viernes, 21 de febrero de 2014

ROBOCOP 3 — NI VIVO NI MUERTO

El prometedor afiche. Así, muy titánico
y dispuesto a barrer la escoria criminal
Queriendo ser original, diré algo "positivo" de la denostada película de FRED DEKKER: filma una parábola del miedo al inversor extranjero, que pretende mancillar una castidad norteamericana ingenua y maravillosa, y anima a la defensa de ciertos sagrados principios acogidos bajo la insignia de las barras y estrellas.

Siempre se ha valorado, al alza, la saga del cyborg que añora su pasado humano pero ha terminado aceptando su nueva condición inhumana gracias a los excelentes legados de PAUL VERHOEVEN e IRVING KERSHNER. No se (prefiere) recordar, para nada, el menos venturoso tránsito de ALEX MURPHY (PETER WELLER) por el tebeo y la serie de animación.

Pero RoboCop 3 recoge cuanta deficiencia y absurdo esos productos exhibían, ‘edulcorado’ con algunos planteamientos de FRANK MILLER que ha rebajado, de notable forma, la agresividad impostada a ROBOCOP 2.

A la agente LEWIS (NANCY ALLEN) el new look no va a
venirla nada bien. En primer plano, la nueva mecánica
de ROBOCOP
…aunque aseguran que WALLON GREEN tuvo más que ver con esa agresividad. Pero pudiera parecer que desearan adjudicársela al autor de cómics por su auge en el medio por entonces, causa de un esnobismo de querencia sobrevenida de las elites críticas y estéticas del ‘mundo cultural’, siempre vano, superficial, insustancial, lamentablemente influyente, por la historieta.

El tebeo estuvo siempre ahí, ofreciendo distinta calidad en sus tramas e ilustraciones. Se estimaba juguete necio y pueril del horrendo “consumo de masas”, y no merecía sino sofisticado desprecio. El Arte, la Cultura, (de la que estas veleidosas cabezas huecas se han adueñado, indicándonos caprichosamente qué consumir, adorar, denostar), es otra cosa. Elevada, radiante, acotada al populacho bullicioso. Mas, de pronto, vieron cierta propiedad en el tebeo y debían ¡aclamarlo!, quitárselo a la gente corriente al que “se destinaba”, para transformarlo en otro cursi bibelot de su idolatría.

Con esta tierna y desvalida imagen de la niña sabihonda
(asco de niños supergenios), pretendían mostrarnos la falta
de entrañas de las Corporaciones y sus terribles planes. De
paso, intentaban hacernos olvidar a HOB, el infantil jefe
del crimen de Detroit de
RoboCop 2. (No coló)
Entendían que, para estar en la onda, debía hablarse del tebeo (léase: novela gráfica) en sus fondas culturales. Sin saber de qué conversaban. Sin citar autores, ilustradores, aun hojear un cómic. Era… la postura. La moda. Lo IN de la temporada.

Así que elegimos a Miller, que vive de las viñetas, y parece así que la cosa adquiere un renombre capaz de imantar la atención de esas elites, cuya crítica y presencia sacraliza la producción.

Así es: tan perdida estaba esta cinta como indica la cara
de RIP TORN. Hace añorar intensamente a los perversos
Ejecutivos de las pelis anteriores. En
RoboCop 3, estaban
todos de saldos y liquidaciones
Por desgracia, RoboCop 3 defrauda toda expectativa. Es artefacto agotado y aturdido que no convence y que, para justificar su descafeinado aliento, culpó a la hiperviolencia de RoboCop 2, productor de fuerte rechazo y tal. Para existir, RoboCop 3 debía ser más DISNEY que nunca. Y helo ahí: blanco de malas reseñas y peores recomendaciones.

No obstante, alguien (tal vez Dekker, o Miller, o ambos) decidió que RoboCop 3 debía alentar (con respiración asistida) los mismos aires que habían popularizado al masivo representante de la Ley, y mantuvieron un (remedo) del enérgico contenido social presente en las primeras entregas, presunta (y no lograda) denuncia de unas conductas avasalladoras del Poder y el Dinero, nuevos amos feudales que oprimen a la masa.

