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| Afiche general con el general de los personajes. Puedo quejarme de aspectos de esta serie, empero ya quisiera ver una saga española de este corte. (Cuando fantasean, vaya) |
[Caveat lector: la reseña es genérica;
veo la serie a salto mata y la cadena donde la emiten intercala episodios de
distintas temporadas creando una continuidad de sagas. Aclaro: en la primera
temporada sale tal villano; a continuación ponen su reaparición en la segunda o
tercera temporada, desconcertándote al aludir sucesos ocurridos en capítulos no
vistos, al saltarse la correlación cronológica. Consiguen un batiburrillo de historias,
algunas deplorables (las de “cuento de navidad”).]
LOS SIMPSONS suelen hacer despectivas alusiones de los
canadienses; HOMER los considera mariquitas, peleles, endebles, etc., opinión
extendida a otras producciones estadounidenses. Sugieren consideran perroflautas
a sus vecinos, e insoportables a los de la Provincia de Quebec. (Entre canadienses
tampoco se tratan mejor, al parecer.)
La idea predominante es que todo lo hacen
con seso, tacto y mucha política, más política, evitemos la beligerancia,
que se excitan los jugadores de hockey sobre hielo, y la liamos. Sospechas
su ejército lo componen jugadores de hockey berserkers. Entran en guerra
y, mientras combatan sobre hielo, serán invencibles. Sácalos del hielo, y los
pulverizas.
Resalta de esta longeva WOKEserie (basada
en novelas), con su sesgo CSI:DONDE SEA, su pulcritud general. Incluso
los arrabales acumulan sus sedimentos de educada forma. Los criminales convencen
poco, y raro es ver un mendigo o skipper pululando por las calles del set
que parezca tal, en una época (finales del XIX-comienzos del XX) donde las
duchas se estilaban lo justo, o menos.
Las calles están limpias de abono equino (y
mira que salen caballos). Tras advertirlo, descubres qué innatural es su
salubridad. Ponen un forzado empeño en decirle al ancho mundo: Eh, somos tan
educados y pulidos que hasta nuestras basuras se embolsas solas. Aun la
corrupción policial es artificiosa. Aunque… percibes que bajo todo ese barniz
de decorosas flemáticas personas laten wendigos que aportan sangre a la
saga. Son natural born killers obligados a comportarse como gentlemen,
que esperan plenilunio para desatar sus bestiales pasiones.
El erudito protagonista, el detective católico
(en esto inciden bastante, señalando un pasado racista) WILLIAM Murdoch, está
almidonado hasta la coronilla. Es como un ROBOCOP en traje oscuro y sombrero casi siempre calado,
de controladas emociones conservadoras aun en su intimidad conyugal. Es el
Deductor Máximo, un SHERLOCK HOLMES del Gran Norte, atento al detalle que su
garrulo comisario desprecia. Su jefe es un factor “humanizante”: violento
borracho homófobo, da opacidad a la serie. Contrapunto al religioso Murdoch,
sus puños son rápidos en arrancar confesiones.
Raro no emplee una guía telefónica (o
enciclopedia). Es de la escuela TOM LUDLOW. Empero, cuando tropieza con comisarios de
su mismo pelaje, ¡el hipócrita se pone progre!, afeándoles métodos que libérrimo
usa en su comisaría. Y al carajo los reparos legalistas de Murdoch. Lo ‘castigan’
sacándole del pasado una hija mulata. Rollo racial.
Hay cargantes policías-alivio cómico en función
de torpe clásico para que el listo (Murdoch) destaque como faro de sapiencia y
tolerancia racial y sexual, reflejo imagino de lo que el canadiense se
considera ante la Humanidad. Estados Unidos tuvo su época de RAMBO y CHUCK
NORRIS de paradigmas. Es legítimo los canadienses deseen mostrarse con este
avanzado espíritu pan-social/racial-solidario.
Irritante es el WOKE que impregna
temporadas más recientes. Olvidan la lucha por el sufragismo para hablar de omnisexualidad
como lo más natural de entonces. Cuando la progre doctora JULIA se desboca, el
desenfreno WOKE es total. Imposible hablaran así en la época victoriana. Y ahí está
la buena doctora, mitineando femirulista,
implicada en la lucha por los derechos civiles de los negros como no estuvo
MARTIN LUTHER KING.
Tal palabrería convencerá a un espectador ignaro. Leer a JULES VERNE, a H. G. WELLS, a KIPLING…, descubre que desconocían esos verbos (por inventados sobre la marcha esta última década) o relativizaban esas causas, no dándole la magnitud que presenta la serie. Habrá canadienses orgullosísimos al comprobar que ‘inventaron’ los derechos humanos, sociales, sindicales, el WOKE… ¡los primeros! Porque sólo motivar un liberal-de-limusina público explica esos demarrajes, que combinan con otros exasperantes elementos, como adaptar MISERY (por citar uno) evitando sugerir que no es homenaje o parodia, sino que inventaron la historia de STEPHEN KING. Consideran al espectador idiota. Esta es otra constante de la serie: excluyendo los ingeniosos episodios en verdad interesantes, el resto estima pueril al público. Arcilla que WOKEadoctrinar.
Toronto es la capital mundial de TODO. Supera
al ombliguismo USA de Manhattan. Conspiraciones internacionales, abortadas guerras
mundiales, primeras computadoras, robots, asesinos de SPECTRA, cohetes V2… Todo
en el ámbito municipal de Toronto, o la subsidiaria Montreal. (Lo que sé de
Toronto es que por ahí entra la coca en Canadá.)
Luego, el retablo de personajes como ALBERT
EINSTEIN, NIKOLA TESLA o THOMAS EDISON (junto con Wells o CONAN DOYLE) que “camean”
con deplorable asiduidad. Un simposio, un viaje promocional, una conferencia… excusa
para sacarlos. Entroncan su ficción con la Historia. Fracasa porque ¿de veras
MARK TWAIN dio una conferencia en Toronto? Da igual. Como tratamos al
espectador como a párvulos, tragarán. ¡Verán nuestra inteligente imaginativa,
mezclando ficticios con contemporáneos reales!
Infame cómo trataron a H. P. LOVECRAFT. Lo
pintan de depresivo gótico harto penas. Piensas: ¿de veras Lovecraft pisó
Toronto; abandonó Providence alguna vez? Lo más, Nueva York, creo. Cualquier
episodio, el espectro de E. A. POE guía a Murdoch para resolver algún viejo misterio
estilo el escarabajo de oro o asesinato en la rue Morgue.
¿Entretenida, recomendable? Siempre se centren en las ‘bizarradas’ steampunk (por eso empecé a verla; mas están llegando al punto de que casi usan celulares, en otro esfuerzo desesperado de “hacerse innovadores”) y abandonen la innecesaria prédica WOKE.



