: era ciego —hasta se supone jamás existió—) reemplazados por una parola pandillera-camorrista angelina y una pila de “joder” y demás macarradas. HÉCTOR y AQUILES ante los muros de Ilión gritándose: ¡Tu puta madre, maricón travelo!, ¡Te rajo, cabrón follaponys!, y lindezas semejantes antes de extraer sus .45 (no sus espadas de bronce) para tirotearse a lo JOHN WOO.

Confieso que corro un riesgo y no sé si esta es la
autora, CECILIA PALAU; la Fuerza me inspira y
algo me hace suponer (por la edad, su aspecto) que
sí, es la escritora. Cumple, sin sobresaltos

Este libro encargado por RBA a CECILIA PALAU (con texto histórico de JUAN CARLOS MORENO) es bonito por los cuatro costados. Es su principal virtud. Elegante incluso en ciertos pasajes. Su prosa no es briosa, empero no aburre. Por desgracia, tampoco estimula. Cumple la autora sin excesos su compromiso editorial y deja un depurado texto que semeja un piso recién fregado con una buena dosis de lejía: estéril.

Puede sea su estilo; no es demérito, pues agradará a cierto número de lectores enemigos de los experimentos literarios o las prosas montaraces, hasta los argumentos tendencioso o controvertidos. (Los que somos más de descubrir escritores con carácter, huella propia, nos cuesta disfrutar esta clase de prosa.)

Llamativo en esta novelización de los mitos nipones es la atonía de éstos. Pensemos en los mitos grecorromanos-nórdicos. En ambos, del Caos imperante surge el Orden. Todo era un inconstante fragor fecundo del que, de pronto, nace una primitiva noción del Orden. Un ser antropomorfo por lo común, del cual germinará la Humanidad con su más/menos semblanza. Residuo indómito del Caos Primigenio es la violencia que combaten y que tanto grecorromanos como nórdicos detallan como proezas en sus mitos. ZEUS-JÚPITER termina pacificando su Universo tras haber librado batallas con Gigantes, Titanes y sus monstruosas proles. ODÍN y sus hermanos organizan el Cosmos que sus antepasados crearon descuartizando un colosal Gigante Primigenio. Y listos a entablar lucha hasta el Ragnarok. O la caída del Olimpo. Guerra define esos mitos.

En general, la edición de estos mitos incluye una
serie de láminas que reflejan distintos pasajes
de la historia. Un agradable complemento

En Japón, de la negrura surge un resplandor que funda su Olimpo. Dioses de luz surgen a continuación; conforman distintos grados de cultura dentro de su Panteón. Pero no hay disputa. No rechazan malformaciones residuales de GEA o Gigantes del Hielo. La pax inunda sus pagos; incluso cuando educan a los dos dioses de los que nacerán los humanos (Izanagi e Izanami) para arrancar materia al Caos (el archipiélago japonés) y crear allí fauna y flora… no disputan con nadie. Su Caos no elige adverso paladín rival.

Surgen los problemas cuando un misterioso avatar establece exista el averno y una Diosa de la Muerte, papel que desempeñará Izanami, dándose una peculiar versión del mito de ORFEO y EURÍDICE. Izanagi desciende a los Infiernos, de donde también lo expulsan.

Este detalle, junto a la noción de que una férrea disciplina les obliga a realizar sacrificios, anteponiéndola a sus deseos personales,  también me sorprendió y pregunto: ¿cuál es la fuente matriz de los mitos; dónde se originaron, para que las migraciones las trasladaran/adaptaran al territorio? Junto a la ausencia de conflicto desde el génesis, base de las mitologías occidentales, es lo más sugerente de esta lectura.