Por pelotas, guionizando FRANK MILLER, había que meter
un rollo samurái en la trama... una evanescencia del
"peligro amarillo" constatado ya en
BUCK ROGERS o
FLASH GORDON
Que OCP pierda todo su poder frente a una Corporación japonesa menoscaba toda la estructura de RoboCop 3. OCP era la faz, inhumana, del Poder y el Dinero que nos están haciendo la puñeta. Enemigo cercano y que podíamos identificar, así odiar, por tener reflejo en nuestro mundo real.

Al transformar a OCP en víctima, perdió la gracia. Ahora, ¿a quién vamos a aborrecer? ¿A esa Corporación nipona llena de caras desconocidas? ¿Carentes del elegante y comedido empaque de EL VIEJO (DANIEL O´HERLIHY), o del extrañamente ingenuo y afortunado JOHNSON (FELTON PERRY), que sobrevive toda la serie, pese a las titánicas debacles, debido a su secundaria y anodina estampa?

La inútil canallada: ¿a qué matar a Lewis? Su sintonía con
MURPHY era magnífica. Otro despropósito de la película
El enemigo del país del Sol Naciente no tiene garra. Es un capricho oportunista de Miller (creo), que quería consagrar, en la Robomitología, sus propias preferencias. El tal robot OTOMO (no hace falta explicar por qué ese nombre, ¿eh?) no da la talla; su aparente superior sofisticación, frente al corpulento RoboCop/Murphy, no consigue vencerle. Aunque sí establecen esta imagen: RoboCop es sólido y resistente, como América. El elegante robot extranjero es también débil.

Creo que conviene señalar qué oscura intención “patriótica” encierra esta cinta, rodada como un reprise del primer RoboCop (imperdonable la muerte —innecesaria— de ANN LEWIS —NANCY ALLEN—) y finiquitar la saga (táctica incomprensible que esboza casi desde el primer fotograma; ¿van a matar a la productiva gallina de los huevos de oro?). Por esa época, grandes Corporaciones japonesas estaban adquiriendo señaladas empresas norteamericanas.

Pues así de quebradas iban quedando nuestras ilusiones
sobre el filme, conforme transcurría el metraje...
“Advertían” de una invasión foránea que iba apoderándose de lo más rico del país: podían, cara al estadounidense y el resto del globo, seguir teniendo fachada americana, pero sus jefes estaban domiciliados en Tokio.

Mediante estas “denuncias” parecían intentar criminalizar al inversor extranjero, en vez de admitir que quizás el fallo estuviera en la propia industria nacional, que dejó de ser eficiente, o competitiva. No por pereza o ineptitud. Se durmió en los laureles. Se prefiere culpar al forastero a admitir taras indígenas.

Conflicto entre supermáquinas. KATO tumba la (sólida)
versión mecanizada de JOHN WAYNE
Pero pasma la comparación: los mejores RoboCop los filmaron extranjeros (Verhoeven, Kershner), y el peor, un norteamericano. ¿Cómo de lúcido queda el “mensaje” que se pretendía transmitir, que el made in USA, hecho por personal USA, supera al foráneo?

América es también muy nacionalista. Proclive al aislacionismo, no mira tan bien como afirma su Propaganda al mundo. Es un robusto gigante convencido de perdurar para siempre, mas su imperio muestra ya decadencia. Por un lado, invita a venir y civilizar a todos con su contagiosa CultuPop. Por otro, rechaza, criminaliza, discrimina. Se siente por encima del mundo, a duras penas queriendo admitir que su poderío procede de inmigrantes, llámense o no EINSTEIN o VON BRAUN.

Postal de final feliz. América jamás será tumbada por
unos energúmenos de ojos rasgados. A destacar la presencia
del SGT. REED (ROBERT DOQUI), que aguanta las tres
entregas también
Concluyendo: RoboCop 3 decepciona. No es RoboCop. Está siempre roto, averiado, como en los dibujos animados o el tebeo. Soportó violentos castigos en pasadas entregas, pero aquí lo tumba un resbalón. Gana de pura chamba, no a consecuencia del heroico esfuerzo. Y lo santifican como imagen del honesto pueblo trabajador americano, que se opone, desde el aire, cuan ciberarcángel de piel de titanio y kevlar, al fascista capital extranjero que ha corrompido a varios compatriotas y pretenden violar la ingenua castidad de COLUMBIA.

