martes, 15 de noviembre de 2011

MODERAN – ACERO, ¡MÁS ACERO!

Cubierta de JULIO VIVAS
para la edición española
Esta novela de DAVID R. BUNCH está viva. Júralo. Se contorsiona y retuerce entre tus manos desplegando un número de recursos tan impresionantes como es el arsenal del protagonista, FORTALEZA 10, municionado para la guerra total y eterna, según se ha dictaminado será la vida en el gran Moderan.
Exótica, exuberante, mañosa, poética, plagada de greguerías y onomatopeyas, de figuras simbólicas destinadas a recordar que el Hombre y su Conciencia no acabarán nunca muy lejos, por mucha cirugía de ‘reemplazamientos’ que medie entrambos, constituye sin duda una obra poco convencional, de culto. Durante el mayor Gozo, aparecerá ese viejo fantasma que anida dentro de cada uno y reflejará una imagen (LA imagen) al que pensaba haberse librado de ella para siempre mostrándole toda su vileza, debilidad y angustia, pese a cubrirla bajo el acero nuevo de duración ilimitada.
Moderan recopila los relatos, de distinta extensión, que Bunch fue escribiendo de 1958 a 1971, cuando aparecen en volumen único, revelador. Estamos ante otra obra que gana en riqueza y profundidad al percatarnos de que, procedente de una fecha muy anterior a la de su publicación, está saturada de aciertos, imágenes e imaginación. De predicción. Bunch plantea una efervescente distopía que pudiera ser la motriz del CYBERPUNK. Personalmente, siempre he estimado Moderan un “anti-LIMBO”, la otra distopía de BERNARD WOLFE, narración mucho más dinámica en la que, párrafo a párrafo, martillea (sí, ajá, ¡BIEN!) cada línea de la fábula de Wolfe.
LIMBO, de BERNARD WOLFE.
Siempre he creído MODERAN
la "crítica" a esta novela
En Limbo se prefiguran los ‘reemplazamientos’ que sufren los elegidos para la TIERRA DE LOS NUEVOS PROCESOS, culminando en su transformación mecánica. Músculos y órganos se extirpan y ‘reemplazan’ por eficientes máquinas de metal nuevo (la milagrosa aleación) que permiten a la Humanidad encarar la eternidad con automatismos y tiras de carne, pocas y minimizadas, con satisfacción.
Pero si en Limbo la “mecanización” busca la instauración de un orden pseudopacifista, que abomina la guerra y la violencia que han transformado el mundo en un extraño erial semiatómico (lo de siempre en obras de esa época que desconocía en profundidad las secuelas de una guerra atómica, y más como la descrita en la novela), en Moderan al Hombre se le intima a guerrear como una Máxima Contigencia para ocupar la mente y tener bien a mano brazos y martillos para machacar Machacar MACHACAR la ruda Vida y todas sus artimañas sensibleras, familia y niños incluidos.
DEATHLOK EL DEMOLEDOR (¡ahí,
nada!), otro ejemplo de cyborg, pero
muy distinto a los de BUNCH 
Moderan, la Tierra tras el aterrador estrago de LANDRY, cuando los botones de presión jodieron al mundo y dilucidó la Tercera Guerra Mundial sin vencedores ni vencidos, es una esfera de plástico que ha cubierto cuanto había antes en su totalidad. Contiene una pequeña salvedad, RUMBOVIEJO, donde la gente sigue siendo todo-carne y viven la aterradora vida de los todo-carne, cuando cada aliento (insiste INSISTE Fortaleza 10 en recordar) era una amenaza cargada de todo tipo de muertes.
Posee una determinada organización política y social que debe llamarnos la atención, porque, en la máxima cumbre de sus conquistas científicas, invitan al ciudadano a ser absolutamente malvado con sus semejantes, no a evolucionar en lo moral o lo ético. El negocio de Moderan es la guerra, y Fortaleza 10 es su mejor ejecutivo.
Los autores de Moderan, rehuyendo la hipocresía, han comprendido que la auténtica naturaleza del Hombre es la contienda y lo han surtido, en abundancia, de recursos para librarla sin fin-sin fin, con periodos de Tregua que aprovechan para rearmarse y reformar sus Fortalezas de once muros de acero para librar la siguiente batalla. Los no combatientes habitan viviendas de cúpula-burbuja (que parece guiño a la arquitectura de BUCKMINSTER FULLER) y tratan de sobrevivir al margen de los combates ideando modo de soportar (pues de eso se trata) la inmortalidad.
PETER WELLER como ROBOCOP (o ALEX MURPHY);
¡ajá! Este se acerca más a los moderanos, con pocas y
minimizadas tiras de carne y masivos-lentos de paso
El Sueño moderano, delineado para resistir siempre, en cambio no tiene la durabilidad que sus Constructores le estimaron. Posee fecha de caducidad, pese a que Fortaleza 10 y sus ruindades constantemente intenten negarlo. Él mismo, el multicondecorado y temido, envidiado-y-odiado, se percata tras unas décadas de que la vida en la tierra de los Nuevos Procesos no tiene objeto. Por todas partes empiezan a aparecer imágenes que anuncian, si no el fin, sí la falacia del Sueño.
Pero siguen aferrados a los automatismos, las guerras, las amantes de metal nuevo con interruptor incorporado, los escudos de vapor (cada mes el cielo tiene un color distinto) y otras tantas triquiñuelas que no rinden ya ni un mínimo-nimio beneficio al ciudadano moderano, por muchos bosques de hojalata y pájaros irisados mecánicos que planeen en los altos cielos y todos los vientos del ancho Moderan.
ARNOLD 'TERMINATOR' SCHWARZENEGGER, otro muy
popular cyborg, pero muy distanciado de los de Moderan,
al menos, en lo físico. En lo destructivo...
Bunch, mediante las especulaciones del antaño comandante de los BANGS, surtidas en abundancia, trata de analizar tanto nuestra moral como los aterradores abismos que se abren ante un inmortal. Oh, sí, Fortaleza 10 se jacta de esto, aquello y lo otro; se arroga, desde el corazón de su Fortaleza (10), de haber pateado con sus botas de acero nuevo la cara tanto al Tiempo como a Dios (Bunch, en ciertos capítulos, más que de ateo, se pinta de apóstata, pero en otros agradece el predio divino, y que Éste esté de nuestra parte, ajá, SÍ); se magnifica sabiéndose imperecedero y rabiosamente armado para afrontar la vida moderana.
Portada de la que parece la obra
originalmente publicada; demasiado
"bonita", alegórica. Muy estilizados
Pero luego, LUEGO, en ESOS MOMENTOS de introspección, vacila; duda; teme. Lo acosa sin cesar CESAR el recuerdo de su conciencia y la moral. Es un espectro recurrente que lo visita bajo distintas apariencias y lo deja turbado a su paso. Creía, al haber quedado reducido a la mínima expresión como persona (las tiras de carne) que en algún momento los Doctores que le hicieron ver y sentir sin anestesia cómo renacía para Moderan, cortaron el tejido donde reposaba su alma y, por tanto, la moral y los remordimientos. Pero ¡aun así siguen VISITÁNDOLO! Ni porque las autoridades le premien por sus altos actos de vileza y los anime en su Fortaleza (10), dejan de venir.
La obra de Bunch, dividida en tres secciones, parece oscilar entre la certeza de que el Hombre es un animal dañino irremediable pero que, dentro de sí, lleva la semilla de su redención, y que por mucho que trate de extirparla, ahí seguirá. Y dicha simiente, la moral, puede ser el Infierno que todos llevamos dentro.
Un malvado condenado a vivir SIEMPRE, con ese fuego quemando sus entrañas, ¿cómo podría soportarlo?
Vuestro Scriptor.

