viernes, 25 de septiembre de 2026

AUTOPISTA AL INFIERNO — ORFEO EN OCHO CILINDROS

 

Afiche. Entretenida serie B que
un director más dinámico habría
sabido exprimir a tope

Una cosa que repudio cada vez más es presentar a SATANÁS como un repelente ser deforme. Me parece vomitiva puerilidad. Seguro que Satanás pueda adoptar una forma aterradora a voluntad. Empero ¿no es más sugerente mostrarlo como LUZBEL, el más espléndido de los ángeles, de deslumbrante belleza? Un luminoso ente atractivo, seductor, de natural encanto y profusa prolija labia. Un embaucador de primer orden.

Ese tiene más peligro que el monstruo, lovecraftiano o no, como siempre lo sacan. Porque si ves a un terrorífico engendro espeluznante, escapas en todas direcciones y a la vez. ¡Así no capturas almas! En cambio, alguien que se amiga de ti, profiere agradables verbos, te empuja por el precipicio convenciéndote de que es un escalón… Eso no lo esperas. Caes todavía convencido de su buena voluntad. Pues ¿no está acaso el camino que lleva al Infierno empedrado de buenas intenciones?

CHARLIE Y RAQUEL no es eso lo que encuentran en su viaje al Infierno. Es un pedregal madmaxiano salpicado acá/allá de singulares hitos (como ése de convertir en alquitrán a los pecadores) que conduce al río estigio y el último Círculo del Infierno.

Esta pareja jamás soñó tener una luna de miel tan
peligrosa, espectacular y sobrenatural/esotérica

La falta de brío del director (SAM RAIMI le habría sacado más jugo) lacera la magia de esta película (serie B de la buena; quizás de las últimas oriundas de Década 80 —consideremos todo el proceso previo de producción—; no he visto últimamente molona serie B. La represora larga sombra del fasciWOKE estará detrás) pese a su afán de encuadrarse en hitos como POSESIÓN INFERNAL. No es una producción de terror, sino de aventuras fantásticas tipo JASÓN Y LOS ARGONAUTAS que aprovecha el mito de Orfeo y EURÍDICE. 

Charlie, el pizzero con grandes sueños, atraviesa un peculiar portal hasta el Infierno para rescatar a Raquel, presa por un fantástico policía del Infierno con trazas de CENOBITA. El pecado de Raquel consiste en haber sesteado durante cierto tramo de una carretera secundaria, donde el dueño de la gasolinera, SAM, les avisó que estuvieran muy despiertos. Pecó Raquel. Toca pagar.

El Infierno está plagado de peculiares personajes
y fracasados que aspiran a ser nuncanadas de lujo

Durante la odisea, Charlie recibirá ayuda de un simpático samaritano, MR. BEEZLY. Un sardónico PATRICK BERGIN que funciona bien en ese rol hasta que le plantan la repelente máscara de monstruo para identificarle como Mr. Satanás. Luego, se la quitan.

Entiendo Beezly actúa así por aburrimiento. Esto de la eternidad con los tomentos y los condenados debe ser agotador, aun para un ente inmortal, que sin duda ansiará llegue el fin de los tiempos para, al menos, cambiar de rutinas. El Diablo cavó su propia condena.

El Infierno, el Diablo, sigue (y seguirá) siendo una constante fuente de argumentos que dependerá de la habilidad del que maneje los presupuestos para darle miseria o relumbrón. Induce glamour. Para unos, por su profana vertiente y el desafío al Altísimo y sus beatos mandamientos. Para otros, por ser la constatación de la sed de justicia ante las adversidades con las cuales la vida flagela. No podemos vengarnos a nuestro gusto, mas confiamos en que haya un tortuoso Más Allá de la Cúpula del Trueno donde nuestros ofensores caro la paguen. Sirve a la Iglesia para extorsionarnos con el terror a las penas del averno y garantizarse que nos portaremos bien. No obstante, una ojeada al mundo y sus sujetos, cómo los malos triunfan, debilitan ese catecismo.

En fin, si la imagen de SATANÁS no es la de un
raro monstruo, no estamos contentos. Es pueril

Y más, cuando descubres que la misma Iglesia es un corrupto contubernio izquierdoso (!) más preocupado por los infieles que por los fieles, quienes acuden al templo buscando apoyo y consuelo, a Dios, y descubren que les marginan y hasta desprecian. Las miserias de este son más lucrativas que las tuyas, beato cristiano viejo. ¡Fuera, fuera! Al Infierno.

¿Qué hace entonces el desconcertado/vejado creyente, que no traga ya eso de que son pruebas de Dios para probar la fortaleza de nuestra fe? Pues gritar: HEIL, BEEZLY!