Como digáis. Pero este no es RoboCop. Es ROBERT BURKE vestido de RoboCop.

Vuestro Scriptor.

Adjunto:

jueves, 20 de febrero de 2014

A COLOR, RECIENTE

A lápiz de color
Espero que la calidad de las fotografías alcance para permitir advertir con claridad mi progreso en la aplicación del color (las influencias). Una sensación de legítimo orgullo, por este avance fruto de un constante esfuerzo, me anima a mostrar estas imágenes.

Un poco de detalle
Los originales, en “panorámico” como puede apreciarse, miden unos sesenta centímetros, y aunque podía escanear una parte, me ha parecido mejor mostrarlos así.

¿Y qué tal esta?
Labor tradicional, artesanal, lenta ilustración. Pero que drena pequeñas satisfacciones personales al contrastar el adelanto patente en estas imágenes con trabajos pasados. De paso, ¡pruebo suerte para ver si alguien se anima y compra una de estas ilustraciones!

¡Un abrazo!
Y adjunto estas muestras para ver si incentivo todavía más vuestro interés, en un proceso de "elija usted la mejor imagen":





Vuestro Scriptor.

viernes, 14 de febrero de 2014

DEATHLOK EL DEMOLEDOR — EL DRAMÓN DEL HOMBRE DEL PORRÓN DE MILLONES DE DÓLARES

(Estúpida) portada del recopilatorio. Si
DEATHLOK ya poseía visión de largo
alcance-y-precisión, ¿para qué quería
un visor de puntería?
Acertado resumen de este recopilatorio sería: Historia de un fracasado en estado de putrefacción. Pero se le debe conceder, con paciente magnanimidad, ser un tebeo de su época, que rebosa energía, imaginación (hasta cierto punto) e ímpetu (malgastado). Puramente evasivo, no tiene pretensiones ni deseos de alcanzarlas, pues su creador, RICK BUCKLER, jamás las buscó, ánimo compartido por el resto de guionistas-amigos invitados a mantener en ON las andanzas del macabro cyborg.

Cuanto más logró el BULLPEN entero fue lanzar al personaje a dar erráticos tumbos por una derruida Nueva York, cara de un mundo asolado por una guerra inexplicada, persiguiendo los harapos inconsistentes de una “misión” tan maltrecha e inefable como su propia construcción.

A quien su vasta erudición se la juega es a EDUARDO DE SALAZAR, cuyas encomiásticas palabras sobre Deathlok y sus vicisitudes lo hacen describirlo como “un personaje crítico y, a la vez(…) comprometido”. Debemos haber leído cómics distintos, pues ¿con qué, o quién, es crítico Deathlok? ¿Con qué, o quién, está comprometido? Sólo vi un personaje con determinadas posibilidades pero cuyos desaciertos iban amontonándose de manera alarmante hasta sepultarlo bajo una atroz catarata de deficiencias. Pero: no enarbola bandera, protesta o reclamación contra un estado social, ecológico, o político, que Estados Unidos por entonces mantuviera.

Cubierta americana original; admito que,
en su primer número, el macabro sujeto
prometía. Tenía su aquél, vaya
Ufano, indica que Deathlok, que terminará de guest star en otras pintorescas colecciones (como CAPTAIN AMERICA), es ‘antepasado’ de TERMINATOR y ROBOCOP, prototipo que inspiró estas más afortunadas máquinas-hombre. El entusiasta de Salazar, señalándonos lo obvio, olvida que Deathlok a su vez puede ser una corrupción, nunca mejor dicho, de una popular serie de TV que ha dejado impronta en la CultuPop estadounidense: EL HOMBRE DE LOS SEIS MILLONES DE DÓLARES (en Hispanoamérica, EL HOMBRE NUCLEAR), plasmación de la novela CYBORG. Cuantiosos episodios de LOS SIMPSONS recuerdan esta producción.

No debemos, por tanto, recalentarnos demasiado las meninges al imaginar a Buckler y el siempre competente guionista DOUG MOENCH tirados en el sofá de la casa de uno de ellos viendo la TV y excitándose con la propuesta que sugería el hombre atómico. Trasladaron al astronauta STEVE AUSTIN (reconstruido con próstesis mecánicas tras un brutal toñazo en su nave) al cuerpo de LUTHER MANNING, superestratega que te cagas y competente soldado, cuya capacidad de análisis de las situaciones de combate no podía perderse.