Sobre otro futuro de tiras de carne pocas y minimizadas:

http://unahistoriadelafrontera.blogspot.com/2011/05/alita-angel-de-combate-here-lies-boy.html

viernes, 11 de noviembre de 2011

THE BOONDOCK SAINTS – LOS ELEGIDOS

Otro afiche de este ingenioso filme sobre
una temática escabrosa para muchos
Del compendio de filmes de uno u otro pelaje que tratan el escabroso asunto de los justicieros urbanos, siempre he considerado esta cinta de TROY DUFFY (aspirante a médico que, tras pasar por la música, terminó realizando esta película –con notable maestría pese a ser nuevo en esas lides-), la más inteligente de todas. Sus protagonistas, los hermanos CONNOR (VERITAS) y MURPHY (AEQUITAS) MACMANUS, irlandeses bostonianos, reciben la sagrada misión de ejecutar en el mundo del crimen la Ley de Dios, que es superior a la del Hombre. La ‘santidad’ que aureola su tarea les proporcionará letales y valiosos aliados, como WILLEM “JESUCRISTO” DAFOE, que encarna al singular y fascinado PAUL SMECKER, agente del FBI.

Los Elegidos, aparte de su primera y mordaz parte cómica, que acaso sea la que la hace tan relevante, rompe con el modus operandi del vigilante (víctima de una tragedia personal, asqueado de la pasividad social, repugnado por un permisivo Sistema saturado e incapaz de saciar su humano deseo de sangre en la medida exigida) y presenta a dos individuos que, motu proprio, se echan a la espalda la tarea de emprender una cruzada contra el crimen, aceptando sus riesgos y ventajas.
Y, tras la misa, un pito. CONNOR (SEAN PATRICK
FLANNERY) y MURPHY (NORMAN REEDUS) poco
podían imaginarse cómo cambiaría su vida pronto
Los MacManus, profundamente religiosos, que no beatos, un tanto inofensivos, no obstante se ven implicados en un crimen y, después, asumen que han sido elegidos por la Más Alta Autoridad, Absolutamente Indiscutible, para ejecutar Su Ley Irrevocable. Es así como Duffy abandona el “canon” (léase: FRANK THE PUNISHER CASTLE, CHARLES PAUL KELSEY BRONSON, aun EL EX PRESO DE COREA) dotándoles del discernimiento obtenido durante la noche, pues padecen una revelación (interesante detalle, porque, como SAULO, salen de la ceguera), en la cual también son bautizados, recibiendo legitimización para emprender la labor encomendada por el mismo Dios.
PAUL SMECKER (WILLEN DAFOE) tampoco tardará en
ver sus convicciones mutadas. Lo acompañan los sufridos
detectives DOLLY, DUFFY y GREENLEY
Los MacManus se sienten vehículos, no entidades. Dios manda. Ellos obedecen. No se consideran la justicia, como ocurre en los ejemplos antes citados. Es este detalle el que diferencia (y realza) Los Elegidos de otras obras (en papel, o filmadas) de este estilo. Sus “rivales” sufren un terrible estigma que les desarrolla un súbito y preclaro instinto, el que sólo ellos pueden arreglar la cosa, exclusivamente (con alguna eventual recaída que cuestiona sus actos, pero enseguida vuelven al “redil”), y deben actuar sin demora.

Más que una revelación, en esta secuencia se produce una
conversión. Escena cargada de sigul
Tampoco Los Elegidos puede escapar a su aire de tebeo tipo GARTH ENNIS, y los elementos que lo delatan pueden ser el “uniforme” de ambos hermanos, los tatuajes y rosarios que son como sus emblemas; sus marcados caracteres; el que uno de ellos se arroje, desde un sexto piso, para salvar al otro, flameando su albornoz como una cutre capa de BATMAN; su casa, un émulo ruinoso de la FORTALEZA DE LA SOLEDAD… Otro detalle que reafirma su decidida inspiración en el cómic la ratifica cómo IL DUCE (BILLY CONNOLLY) sale a escena: forrado de pistolas, en cantidad hasta aparatosa.

