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| El recopilatorio comentado |
La BIBLIOTECA
BÁSICA DE CIENCIA FICCIÓN, nº 10, editada por NUEVA DIMENSIÓN, so pretexto de “antologías” destinadas tanto a
contentar a los aficionados al género como a hacer cantera (tan importante),
tocó la cuestión de la reanudación y/o continuidad de la Sociedad, o el propio
ser humano, tras una catástrofe nuclear, tema persistente entonces. Supongo que
continúa siendo de importancia todavía. En sus silos oscuros, las armas
nucleares aguardan el momento de, con un cegador flash final/fatal, fulminarlo todo. Al parecer, sólo precisan
cuatro horas. Una tarde.
Al Hombre le pone la Extinción y cómo la
sobrellevaría. El muestrario de ejemplos es abundante y tenemos (casi) todos
noción de varias y notables ‘parábolas’ a las que recurrir. Sospecho que incide
en el tema para demostrar que, por muy mal dadas que vengan, todavía haríamos
porque cuanto más nos dignifica (la decencia, la honestidad, lo justo, la
amabilidad, la razón…), resaltara en un ambiente de carnicerías salvajes.
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| Aquí, a hierro, el FIN, sin pretextos |
También imagino que es por mostrarnos un
compendio de horrores y privaciones que reemplazarías nuestras presentes
comodidades y que, por muy cálido que sea el ardor bélico que dispare nuestro
pulso en ese instante, mejor hallamos una solución menos radical al problema,
pues lo que se perdería sería dolorosamente irremplazable.
Habrá asimismo interés monetario en el
asunto, pues aun mirando de refilón nuestra producción literaria, o gráfica, o
filmada, podremos apreciar cuán abultado es el índice de relatos de “después de
la bomba” y sus trágicas consecuencias.
En el Hombre anida esa morbosa/mórbida
necesidad de destruir, y lo evidencia a través de estos ‘ejemplos’, como tal
vez, es de tener presente, tales relatos son una descarga de catarsis. Veámoslo:
la ley se ha esfumado; los convencionalismos, normas y tradiciones,
desaparecen; nuevas reglas “de emergencia” las sustituyen, con castigos
draconianos (otra sed humana: el sadismo) por incumplirlas; la idea de que
cualquiera puede ser el mandamás es corriente; sólo debe demostrar
extraordinaria crueldad. Como no impera más concepto que el del más fuerte, ¡a
romper cráneos! (Cuanto más visceralmente, ¡mejor!)
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| En esta, empero, soluciones para todo |
El autor de esta “distopía” puede
trasuntar en éste o aquél tal figura y vengarse de él trasladándolo a este
ambiente de Post-Juicio Final, dándole, junto a brutal muerte, las más viles
intenciones morales o la apariencia más despreciable que justifiquen su fin.
Pero, por lo común, estos relatos no se
ajustan del todo/completamente a lo que sería una Extinción en toda regla. Los
cuentos sobre el Día Después, por inmensa que sea la desolación nuclear
inicial, tienden a relativizar la barrena de la radiación, mucho más permanente
e incisiva, el auténtico verdugo de esta catástrofe.
Es por culpa de una “educación”
‘impartida’ durante Década 50 por Administraciones norteamericanas que tanto
desconocían (voluntariamente) la secuela radiactiva como necesitaban el poder
que otorgaba el potente átomo desatado para imponerse. Este compendio de
cuentos “vive” a la sombra de esa “instrucción” y desconocimiento (como el del daño
a la capa de ozono), que no obstante tenía una partida de científicos ya
dispuestos a denunciar la locura de fabricar y almacenar dispositivos del
Armagedón Garantizado. (Y cayeron, por tanto, en desgracia.)
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| ¡Aclamad! al icono absoluto del superviviente |
Los autores contenidos en el
recopilatorio (RICHARD WILSON, CARLOS MARÍA FEDERICI, ARTHUR DEKKER SAVAGE,
ARTHUR ZERUL, ANDRÉ CARNEIRO, SERGIO SCHAAFF, DAMON KNIGHT, PHILIP K. DICK, sin
olvidar a DOMINGO SANTOS —sin parentesco—, que prologa el libro), consciente de
la debacle que servía de proscenio para sus historias, trataron, mejor, de
reflejar el pulso de la Humanidad tras el shock
termonuclear y cómo llevaba el día-a-día en tan feroz ambiente.
El grueso de textos (a destacar los de
Federici y Dick) apela a un apaño moral o social suficiente o al enfrentamiento
del hombre convertido en lobo con el hombre, “tácticos” deslizamientos sobre
las escombreras y matanza. La causa podía ser una lata de comida o un tanque de
gasolina. Tanto da. Lo importante era mostrar que nuestras pulcras normas
actuales son una capa de tenue barniz deleznable, a desaparecer con un soplo de
penalidades.
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| En Moderan, sobrevivencia mecánica |
Bueno, tampoco se precisa un desastre de
tamaña magnitud para tanto; una “corriente” algarada (no hablemos de guerra) lo
expone.
La fábula de Federici tiene la virtud de,
con sutil sarcasmo que invita a reflexionar, enseñarnos que cosas corrientes y
que damos por hechas ahora (tanto, que hasta nos permitimos despreciarlas por
su abundancia, o inmediatez), mañana-tras-la-catástrofe serán de una valía
indiscutible, vital incluso. Y, de paso, que más vale maña que fuerza. El
belicoso caudillo que relata el segmento queda impotente ante su dolor de
muelas, y pese a su tonante fuerza, precisa de alguien “más débil” para curarse.
Es la admisión de que el conocimiento derrota a la espada, pese a todo.
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| Contemplada con ironía por LEIBER |
P.K. Dick cuenta la búsqueda de un
superviviente por Norteamérica, sumida en un letal y persistente baño
radiactivo, en pos de colonias como la suya. En tanto la “Vieja Humanidad”,
refugiada en tanques, trata de llegar a mañana reciclando materiales hasta su
desgaste, la “Nueva Humanidad” de seres extremófilos reconstruye, sui géneris, entre las ruinas y en medio
de floraciones vegetales de intensos colores. El protagonista, TRENT, se siente
totalmente fuera de lugar en este mundo postnuclear.
Dick resalta que, ante la diversidad
colorista de vivaces mutaciones, Trent es gris, proviene de un mundo oscuro
(con la carga de símbolos que comporta), sin Sol, y debe viajar enfundado en un
traje de plomo, no menos gris, y reflejo de una época anterior, preñada de
miedos y violencias. Trent peregrina dentro de su coraza que es como carga de
penitencia en castigo por haber asolado un planeta hermoso y esperanzador. El
que lo reemplaza, no le quiere (le agrede con radiaciones), y tampoco le
pertenece. Debe abandonarlo. Es la continuación de la sentencia, y saberlo
aflige la moral de Trent.
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| Modesto pero potente ejemplo del tema |
Cada poco aparecen ejemplos, parábolas si
mejor queremos, sobre el Fin y cómo sería después. Confío que sigan siendo eso,
fantasías tenebrosas, y que jamás tengamos que llegar al extremo de comprobar
nuestra resistencia ante tanta adversidad. Podríamos salir a cazar y terminar
en la cazuela.
Vuestro Scriptor.
Documentación adjunta:
http://unahistoriadelafrontera.blogspot.com/2011/11/moderan-acero-mas-acero.html