Deathlok, rebelado, por las escombreras
neoyorkinas, monitorizado por el
cibervoyeur
SIMON RIKER, coronel y profético
personaje. Anticipó los extremos de la
vigilancia remota que sufrimos hoy día
El CORONEL SIMON RYKER arrancó ese segmento de sesos del cadáver de Manning y lo enlazó con una sofisticada computadora, reemplazando por prótesis HI/TECH lo amputado al fallecido, y, activado, arrojaron al proceloso mundo que les estaba tocando vivir un artefacto asesino que, iría descubriendo, era costoso títere que apuntalaba las ambiciones dictatoriales de Ryker, no menos incrustado en su feudo: Manhattan.

Bajo esta premisa, Buckler, Moench y Cía. obligan a Deathlok/Manning (pues el muerto tiene un “recuerdo total” y se apodera del sistema al que debía servir) a avanzar Avanzar AVANZAR por entre las escombreras neoyorkinas, eliminando enemigos que le salen al paso como muñecos de una galería de tiro, como empujados desde los bastidores a recibir sus impactos. Y, siempre, improvisando viñeta-a-viñeta.

Las ruinas albergan todo tipo de tipejos,
a los cuales Deathlok brea de un modo
u otro; libera así su notable estrés
Nunca informan extensamente por qué Norteamérica (se apunta que la cosa adquirió esa dimensión, y más) es ahora un pedregal ruinoso con deltas de población que sobrevive bajo el control de la OMNICOMPUTADORA, artefacto de Ryker y al cual está enchufado constantemente, pues es el primer cyborg existente (y un fracaso, aunque no cuentan en qué). Las espontaneidades se multiplican cuando, para nutrir la colección con nuevos ejemplares que poner en venta, Buckler va enfrentando a Deathlok con otros cyborgs, más estilizados de aspecto que Manning (espantoso con ese ojo rojo cuan tomate imperando en su machacada faz), quien, para colmo, descubre que ha sido clonado (!) numerosas veces.

Llega la cosa al extremo de que pega una patada a una piedra, ¡y sale uno de sus clones! Con razón estaba el pobre hombre-máquina en la situación anímica que se encontraba.

Para los nostálgicos que recuerden a
Vértice, portada de cuando editaban
Deathlok; aquí, abortando el intento de
Ryker de compuinmortalizarse
Llama la atención la O(mni)C(om)P(utadora), un remedo, por lo poco que se cuenta de ella, de la inteligencia artificial reinante en THE MATRIX. Otra prometedora ocurrencia que no dejó su estado embrionario, porque tras la misión en que Deathlok logra abortar el enlace final entre esta máquina y Ryker, se advierte, más que desgaste, desgana por continuar esta historia, lanzada a toda velocidad al sin sentido, el fracaso.

Se intuye que había madera para llegar hasta el referido “golpe de estado”, que impidió a Ryker ascender a potencia de bit, integrado en su OCP, listo para mandar por siempre jamás, pero el combustible desapareció entonces. (Un apunte para de Salazar: ¿no fue este coup d´estat anticipo de TRON, ya que estábamos buscando orígenes?) ¿Qué hacemos, entonces? Manning, transferido al cuerpo de uno de sus clones, merced a la benevolencia de la CIA, que gobierna, cambia su arma láser por una Olivetti y compila las “crónicas de Deathlok”, cúspide de todos esos tumbos y desaciertos que liquidaron al siniestro cyborg hasta enviarlo, sin remedio, a la tras-trastienda de los secundarios.

Aunque en su saga no existían, Deathlok
acabó combatiendo otro tipo de tipejos:
superhéroes. Más desbarajustes que
pretendía exprimir, cuanto pudieran, al
patético personaje
Nunca intentaron examinar, como sí haría exitosamente PAUL VERHOEVEN en RoboCop, si Deathlok era una máquina impregnada del alma de Manning, que regresaba (entera, o parcialmente) a su ser debido a que una parte orgánica de él residía en un artefacto, o si el alma, existiendo vivo ese fragmento suyo, jamás le abandonó. Si hay Cielo. Ergo: Dios. (De acuerdo: metafísica, liturgia. Pero argumento, en suma.) Si, por el contrario, la máquina emuló parámetros de la conducta social de Manning para hacer a Deathlok más eficiente y deliró con presuntos bytes emocionales que originaron la mal function que anima la serie a ser publicada, y el alma, por tanto, es cuento chino de los curas para sacarnos los cuartos. Estos análisis, en pequeñas dosis, habrían elevado bastante Deathlok.