La extremaunción estilo "LOS SANTOS"; la mafia rusa
empieza siendo su objetivo
Este personaje, que resulta ser el padre de los MacManus, acapara también un puñado de tics gráficos. Nos recuerda a Castle en su etapa entre rejas (donde tiene sus roces con PUZZLE, ese villano de la cara tajada de forma tan macabra –visto en la última peli de The Punisher-), y luego en su edad, madura, y su carácter cerrado, sombrío, huraño, que le hace parecer un reverso de ALFRED (el de Batman), pero con malas pulgas. Es además autor de un lema poético que sirve de contraseña y le impide ejecutar a sus iluminados vástagos. El mismo modo como es presentado (la audiencia de la libertad condicional) es el primer aviso sobre su inspiración ilustrada.

Dos personajes más (aparte del sufrido trío de policías) concitan interés; el principal es Smecker, tanto por lo exuberante de su (también un tanto estridente) carácter como por su complejidad. Como agente del FBI lo asquea el Sistema (lleno de agujeros), pero no tiene la fuerza de voluntad para desobedecerlo y se empeña en cumplir sus leyes (porque, fuera de ellas, ¿qué hay?), envidiando empero la fe y determinación de los MacManus, LOS SANTOS, como los denomina la prensa, adjudicándoles aureola de superhéroes (en el epílogo se les junta con Batman y SUPERMAN). También intuimos que repudia su propia sexualidad (da muestras en varias ocasiones) pero tampoco logra zafarse de ella. Es revelador que empiece a ver la luz tras salir del confesionario.

ROCCO (DAVID DELLA ROCO) echa unas risas con
los que serán sus futuros compañeros 'vengadores'
en una cinta eminentemente misógina y no falta de
sentido del humor

El otro personaje es ROCCO, (DAVID DELLA ROCCO), el astroso mensajero de la Mafia y gran amigo de los MacManus. A modo, obtiene sus minutos de gloria, sobre todo en el bar donde ejecuta a los hampones. Con Rocco, curiosamente, las cosas en Los Elegidos no terminan de separarse de su vis cómica, hasta que PAPPA JOE YAKAVETTA (CARLO ROTA) le asesina, momento en que nos damos cuenta de cuán serio es todo.

Es una lástima que una película tan astuta, una parábola/catarsis en la que Duffy niega a sus protagonistas la decisión final, al contrario que sus homólogos del cómic, el cine o el PULP, individualistas inflexibles e implacables, máquinas de inexpugnable criterio razonado, quedando la autorización de ejecutar en un Ser Superior, pasara meteóricamente por los cines. Por lo que fuera, careció de atractivos para llamar la atención del espectador. Sin embargo, repito, quizás sea la mejor cinta sobre vigilantes jamás filmada (pues emplea la violencia como vehículo, no como un fin que tape deficiencias de dirección o de guión), inteligente, divertida, polémica, elegante. Lo demuestra la pregunta que hace Connor a Il Duce: ¿hasta dónde vamos a llegar? Kelsey, Castle, no la harían. Matarían a destajo hasta el Juicio Final.

Ya comandados por IL DUCE (BILLY CONNOLLY),
padre de Los Santos, se convertirán en un flagelo
para el mundo del hampa sin igual
Alguien, empero, siguió teniendo fe en los MacManus, pues regresaron para seguir ajustando las cuentas a quienes lo merecían. Y, tal como termina la secuela, quizás pronto regresen a la pantalla de plata.

Y, apelando a Dios, Duffy sacó, de forma ingeniosa, del atolladero ético a sus personajes, evitándoles plantearse si un individuo, voluntariamente, debe o no ejecutar criminales. Castle no lo duda. RORSCHACH (Duffy hace mención a KITTY GENOVESE en la película) tampoco. Los MacManus, en cambio, hacen lo que les mandan.

Vuestro Scriptor.

Cartel de la secuela; mantiene el
espíritu, con ligeras estridencias
Sobre otros vigilantes:

martes, 8 de noviembre de 2011

EL VERDUGO # 4 – INFIERNO EN MIAMI

Cubierta del pulp comentado; obra
de GIL COHEN. Lo sé, es el cuatro
En esta entrega de la encarnizada guerra de MACK BOLAN contra el titánico ente de la Mafia se atisba una fisura en la determinación del guerrillero urbano sobre la pureza de su cruzada. Hasta ahora, fue sembrando las páginas de este serial PULP de cadáveres de gente a la que arrebató todo sentido de humanidad para, por tanto, dispararles, o quemarlos vivos, o degollarlos, sin posteriores remordimientos.
La Mafia pegó primero, infligiendo al linaje Bolan una grave injuria. Por lo tanto, el Verdugo se va a encargar de retribuirles ese daño aumentado mil veces. De momento, siguió esa senda, ciñéndose a sus márgenes. Refuerza su parecer el que el hampa extendió a todos los ámbitos sus tentáculos y sus numerosas víctimas abalan, merced a su sufrimiento, las acciones del expeditivo ex sargento.
Pero en Miami sucede algo que le hace ver que su guerra tiene secuelas y consecuencias indeseables. En ningún momento, no obstante, se ha detenido a considerar que sus enemigos, a su vez, posean familia y que, matándolos, esté procediendo como los hampones que extermina, causando el crimen que a él le ha obligado a emprender esta terrible vida.
El muy satisfecho autor, DON
PENDLETON
DON PENDLETON trata tanto a la Mafia, como a la policía, como organismos con elementos sensibles a la presión pero en realidad apenas muy distintos de los edificios que el Verdugo destruye en sus berrinches vindicativos. Este tomo cuatro además demuestra que la policía es incapaz de enfrentar a un elemento revolucionario como es Mack Bolan. Sus técnicas bélicas de combate les superan. Bolan es el siglo XXI.
Pendleton caracteriza al oficial JOHN HANNON como un hombre dedicado y feroz cumplidor de la ley al que escandaliza que el FBI le pida a su Brigada Dade que dejen a Bolan masacrar cuantos mafiosos quiera. El Verdugo conoce las fronteras y no las traspasará, insinúan al policía. A lo que replica que quién es Bolan para marcar límites y qué pasará si se los salta. Al FBI le importa una higa el tema; Bolan sanea América. Y, ¿no fue uno de sus agentes, LEO TURRIN, quien como infiltrado prostituyó a la hermana (difunta) de Bolan?
Una curiosidad: MACK BOLAN, THE
EXECUTIONER, en cómic. ¿Los
veremos alguna vez por España?
Esta injuria, curiosamente, se le ha “olvidado” a El Verdugo. Difiere la furia por esa canallada acabando con tripudos sicilianos, gánsters estereotipados por la TV o el cine, gente mala, desde luego, que bajo el poderoso rifle de francotirador de Bolan pagan todas sus culpas (con lo que, de este modo, Pendleton induce en el público sensación de catarsis; Bolan aniquila al delincuente que pudo atracar al lector; ergo: así sanciona a El Verdugo).
Pero, en cambio, en sus momentos de intimidad, cuando Pendleton decide mostrarnos lo moralmente asqueado que está Bolan, humanizándole ante sus acciones expeditivas, el justiciero sigue sin establecer los contactos adecuados para evocar aquella injusticia.
No se plantea: Conforme, el cáncer a extirpar es la Mafia, fuente del Mal. El Gobierno está obligado a reprimirlo. Pero lo hace actuando como el hampa. ¿Y la diferencia moral? ¿Lo que asegura que somos los buenos? Turrin, como padre de familia, como agente de la ley que abomina de esos negocios, ¿cómo puede prostituir jóvenes como mi hermana? En esos momentos (imaginémoslo así) Bolan no se levanta de su asiento en un cuarto de hotel en penumbras y da una calada reflexiva a su Pall Mall, frunciendo el ceño, abrigando siniestras ideas.
EL MERCADER DE LA MUERTE,
un PULP que, infiero, estaba en la
estela emprendida por Bolan
El Gobierno no tiene inconveniente en malear a mi hermana. La sacrifica (porque si la pillan en una redada, la empapelan; Turrin no intervendrá para aislar a esa gente de la ficha policial; quedará enmarronada) por mor de un nebuloso bien supuestamente superior que luego los tribunales no materializan, porque el procedimiento tiene kilómetros de papeleos, abogados y recursos.
Bolan nunca pondera esto. Manosear sus armas, atacar con intrepidez fortalezas del hampa, esparcir seseras con regusto italiano por las paredes, es una excusa tras la que se pertrecha evitando pensar en qué títere es. Se deja enredar en los tejemanejes de HAROLD BROGNOLA, el superior de Turrin, que ve en El Verdugo un ejecutor del estado que aniquile a quienes usan los recursos legales para quedar impunes.
La marioneta Bolan, en estas páginas, acaba aceptando el regalo envenenado que le proporciona Brognola, “facultándole” para exterminar mafiosos en ultramar. Pero al lector (al menos, a mí) empieza a planteársele ya preguntas de esta o parecida índole. ¿Tan tonto es Bolan?
Y, vaya, este sí que no puede negar
sus 'raíces'. THE ENFORCER: pues
N(i)P(uta)I(dea), macho
Con Infierno en Miami, Pendleton intenta dar un relieve más profundo a las andanzas de El Verdugo. Hasta ahora la masacre de indeseables funcionaba, pero el gusto de matar por matar pronto pierde atractivo. Por lo tanto, en esta aventura, Bolan conoce a unos guerrilleros anticastristas (¿serán cabrones? ¡Oponerse a los CASTRO! Con el paraíso comunista que han construido en Cuba, donde hay abundancia y libertad para todos), con cuya causa se implica (¿no iba a hacerlo? La bendita revolución, ¿no se surtía del tráfico de drogas?), pensando en echar al tirano en poco tiempo. Este gesto muestra la ingenuidad de la época, pues la Historia ha demostrado cómo la Comunidad Internacional Democrática cuida de sus déspotas.
Pero es la muerte de MARGARITA, una guerrillera con la que Bolan comparte “roce”, salvajemente torturada, la que introduce la esquirla de duda en él, admitiendo los daños colaterales de su lucha. Hannon tiene razón: se le fue la mano.
Y otro más. Este parece cruzado
mejor con RAMBO. En todo caso:
material incógnito para nosotros y
que pudiera llegar a interesarnos.
Según parece, el pulp en España
empieza y termina en CONAN
La presencia de los sicarios mafiosos HERMANOS TALLIFERO aportan una dimensión de continuidad a la saga. Implacables e indistinguibles, los Tallifero se perfilan como supervillanos que darán futuro enfrentamiento con Bolan, destinado a ser épico.
Como siempre, Pendleton ofrece un dinámico relato donde las palabras están escogidas para, en su concisión, ser ampliamente descriptivas, resonantes. De nuevo, el “poderoso” llena el párrafo, y más cuando Bolan empuña el arma. El final quizás se nota precipitado, chapucero. Por otra parte, destruir el crucero Merry Drew pone en un serio aprieto moral a Bolan, pues lo muestra asesino tanto de mafiosos como de los que, inocentes, siendo meros empleados, les acompañan. El Verdugo se luce, ¿eh?
Vuestro Scriptor.

Documentación adjunta:

viernes, 4 de noviembre de 2011

THE CROW – VIOLENCIA PREMEDITADA

Atravesando, real y metafóricamente,
las puertas de la eternidad
En la película, que se puede antojar como un borrador de la tenebrosa DARK CITY, esto está claro; es manifiesto: ERIC DRAVEN, un inspirado BRANDON LEE (en paz descanse), renueva la imagen de ORFEO, quien asciende al Infierno de la Tierra (la cavernosa ciudad en llamas) tras seducir a CAN CERBERO (el cuervo). Su venganza es el trámite que negocia con HADES para que EURÍDICE (SHELLY –SOFIA SHINAS-) se reúna con él. El que Eric pertenezca a un grupo musical de siniestros (“góticos” hoy día, ¿no?) es la pista valiosa que permite establecer esta teoría, la de que The Crow, al menos en su versión para la pantalla de plata, es nueva versión de la fábula mitológica griega de Orfeo y Eurídice.
Sin ánimo de barrenar mucho, cosa que agradecerán los lectores de este blog que consideran que tengo ‘vervorea’, me referiré pues someramente a la adaptación al cine del “mito gráfico” de JAMES O´BARR que editó en una editorial “de segunda”, lo cual le permitía dibujar las pasadas que El Cuervo del tebeo perpetra en sus planchas, como mutilarse o hincharse a sobredosis.
Fotograma urbano de la caldeada NOCHE DEL DIABLO,
escenario óptomo para esta venganza sepulcral
Y también solicito la venia del paciente lector para que, todos juntos, nos neguemos a admitir la existencia de “segundas partes”, material en verdad espurio, tanto en papel como en cine, porque, seamos honestos, vayamos al grano, reconozcámoslo, reiterar en la estructura de The Crow (el asesinato por-que-sí, y la resurrección retributiva) no sólo es desafortunado recurso planteado para sacarnos los “mortadelos” de nuestra cuenta corriente, aprovechando cierto “aprecio” por el personaje y su trágica fábula, sino que desvirtúa la idea.
Coherencia tras la locura nocturna: el SARGENTO
ALBRECH (ERNIE HUDSON) lo comenta con SARAH
(ROCHELLE DAVIS), de vivo recuerdo de la difunta pareja
Curiosamente, TOP DOLLAR (tenebroso e inquietante MICHAEL WINCOTT) profetiza sobre las secuelas (pues van a peor) en la reunión de los mafiosos que tan nefastas consecuencias tiene para ellos, de un modo u otro. The Crow es una única andanada, no una franquicia. Al menos, así lo considero.
Hay que reconocer que los autores del guión, DAVID J. SCHOW y JOHN SHIRLEY, en este personaje hallaron filón; lo sacaron de esa nebulosa de espasmos violentos producto de excesos de las drogas o el alcohol según lo dibujó O´Barr para darle entidad, sarcasmo, donaire, profundidad. Es un extraño amargado que ha descubierto estar saciado mucho antes de lo que esperaba vérselo, y va tirando a base de crueldades e incestos con su hermanastra, MYCA (BAY LING) para ver si, otra vez, encuentra la sal de la vida.
Indecencia de otro tipo, la protagonizada por GIDEON
(JON POLITO) y TIN TIN (LAURENCE MASON)
Top Dollar es un caudillo hampón contagiado de la teatralidad de El Cuervo (como si fuera su oscuro reflejo) aunque con estilo propio y ritual, y parece hacer más por el “amor al arte” que por el dinero en la NOCHE DEL DIABLO, Halloween, por cierto. Hasta en esto tenía que demostrar su “originalidad”, que va “por libre”.
Pero pese a sus aspavientos, es un diablo menor y comanda una tropa de tarados perversos que compensan su inmoralidad con grandes dosis de iniquidad; algunas luces demuestra tener T-BIRD (DAVIS PATRICK KELLY), aunque las funde FUNBOY (MICHAEL MASSEE), con GRANGEE (TONY TODD), la “mano derecha” de Top Dollar, haciendo de enlace entre el mundo “elegante” y casi decimonónico que su jefe parece vestir y los bajos fondos de este Detroit pavoroso de maquetas y FX digitales patrullado por su nefasta tropa.
La infame banda al completo, responsables directos de la
muerte de SHELLY y ERIC (BRANDON LEE)
ALEX PROYAS dio un bombazo con esta película y sacó al tebeo de la oscuridad de las obras de culto para sumergirlo en los escenarios, más sombríos y barrocos, de la cinta, dándole, como ocurre con Top Dollar, relieve, dimensión, renovada mítica CultuPop, procurando quitarle su apariencia de segunda fila. Porque, admitámoslo, dentro de la SERIE B del tebeo, The Crow puede ser un titán, pero difícilmente competirá con WATCHMEN o V DE VENDETTA. (The Crow está peligrosamente cerca del fanzine, aunque, ojo, esto no es un demérito per se: antaño tal formato tenía prestigio y en él se foguearon figuras actuales de la historieta, como JOHN BYRNE.)
TOP DOLLAR (MICHAEL WINCOTT) pasándolo en
grande junto a su hermana, MYCA (BAI LING). Juntos,
es tanto monta, monta tanto; a cuál más pérfido
Proyas encuadró esta tragedia con raíces mitológica en un escenario tremebundo y claustrofóbico, tan sembrado de símbolos como los que O´Barr, con los años, ha ido sumando al “texto original” de su cómic, haciendo una espectacular película falsamente “inspirada” en el cine de Hong Kong de JOHN WOO, porque los tiroteos a mansalva ya venían en el tebeo. Pero empieza a despegarse de esa “escenografía” oriental cuando Shelly, figura al final entre lo virginal y lo taumatúrgico, adquiere un papel de mayor relevancia que el que tiene en la historieta; es su labor, como concienciada abogada, lo que provoca tanto su muerte como la de Eric.
EL CUERVO en lo suyo: el martirio de varios calibres; en
este sentido, The Crow no es nada timorata
Los responsables de The Crow centran más la trama de O´Barr en los secundarios (el policía caído en desgracia encarnado por el ex CAZAFANTASMAS ERNIE HUDSON, como el SARGENTO ALBRECH, o la chica, SARAH –ROCHELLE DAVIS-, o incluso su madre) evitando la dispersión que el autor fue dando a su obra con las “actualizaciones” sucesivas de páginas oníricas añadidas, y, finalmente, la racionalizan dándole causas y efectos comerciales. A Top Dollar, un caciquillo mafioso que posee oscuros negocios inmobiliarios, lo importuna una idealista enojosa. Y la Realidad siempre triunfa sobre el Idealismo, merced a la violencia y el ramplón sentido de la vida. Así que manda a T-Bird y sus degenerados a matar a Shelly. Eric… se interpuso.
Shelly, especie de EURÍDICE en esta fábula vindicativa,
acude a reunirse con su ORFEO; almas que al fin podrán
descansar en paz
De un fortuito suceso de maldad (como O´Barr plasma en el tebeo), Proyas y guionistas otorgan una razón “creíble” a la historia (la especulación inmobiliaria) para adaptarla al paladar americano, que acaso no digiera que el Crimen suceda espontáneamente, sin estímulos ni provocaciones previas. Es un vago sesgo pueril que permite explicar algunas conductas norteamericanas… si las juzgamos por su propaganda gráfica o cinematográfica. Las noticias cuentan otra cosa.
Y el cuervo, en muerte, une lo que los hombre separaron
en vida...
Aliviaré al lector del sufrimiento de recordarle la leyenda que aureola a The Crow, con la polémica muerte de Brandon Lee (y de quién era hijo) y su novia, la sustitución computarizada de éste en algunos planos, para mejor atraer su atención sobre el que quizás la  “precuela” de este filme pudiera ser EL JINETE PÁLIDO, de CLINT EASTWOOD. Si no, véanla y reflexionen… y luego, comparen.
Vuestro Scriptor.

martes, 1 de noviembre de 2011

THE CROW (EL CUERVO) – VIOLENCIA FORTUITA

Cubierta del número uno (de cuatro),
edición GLÉNAT a remolque del
estreno de la película homónima
El argumento de The Crow no es nuevo; trata de un clásico: la venganza. Hasta el giro que imprime el autor, JAMES O´BARR (del cual nunca más se supo, ¿no?) a su relato carece de originalidad: el resucitado justiciero. Entonces, ¿qué lo hace distinto… aparte de la película de ALEX PROYAS? Pues su grado de poesía retorcida y macabra, la alocución desde las letras de canciones, esas greguerías semioníricas, el look a lo ROBERT SMITH del protagonista, un THE CURE para la delincuencia de su escenario, Detroit.
Y también debemos apuntar el masoquismo (sobredosis incluidas) como otro elemento que distingue de otras historias similares, o con un antecedente literario, a El Cuervo (el ave-guía del/al Otro Mundo, arquetipo de deidad pero que la obra fagocitó de tal modo que lo ha transformado en el personaje y arma del relato).
The Crow es una obra absolutamente personal; O´Barr vuelca raudales de sus filias y fobias, distribuyéndolas por viñetas que discurren desde lo abigarrado y saturado (con homenaje a WILL EISNER) a la nada del espacio en blanco como fondo, donde flota un vago diseño, apenas un garabato, casual pincelada, vacío que pretende significar la inabarcable soledad y desesperación que carcome al ‘héroe’, a la vez lastre y bastidor, y con el que exterioriza las aristas de su sed de retribución.
El martirio (y, luego, muerte) de SHELLY; ERIC ya la
ha palmado; pero el Cuervo lo registra todo por él
Dentro del contexto de la obra, inquieta ver que El Cuervo (que no es ya el cándido e inofensivo ERIC, amante incondicional de la ejemplar SHELLY) no encuentra alivio proporcionando tormento y aflicción a sus asesinos, quienes lo han mantenido impaciente con sus fechorías dentro de su tumba un largo año, anhelando saltar de ella para vengarse: él mismo se corta y apuñala, traza símbolos en su carne con navajas afiladas, dibuja en las paredes con su sangre y se flagela con cristales y mampostería, bullendo de ira por no poder canalizarla toda hacia los responsables de su estado.
El otrora inofensivo Eric resucita como El Cuervo; y a la
guerra, como a la venganza, no puedes ir desarmado
La primera lectura causa cierta confusión; comparativamente, no imagino al lacónico y desalmado FRANK THE PUNISHER CASTLE dándose de cabezazos contra las paredes, o clavándose una bayoneta en el vientre, llevado por un enfermizo extremo de dolor pasional: él hace sufrir a otros la acidez que lo corroe. Repasos sucesivos a The Crow amargan el relato por tales demostraciones de malsana ansia de martirio. ¿Acaso El Cuervo aspiraba al Cielo a través del dolor? ¡Qué supremo católico! ¡Que lo canonicen YA!, pues conoce el camino que viene desde el Más Allá y las rugosidades de la senda de la resurrección, dándonos una “guía” de cómo seguirlo. Es la patente prueba de que la vía que lleva al Templo de la Virtud es en verdad tortuosa, con tormento a cada palmo de su recorrido.
Imagen promocional (o sea, más añadidos; O´
Barr parece incapaz de crear algo más); muestra
el latente masoquismo de El Cuervo... y vaya
posturita, amigo...
Y O´Barr le brinda, una edición tras otra, nuevos elementos con los que herirse y flagelarse, cada vez más líricos y estilizados, sí, pero no por eso menos desagradables.
Es tentador, al margen de reconocer la influencia gráfica de GRAHAM INGELLS o BERNIE WRIGTHSON en esta historieta, ver el mito de ORFERO y EURÍDICE como un soporte que O´Barr revitaliza en estas planchas. Aduzco que O´Barr se ajusta a esta leyenda poque su personaje se marca unos pasos de ballet y danza a través del caos que origina, siendo el baile remedo de la canción de Orfeo para conmover a HADES, y absorbe balas declamando su simbólica poesía, así como los comentarios y observaciones sin casta que regala junto con proyectiles Magnum.
Y no creo que haya nadie tan audaz de afirmar que el drama de Eric y Shelly es expósito del de LOS AMANTES DE TERUEL o ROMEO Y JULIETA, ¿verdad?, y más con los detalles que acabo de dar. Pero, bueno, la opinión es libre (sólo esperamos que también sea coherente).
Entre venganzas, El Cuervo danza
con la Muerte
El vibrante concepto del “amor inmortal” donde El Cuervo se ahoga (más que moverse), su glorioso éxtasis malogrado con estas trágicas consecuencias y padecimientos, es una añagaza más que emplea O´Barr para realzar un relato esgrafiado con técnica casi amateur, conmover al lector y hacerle más digerible los puntos masoquistas del relato. Esto de la historia de amor funciona, además, muy bien en taquilla (TITANIC).
O´Barr destina tanto, o casi más, espacio al romance truncado y sus muestras de arrebatada pasión que a la venganza de Eric, estableciendo un binomio dramático, mitológico o histórico: el amor y la muerte como consecuencias o sucesos correlativos. Cuanto mayor la pasión (que no es igual al amor) más brutalmente se destruye al asesino (MAD MAX).
O´Barr eleva su relato sobre la tragedia que esgrime The Punisher para castigar: el asesinato de Eric y Shelly recibe toda esa bestial vejación y luego la muerte estremece y emociona. Es algo intrínsecamente cercano y real, comidilla de los noticiarios. Esas páginas son un potente reflejo de la vileza humana (otra pasión en contrapunto al amor-sin-fin que se profesa la pareja) y que establece otra parábola: la de que el Mal prevalece sobre todo. Los asesinos de Eric y Shelly, caníbales entrópicos, Jinetes Salvajes de la Segunda Ley de la Termodinámica, son heraldos de la fuerza definitiva que domina el Cosmos. Cuanto hace Eric fuera de su tumba no pretende equilibrar la balanza. Tampoco enmendará nada; no ofrece esperanza, salvación o redención. Va a lo suyo, como hicieron esos criminales aquél atardecer, y el mundo seguirá girando lleno de inmundicia y mezquindad después de todo esto.
El martirio y el sigul, siempre presentes en estas
viñetas; aquí, la peña culpable de la muerte de
Eric y Shelly, y algunos compis más
La etiqueta “esta historia es de un terror incomparable” suele aplicarse a ciertas historias muy a la ligera. En mi opinión, el TERROR (pago hipoteca aparte) es lo que cuenta el telediario, no esos abstractos monstruos del cine. Lo que O´Barr dibuja con el asesinato de Eric y Shelly el día más feliz de sus vidas, el implacable toque de los bajos instintos, la maldad intrínseca del Hombre empujando cruelmente a la fosa, destruyendo vidas con cuchillos y pistolas, no con fauces y colmillos, garras de uñas sucias y astilladas, ni con zarpas putrefactas de entes cubiertos de vermes, sí induce pánico. Lo otro…
Vuestro Scriptor.
Documentación adjunta:
El guitarrista/mártir/cristo que regresó del Huerco.
En la Vida, tenía asuntos pendientes (compárese
este fotograma con la última página incluida en
el comentario; nótense sus coincidencias)

viernes, 28 de octubre de 2011

DEATH RACE – EL ROCK DE LA CÁRCEL

Afiche de un filme que no logra superar
a su más económico original
Empiezo a sospechar que PAUL W. S. ANDERSON en realidad pretendía adaptar EL FUGITIVO, de STEPHEN KING, más que realizar el remake de LA CARRERA DE LA MUERTE DEL AÑO 2000, de su tocayo PAUL BARTEL, basada en el cuento de IB MELCHIOR. El conjunto de elementos esgrimidos para que el espectador simpatice con JENSEN AMES (JASON STRATHAN) apoyan esta intuición.
Así, el protagonista, un hierático ‘cachas’ absolutamente refractario, se convierte en un inesperado luchador contra un orden social brutal e injusto que ha laminado la mayoría de los derechos civiles y laborales, sacrificados por mor de una “Pax Corporativa” que ahora gestiona un mundo en bancarrota, económica y moral, víctima de una salvaje crisis como la presente. Jensen pasa de implicarse en algo turbulento o político (sugiere su diálogo con su esposa, SUZY –JANAYA STEPHENS-), pero en la fábrica, cuando llegan los maderos para dar caña, reparte estopa como un CONAN EL SINDICALISTA del mejor pelaje.
No lo olvides, hijo: la pasma es el enemigo, y más cuando
se trata de golpear a trabajadores
El BEN RICHARDS de la novela de King tenía semejante traza hasta que una situación límite lo empuja a otra extrema: apuesta su vida en el perverso espectáculo de El Fugitivo, cuya inhumanidad, como la Death Race, se la bufa a AMNISTÍA INTERNACIONAL. Richards es un ‘antisocial’ que pasa de relacionarse con nadie porque tiene mal carácter y tal. Le resbala la actualidad y la trapacería política; quizás porque su cultura le permite comprender que no puede hacer nada para cambiarlo. Peleará contra un tremebundo monolito inamovible e inconmensurable que se mofará de los golpes de Richards, seguro en su inmutabilidad.
JOAN ALLEN es la alcaidesa de TERMINAL ISLAND,
HENNESSEY, y encuentra una excelente argumento para
convertir a JENSEN (JASON STATHAM) en su nuevo
FRANKENSTEIN, ídolo de masas 'incontables'
Su mundo es un estofado de vapores cancerígenos. El de Jensen empieza a serlo, aunque más nos persuade Anderson, responsable del guión, de que la carcoma es más de índole social (la mutilación de derechos) que respiratoria.
Jensen vive al margen, pero una situación límite lo implica en lo más extremo y ante un violento piélago de dificultades sale victorioso imponiendo su propia vehemencia. Es el hombre tranquilo fastidiado en exceso. Y ahora lo van a pagar.
¡Empieza el espectáculo! Fría satisfacción de Hennessey y
ULRICH (JASON CLARKE). Esa máscara... ¿representa al
ídolo que se supone es Frankenstein?
Death Race no es mala película… ignorando su antecesora. Filmada con brío y sentido del espectáculo, se resiente en algunos aspectos, pero ¿qué obra humana es perfecta? Anderson sabe situar la cámara allá donde mejor rendimiento brinda; se aprovecha de ciertos golpes de efecto (como las cascadas de cartuchos quemados, cosa digna del THE MATRIX de los HERMANOS WACHOWSKI) y tiene instinto para la épica. Sus personajes, empero, son planos, con un fondo mínimo-nimio, lo justo de afectuosos para no provocar rechazo al espectador.
TYRESE GIBSON es MACHINE GUN JOE; en teoría, con
la filosofía de Sólo puede quedar uno. Aquí, echándole
huevos a Ulrich
Más que personajes, Anderson parece trabajar con estereotipos: HENNESEY (JOAN ALLEN) y su mano derecha, ULRICH (JASON CLARKE), son malos-sádicos porque toca; no es su auténtica naturaleza. Vienen a ser el DONALD SUTHERLAND de ENCERRADO (la de SYLVESTER STALLONE) de este drama carcelario sui géneris que es Death Race.
TERMINAL ISLAD, sede/prisión de la carrera, es un vertedero; todo lo peor, lo más despiadado y tatuado del mundo, vive tras sus rejas. También estos reclusos reciben un tratamiento que podría definirse “de tebeo”. Tienen un metraje determinado y en función a estereotipos que hacen girar las ruedas de sus bólidos blindados y la bobina de la película en la cabina de proyección.
Y, para hacernos bonita la competición, introducen
elemento femenino curvilíneo: NATALIE MARTINEZ,
como CASE, copiloto de Frankenstein
Cuando comparamos original con remake, Death Race empieza a flojear. Se comenta que el filme está ‘contaminado’ por la “mano” de TOM CRUISE (el Papa dianético); es un extremo que no he podido verificar, pero de ser cierto, bien que ha mutilado el espíritu de la obra. Tanto que, en un mundo mucho más liberal que el de Bartel, donde ciertas cosas pueden decirse con mayor rotundidad y libertad, Anderson enmudece la producción. Hasta la hace sexista.
En la original, había dos corredoras y tres pilotos (NERO, EL HÉROE, se fue a hacer puñetas enseguida; ergo dejó la carrera en manos “paritarias”). En Death Race, aun sin desnudarse como en la original, las copilotos son mera mercancía de exhibición, contoneo rap de caderas, como la copiloto de este “remozado” FRANKENSTEIN (sin leyenda, sin aureola) demuestra (NATALIE MARTÍNEZ como CASE).
Trepidantes secuencias de acción rebosa este filme, eso no
se le puede negar. Acaso su cénit se encuentren en la
desesperada necesidad de sobrevivir al camión-fortaleza
Bartel no tenía dinero para tantas violencias como Anderson, pero las suplió con argumento, discurso, iconos con carisma, apasionados. Anderson difiere el protagonismo de los actores a las máquinas. Concretamente, a los potentes tiroteos que fecundan la cinta. ¿Ejemplo? El camión-fortaleza que Hennessey saca en el segundo día de la competición.
Este recurso atenta contra el mismo sentido de la carrera: se trata de ver matarse a un puñado de psicópatas al volante de armerías rodantes porque eso inflama las meninges de las conexiones de internet que enriquecen al negocio, ¿no? En cambio, en pocos momentos, el camión-fortaleza se apiola al grueso de participantes. ¡Hala! ¡Me cargado el negocio! ¿Qué dirán ahora mis jefes? A Hennessey y su cara de estreñida le da igual. No le importa matar a su “gallina de los huevos de oro”: Frankenstein, el inmortal, el que anima el espectáculo. ¿Cómo piensa energizarlo después, si Frankenstein es su piedra angular?
Cuarteto de triunfadores donde resalta IAN MCSHANE
como COACH, recluso y jefe de mecánicos, confidente de
Frankenstein, sea el que sea quien lleve la máscara
En la original, la rivalidad Frankenstein (DAVID CARRADINE)/MACHINE GUN JOE VITERBO (Stallone) era cosa aun tangible. En Death Race, este Machine Gun (TYRESE GIBSON) expresa un deseo de triunfo insincero, sin garra. Tengo que ganar porque lo dice el guión, tío. No quiero vencer porque algo me quema las tripas. Stallone estaba enfermo de envidia y celos. Este Machine Gun está. Sólo está.
A destacar la interpretación de IAN MCSHANE como COACH, el recluso veterano que logra tener suficiente respeto conseguido como para que nadie quiera matarlo. Su sabiduría lo hace el único humano de la cinta, porque Statham parece de teflón. Sólo casi a la mitad de la película recuerda que tiene una hija y, a modo, le preocupa. Entre tanto, fue un estoico mohai al que los carceleros propinan una paliza de bienvenida.
Las máquinas son más importantes aún que los personajes
en esta película, como se ve en esta imagen promocional
La cortedad de Death Race se mide tanto en el escenario donde transcurre como en la carencia de impacto en la población. Mencionan millones de conexiones vía internet, pero en las calles, y al contrario de El Fugitivo o la otra Carrera de la Muerte, nadie habla de esta carcelaria competición, enésimo refrito del Coliseo romano.
Vuestro Scriptor.

Documentación adjunta: