lunes, 5 de enero de 2026

LA HERMANDAD DE LAS ESPADAS — ABRUMADORA CATARATA DE NADERÍAS

 

Hay más acción en la portada que en
toda la novela, plagada de insinuaciones
de batallas; sólo insinuaciones

Y estoy refiriéndome, ¡nada menos!, que a una celebrada obra de uno de mis predilectos, FRITZ LEIBER, que hace una exhaustiva incursión en el Sword againts Sorcery, enriquecida con su erudita prosa. Es uno de los escasos atractivos de este recopilatorio. Impregnado de sutil ironía, desmitifica al bárbaro característico, CONAN, un codicioso vagabundo sanguinario y salteador de caminos dispuesto a perpetrar alguna violación…, con el pláceme de la víctima. Adoba la situación un elemento místico/sobrenatural que deja una cicatriz al melenudo antihéroe ataviado con un apelmazado taparrabos velludo.

He quedado harto decepcionado (y estresado) leyendo esta novela de los famosos personajes de Leiber, FAFHRD y EL RATONERO GRIS, quienes replican la estela de Conan: ladrones errantes enfrentados a letales encuentros sobrenaturales/naturales que empero en este ciclo vital valoran ya una cómoda jubilación. Han encontrado un apartadero para retirarse a su gusto: la Isla de la Escarcha, y allí planifican su ingreso al reino de las leyendas… aunque les acechan varias peligrosas andanzas: viejos enemigos y resentidos dioses exigen su libra de carne para compensar las ofensas.

Este es el planteamiento general de una obra llena de exóticos nombres y escenarios aún más provocadores para la imaginación, inmersos en la niebla y la distancia, sometida a un brujeril matriarcado excluido e inédito de otras historias de este corte.

FRITZ LEIBER en cualquiera de sus
papeles; siembra estos relatos de mucho
teatro; lo percibes enseguida

En sustancia, quitándole la elaborada prosopopeya de teatro isabelino que impregna estos párrafos (recordad: Leiber fue actor), así como el ritmo general de los relatos que imita alguna comedia del BARDO, La Hermandad de las Espadas puede quedarse en un libro de cien páginas máximo. Mas Leiber retuerce y adorna los textos sin necesidad.

Si esto fuese Estados Unidos, podría haber demandado a Martínez Roca por el engañoso título del libro: no sale una puñetera espada en estas historias. Tres o cuatro facas, y va usted servido. El título (distinto en anglo) alude a eso: conflicto contra sobrenaturales fuerzas y sus esbirros, masacrados por los dos audaces a base de machetazos o mandobles. Y tú, lector despistado, compras el libro seducido por estos tres elementos: es Leiber; es fantasía-espada; es la reputación de los bribones, consagrados en la Fantasía como Grandes del Sword and Sorcery (Conan, ELRIC, CORUM…).

No hay espadas, ni terribles duelos, pese a la magnitud de los enemigos, sólo una colosal descarga de naderías que envuelven las situaciones con tal cantidad de velos que debes ir desgarrando para verle la sustancia a esto. Asombra cómo Leiber emplea su conocido talento narrativo para eso: estresarte en el esfuerzo de llegar a ver alguna cosa clara.

Si su intención era apartarse del canon instaurado por Conan (o hasta JOHN CARTER: ¡espadazos y monstruos arquetípicos lovecraftianos mutilados!), obtiene total éxito. No hay tensión, acción, pasión; sólo la sensación de presenciar una elaborada obra de teatro con un rico escenario de secundarios y oropeles donde el comentario de la cuarta pared es frecuente, casi incesante. Pero ¿riesgo, andanzas, espadas? Olvídalo.

Material previo a esta
Hermandad; espero sea mucho
más dinámico que el conclusivo
del libro reseñado

Leiber advierte que su obra naufragará al centrarla en esos elementos, así que introduce estimulantes anotaciones biográficas de sus personajes (que han regado los condados del mundo de Nehwon de hijos bastardos, fruto de numerosos lances románticos), remitiéndose a historias previas, que consiguen remontar el interés por el libro, fecundo en acotaciones sexuales y tórridos apuntes BDSM (y alusiones al HomoX-Lesbo).

De hecho, el extenso EL RATONERO DESCIENDE contiene un capítulo sadomaso prolijo en detalles que hacen suponer el gusto del autor por estas disciplinas. Situada la saga de Gor entre las más calenturientas al respecto, ese solo capítulo convierte en una chiquillada todo EL GUERRERO DE GOR, cuyos apuntes al respecto son burdos tópicos. Carecen del refinamiento inscrito por Leiber.

Alegre compré un libro que venía tan bien recomendado, ya he constatado, llevándome esta amarga desilusión; debería titularse, en realidad, La Hermandad de las Naderías.