Prefirieron emporcarlo en sucesivas verborreas conmiserativas autocompasivas hasta la extenuación, violencias y búsquedas de propósitos elusivos, difusos. Un ciego, limitado y caprichoso ombliguismo, como agujero negro, devoró a Deathlok, sobrecargando hasta anular sus posibilidades de futuro y continuidad.

Vuestro Scriptor.

Relacionado:

viernes, 7 de febrero de 2014

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE — FEROZ FUTURO

Afiche: esos camiones-excavadora
sí que dan canguelo. ¿Qué harían
con la gente que atrapaban...?
Los espabilados RICHARD FLEISCHER y STANLEY R. GREENBERG saben sacar jugo abundante a ¡HAGAN SITIO! ¡HAGAN SITIO!, novela de HARRY HARRISON, ‘precoz’ anuncio de terribles carencias humanitarias al albor de 2000AD. En el libro, Harrison describe una Nueva York (específicamente, la isla de Manhattan) saturada. Hasta los topes de población sucia y desnutrida que no sabe cómo encarar el día-a-día; aún menos, la jornada por alborear. Una Sociedad víctima de una autista inercia.

En su relato (que empuja no obstante a reflexionar), Harrison evidencia determinadas restricciones creativas fruto de un pensamiento “conservador” e ingenuo planteamiento de la “política de las masas”. Su relato ilustra unas apabullantes condiciones de vida tercermundistas que la población estadounidense soporta con una estoica entereza que ridiculiza la flema británica ante la adversidad. El autor no quiso pensar en que una drástica desaparición de las virtudes del Estado del Bienestar arrojaría a la gente a la calle, produciendo violentas algaradas. ‘Sus americanos’ guardan orden y turno ante la miseria progresiva en que les ha hundido la superpoblación, generando algún conato de disturbios más parecidos a un estéril aspaviento colérico que a una sublevación.

He aquí una Sociedad que anima a la eutanasia, cosa a la
que THORN (CHARLTON HESTON) se opone cuando su
anciano ayudante, SOL ROTH (EDWARD G. ROBINSON)
lo menciona. Una curiosidad: ambos ya coincidieron en
otra cinta "apocalíptica": 
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Harrison estaba más centrado en el romance entre las ruinas del viejo mundo agotado y las decadentes estructuras del nuevo famélico futuro que ilumina su libro. Cierto momento aun induce pensar que toda la narración está fabricada en torno a ese amorío. El resto, es incómodo pero necesario utillaje.

Greenberg, empero, vio carnaza en el texto, estupendas ideas que un “acomodado” Harrison no supo explotar. Descentró la relación romántica para emplearla como una argucia que permitía mostrar a un implacable CHARLTON HESTON de quijada encajada en un rictus decidido en alguien capaz de ser sensible a los horribles sucesos.

Flípalo con los videojuegos de este 2022; pero a esta niña,
SHIRL,
mobiliario de profesión, la ponen loquita. Si viera
los actuales...
Su encarnación del detective THORN es mucho mayor y elaborada que lo que describe Harrison de su ANDREW RUSCH, personaje que casi parece siempre dispuesto a pedir perdón por existir. Rusch es pequeño, acomplejado, mínimo-nimio. Intrascendente. El corrupto Thorn toma al mundo por la pechera y le vacía los bolsillos sin escrúpulos.

Trisca por los desechos del atestado Manhattan en pos de un fin del día algo mejor que el comienzo. Es digno exponente de la dramática rotación que la figura del Héroe había dado desde comienzos de Década 70, la cual creó pesimismo por el futuro. La idea de que éste en verdad iba a fracasar estrepitosamente, sin remedio, aferró al colectivo. No eran ya augurios oscuros en libros aislados. Era certeza. Y la encarnación del “salvador” distaba apenas de la del villano.

Este asesinato, en especial, obligará al corrupto Thorn a
esforzarse como un buen poli, pese a los numerosos delitos
diarios y las presiones que recibe. Otra imagen curiosa:
CHUCK CONNORS (TAD) protagonizaba la serie
EL
HOMBRE DEL RIFLE; a Heston le llamaban así en los
últimos años de su vida
Los tradicionales estándares surgidos del fin de la Segunda Guerra Mundial estaban deshilvanándose. El titán, Norteamérica, recibía una paliza, mala y de verdad, en Vietnam, impensable y más dada la entidad del enemigo: en inferioridad de medios ante todo. Resintió su poderío. La crisis del petróleo mostró, al mundo habituado al despilfarro, que todo se agota. Y un planeta que pensaba que la materia prima no tenía fin y podía derrochar cuanta cantidad quisiera, empezó a reconsiderar opciones.

La ‘desmitificación’ se agudizó en las producciones de ciencia ficción, trocadas como nuevos y siniestros arúspices del Tenebroso Mañana-Mañana. Desde la pantalla de plata, Heston/Thorn amputaba sueños: Olvídate de las rutilantes naves BUCK ROGERS y las Princesas de Marte, tío. Del Planeta Prohibido con serviles robots como metálicos reclamos MICHELÍN. Te espera esto: un rapaz empobrecimiento de tus condiciones de vida. Lupus homini lupus: frase que engloba y describe Soylent Green.

Inmundicia, masificación, carencias... en el corazón de la
llamada potencia más poderosa de la Tierra. ¿Cómo
estarían en países mucho más pobres?
El cuento de hadas futurista estaba muerto y Soylent Green no era el único en decirlo. Década 70 ofrecerá cintas distópicas como LA FUGA DE LOGAN, NUEVA YORK, 2012 o el primer MAD MAX, que reproducirán sin tregua esa acentuada desesperanza. Con STAR WARS, GEORGE LUCAS dará un épico respiro, pero no logrará completamente zafar al espectador del presentimiento: Mañana todo irá un poco peor.

Soylent Green aprovecha (casi) al máximo las propuestas no desarrolladas por un ‘timorato’ Harrison. Es aún posible pensar que Greenberg y Fleischer se dirían: Pero ¿no estaba viéndolo Harrison? Ante la situación límite que describe su novela, ¿no comprende que la gente sucumbiría al canibalismo? Sería de esas leyendas urbanas “infundadas” presentes en las conversaciones. Cosa que Rusch no querría indagar por miedo a la verdad. Pero ahí estaría. Y tanta gente apiñada APIÑADA, ¿no extendería velozmente epidemias imposibles de atajar por falta de medicamentos?

Shirl logra arrancar la hostil capa externa de Thorn, que se
entrega a placeres apenas soñados por él. Un poco de
romance en medio de una desesperación generalizada
Ellos tampoco barrenaron en esto; supongo que con lo que tenían previsto hacer con las galletas verdes, el espectador iba ya pertrechado camino a casa. No obstante, el desgarrador alegato final de Thorn en la iglesia, resaltado por la foto fija de su mano ensangrentada extendida como suplicando socorro al Altísimo, se disuelve ante la muelle moral de un mundo situado al borde por la hambruna persistente. De acuerdo: no ingerimos Soylent Green pues está hecho de cadáveres: ¿qué comemos, entonces?

Vaya forma salvaje de terminar con manifestaciones y
tumultos. Que no tomen nota, los de hoy día
La película asegura que los océanos se secan; sin plancton, no hay peces. ¿Qué queda? Gente, dado que todo lo demás se ha agotado, o a punto está. Habría conatos de rechazo-y-repugnancia, ajá, sí, pero cuando apretase el hambre… Su inexorable lógica…

La gente lo aceptaría, y al cabo de poco, ¿lo encontraría normal? No sé hasta qué punto, empero, jalarte a tu abuelo transformado en galleta mutaría el pensamiento global, forzaría el cambio, la evolución para recuperar lo que hubo tras esta crisis. ¿O el personal alzaría los hombros, se adaptaría, y empezaría a servir directamente carne humana en el menú? Están muertos. El Gobierno nos la proporciona mediante Soylent Green. ¿Por qué Chez Moritz no va a poder, pagadas las correspondientes tasas?

El concepto del reciclado en su más elevado extremo; una
forma novedosa, ingeniosa, de canibalismo y solución del
 problema de alimentación del populux:
Soylent Green
Soylent Green evidencia lo que un libro “con posibles” puede ser cuando le aplican algo de oscuridad a la trama. Novela y película son muestras, también, de cómo un pensamiento en torno a un planteamiento concreto se modifica en pocos años. De qué forma las carencias endurecen a las Sociedades, que van perdiendo un inocente candor de boy scout para abrazar una voracidad egoísta, reflejo de sus carencias y apetitos que deben ser satisfechos como sea.

Vuestro Scriptor.

Distopías adjuntas:

domingo, 2 de febrero de 2014

¡HAGAN SITIO! ¡HAGAN SITIO! — LA DISTOPÍA DEL HAMBRE

Avispada portada que aprovecha
fotogramas de la película
CUANDO
EL FUTURO NOS ALCANCE
Si bien he reconocido que entre lo que más me atrae de la ciencia ficción está su “capacidad” augur, también debo admitir, con honestidad, que el error en la profecía es, o puede ser, mayúsculo. Esta novela de HARRY HARRISON es ejemplo de cuánto puede variar una ‘predicción’ realizada desde el fecundo “género del millón de puertas”.

Hay que reconocer, empero, un mérito a Harrison: la preocupación, seria y aguda, por las futuras condiciones de la Humanidad y el estado (ecológico) del globo en 1966. Observemos que, entonces, y películas de insectos gigantes irradiados aparte, el mundo parecía instalado en un sentimiento de perdurable invulnerabilidad decimonónica e inagotable prosperidad antinuclear.

Interesados corros políticos gobernaban la opinión, maleando la Propaganda para someter el criterio ciudadano a la idea de que estaban en un émulo democrático del Reich Milenario. Todos gozarían de inagotable suministro de Coca-Cola, desmesurados Cadillacs, pulcros adosados en modélicas urbanizaciones pacíficas, la parejita de niños encantadores y un perro lanudo.

HARRY HARRISON ante el espejo: "Me puse así
de comer tanto soylent green. ¡Pero no lo digas
a nadie!"
Sólo esos sombríos cummies de la vodka y el borchs amenazaban esta Edad de Oro a la EISENHOWER que tramaban las burocracias estadounidenses, con leve reticencia de los Aliados.

La idea era: todo sería rutilante y abundante por siempre jamás, recompensa a salir del tenebroso atolladero de la Segunda Guerra Mundial y las sombras (de vergüenza) que la dejación dolosa a las políticas raciales nazis habían dejado.

Dos o tres locos de cierta entidad vaticinaban peligro, ¡PELIGRO, WILL ROBINSON!, con el tema atómico. Pero la Propaganda pronto neutralizaba sus voces catastrofistas tachándolas de antiamericanas.

En un mundo de ensalmo material con hechuras de pintura de NORMAN ROCKWELL, ¿qué permitía pensar que la superpoblación desbocada engendraría penuria general y el crítico empeoramiento de las condiciones sociales? La Propaganda afirmaba que la Maquinaria produciría satisfactorios artefactos sin fin-sin fin, y el peligro (rusos aparte) provendría de enigmas de otros mundos; esos recurrentes marcianos de los bemoles. Pero, nada alarmante. Todo: vencible.

Claustrofóbica cubierta foránea del
libro. Cumple su objetivo
Harrison escribe, entonces, un ‘augurio’ en que la Humanidad es finalmente acorralada por el hambre, la carestía y el hacinamiento en condiciones tan tercermundistas que ni la TV de la época exhibía. Teoriza (aquí empieza a errar) con una Tierra superpoblada en 2000AD por siete mil millones de habitantes, aplastados mutuamente debido a una asfixiante falta de espacio, trabajo, sanidad, cobertura social.

Problema A: es ciencia ficción. Cosa de críos. De insectos radiactivos gigantes que los Marines liquidan. ¿Vais a creerlo? Problema B: es Propaganda cummie. Catástrofes-sin-fundamento preconizadas, sí, ajá, para socavar los poderosos baluartes de nuestra democracia consumista. Problema C: Harrison iba equivocándose cada vez más.

Normal lo último. Contemplaba el futuro desde una perspectiva cuya moral le forzaba a ser conservador. Cierto, le preocupaba, y mucho, la naturaleza del futuro que sus hijos, y nietos, iban a gozar. En 1966, ciertos datos expuestos en su obra eran alarmantes. En 2014 empezamos a columbrar sus penalidades ‘anunciadas’, aplacadas (creo que para seguir despistando) por una Propaganda estimulada por las palabras “conciencia ecológica” y “reciclaje”.

Otra portada. Y vaya ilustración. Con
esto de que es ciencia ficción, cosa
cualquiera puede colar, ¿no?
Además, si la cosa empeora en exceso, liberamos los perros de la guerra y nos alivian de unos pocos millones. Estabilizada la cosa. ¿Veis? Todo controlado.

Harrison se aferraba al concepto de nacimientos en progresión constante para dar solidez a su “predicción”, enmascarada de investigación policíaca emprendida por un vulgar detective, ANDREW RUSCH. Éste, pateándose Manhattan, va contrastando su vida con la de los restantes miembros del elenco (SOLOMON KAHN, BILLY CHUNG, SHIRLEY, TAB…), y esboza cómo será 1999, a menos que pongamos coto a las tasas de natalidad desenfrenadas, que para el autor seguían aumentando pese a que la gente careciera de hogar y engullera mierda.

Harrison (incrustado en una Sociedad que creía imposible perder en Vietnam) no quiso pensar que la cercana crisis del petróleo desencadenaría un pesimismo general por el futuro, que influiría en la forma de ser y pensar del ciudadano, quien miraría más cuidadosamente los gastos. El clima social mutaría; tres años más tarde, los preceptos religiosos y conservadores de la época se cuartearían y desmoronarían. El lujo y su acaparamiento sustituirían al concepto de familia. El estatus social, mediante el empleo, y una educación más liberal, unida a un beligerante feminismo, transformarían el embarazo en obstáculo. Harrison, como otros notables autores de su época, no tuvo, para nada, presente la condición humana y su volubilidad.

Un "coqueteo" de Harrison con el cómic, e
ilustrado por nuestro gran CARLOS EZQUERRA,
quien, AL PARECER, ha estado de visita en
http://spnkgirl.blogspot.com.es/,
valorando su contenido
Estos autores estaban instalados en una especie de Parnaso “cultural” alimentado por elogios recíprocos. Esto les hacía sentir arúspices infalibles del futuro; su palabra, ley. Aunque faltos de maldad, la arrogancia les había insertado en fundas inflexibles, a prueba de reconsideración de sus postulados según datos recientes. Y su criterio aún gobierna el género: constituyeron las Edades de Oro y Plata, y debemos ¡aclamarlos! por tanto.

Conforme en reconocer su trabajo, que fuesen pioneros y todo eso. Pero resaltemos que fallaron, también; arrojaron “predicciones” desde una cúspide de ofuscada altanería, y se negaron a admitir que el mundo fue en dirección divergente a sus “vaticinios”. Y va resultando que autores no tan ¡aclamados!, un poco dados de lado incluso, si no van ‘acertando’, al menos la falta de rigor en sus cábalas es más excusable, pues no se tomaban en serio ni ellas mismas. Eran relatos para divertir. Consumo de masas.

Creo que de esta novela hicieron
una película también. ¿Alguien
quiere/puede confirmarlo?
¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, aun así, es de los libros que conviene tener y leer. Sombrío, pesimista, descorazonado, anticipa lateralmente que el lujo vencerá al amor, pese a las promesas realizadas. Andrew queda solo en un empobrecido mundo masificado (pero que, curiosamente, y pese a sus punzantes carencias, no causa motines; el populux sigue fiel a la bandera), mientras Shirley acude a buscar un protector adinerado que la saque de los barrios míseros de la superpoblada Manhattan.

Cierto que es una lectura que induce desasosiego, pues nos alcanzó parte de lo que “predijo”, pero también pierde fuerza su tenebroso “pronóstico” al ver que no ocurre tal como se describe. En todo caso: espero que sirva de advertencia. Y podamos enmendar las cosas.

Vuestro Scriptor.

Distopías adjuntas: